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Quería explorar el mundo, un lugar estigmatizado lo conquistó, pero a los 30 algo cambió y eligió Argentina: “Era hora”
Hay personas que son exploradoras incansables durante toda su existencia, y otras, tan arraigadas, que sienten nostalgia incluso antes de emprender un viaje de fin de semana. Y están esos otros seres humanos cuyo espíritu aventurero germina en la infancia, crece en la adolescencia y se ramifica en la juventud, pero que en algún momento dejan de poner su mirada únicamente en la expansión de sus ramas para posar sus ojos en las raíces. Esa es la historia de Lucas Ulanovsky, un argentino que salió hacia la incertidumbre en su primera juventud, pero que cierto día, ya con 32 años, decidió que era tiempo de regresar a casa. Volver a una Argentina que hacía años había dejado atrás.“Pensé que quizás era hora de regresar a mi casa y construir mi futuro cerca de mi familia. Obviamente al comienzo costó porque hay que readaptarse a una realidad -tanto en el entorno personal como social- que cambió mucho mientras uno no estaba. Volver a las rutinas de antes, a reencontrarse con personas del pasado, a reconstruir todo, un desafío del que poco se habla”, dice Lucas, cuya historia exploradora comenzó en 2011 y lo llevó por un camino inesperado para la mayoría.El prejuicio de vivir en ColombiaDesde su primera juventud, a Lucas Ulanovsky le gustó explorar el mundo, sin embargo, hubo un país con el que entabló una historia diferente y, en un comienzo, llena de prejuicios: Colombia. El único contacto que Lucas había tenido con ese país era a través de las series, películas y noticieros, que reflejaban el costado negativo de un pueblo que parecía estar sometido por el negocio de la droga.Pero todo cambió en el 2011, cuando los problemas de un sistema educativo colombiano cuestionable, trajeron a una gran masa migratoria de jóvenes a la Argentina. Lucas tenía 18 y en los pasillos de la facultad los observaba extrañado, con cierto miedo, hasta que un día cruzaron las primeras palabras: “Teníamos los mismos sueños y proyectos, realmente me sorprendió la capacidad de adaptación que tenían, cómo en poco tiempo habían construido una nueva vida en otro país, cómo se habían logrado integrar pese a ser de una cultura tan diferente, y obviamente, me despertó muchísima admiración”.Luego de unos años de escuchar maravillas acerca de Colombia, de su gente, sus paisajes, su cultura, y todo aquello que no había visto en la televisión, Lucas decidió partir hacia aquella nación intrigante de vacaciones, junto a sus amigos colombianos: “Quería ver cuál era la verdadera imagen del país, pero estaba negado a visitar Medellín… ¿Qué iba a hacer allí? Si solo hay narcotráfico y violencia, pensaba”.Pero, como si fuera un juego, sus amigos terminaron llevándolo sin que lo supiera. Lo subieron a un micro y le hicieron creer que se dirigían a otra ciudad y recién a mitad de viaje le revelaron el destino. Lucas se asustó, no pudo evitar imaginar que llegaría a una ciudad en guerra: “Hasta que el bus estacionó en la terminal y vi unas montañas repletas de luces, música, alegría y diversión”, rememora emocionado.“En esos cuatro días visitando Medellín no encontré rastros de violencia, más bien descubrí una ciudad maravillosa, con un fuerte crecimiento económico y social en la última década, y con un sistema de transporte fabuloso. También fue mi primer contacto con el gran dilema que busca combatir la ciudad: la nueva cultura de una Medellín que progresa, frente a la herencia del narcotráfico de la época de Escobar”.Tras cuatro días de recorrido, Lucas quedó tan fascinado con la ciudad, que se prometió regresar, pero para vivir allí definitivamente.“Es necesario hablar de lo bueno que hay en Medellín, de las oportunidades que nos brindan a los argentinos, de que Colombia es mucho más que violencia”, asegura Lucas, quien años atrás jamás hubiera imaginado que un día viviría en un país que tan solo solía asociar con el narcotráfico.Tres meses de calles, autos y rutas para llegar de Buenos Aires a MedellínLos años pasaron y muchos creyeron que el plan de Lucas había caducado. Se graduó en publicidad, se especializó en eCommerce y marketing digital, y la vida parecía alejarlo, una y otra vez, de cualquier partida, sin embargo, el joven tenía presente su promesa. Fue en una mañana de 2019, ya con 26 años, que sintió que era su última oportunidad para lograrlo.“¿Por qué Colombia?”, le preguntaban, pero, aun a pesar del asombro, Lucas contó con el apoyo de la mayoría: “La respuesta era complicada de justificar, era difícil contradecir años de estigmatización a la ciudad, pero la decisión estaba tomada”.En agosto de 2019, el publicista argentino juntó todos sus ahorros - producto de años de trabajo-, armó un bolso, subió a su auto y viajó durante tres meses por calles, rutas y autopistas desde Buenos Aires hasta Medellín: “Esa experiencia fue maravillosa porque me permitió conocer muchísimos rincones de Argentina, Bolivia, Chile, Perú, Ecuador y, finalmente, Colombia, hasta arribar a mi nuevo hogar. Los primeros meses fueron los más complicados; tocó llegar solo con una valija, sin hogar, sin conocidos, sin trabajo, y, sobre todo, a una cultura muy diferente, en contraste con la argentina”.Las dos caras de Medellín: el deseo del progreso vs. el estancamiento en actitudes pasadasMedellín emergió hermosa y cautivante como la recordaba, no solo por su clima de “eterna primavera”, sino también por el encanto de su gente. Atravesada por una excelente red de subtes y teleféricos, Lucas reconoció una vez más el terreno por cielo y tierra, para reencontrarse con la magia de antaño, sin decepcionarse.“Se ha invertido mucho en el marketing turístico, posicionándola como una de las urbes más visitadas de Sudamérica en los últimos años. En términos de localización, también se encuentra muy favorecida, ya que se ubica muy cerca de los famosos pueblos paisas que cada día crecen más y son foco del turismo”, cuenta. “Y como dato no menor, el gobierno de Antioquía viene luchando hace varios años contra los famosos narcotours, que promueven la imagen de Pablo Escobar”.De este modo, entre entrevistas laborales y días de adaptación, Lucas pudo vislumbrar dos grandes choques culturales que lo impactaron profundamente, compuesto por quienes deseaban una transformación y progreso, y aquellos otros estancados en actitudes pasadas.“Porque la otra cara de la moneda en Medellín es la herencia de Escobar, que todavía perdura en cierta parte de la cultura paisa. Es cierto que preguntar por Escobar -como si fuera lo primero que uno reconoce de Medellín- es ofensivo y con justa razón; sin embargo, no se puede negar que existen rezagos de esa época nefasta”, observa pensativo.“La responsabilidad de esto creo que tiene varias aristas: la primera y más importante son las pocas oportunidades para estudiar de los jóvenes. Acceder a la educación universitaria promedio cuesta, al menos, 2500 USD por semestre. Por otra parte, la herencia cultural del dinero fácil que hubo en los años 80′ con el negocio de la droga, el estereotipo instalado de pandillero, sumado a un débil sistema de salud, crean un coctel explosivo que atenta contra las intenciones de una ciudad que quiere cerrar la etapa más violenta de su historia”.“Esto me ha hecho reflexionar sobre la situación en Argentina; muchas veces criticamos a nuestro país cuando en realidad tenemos tres cimientos valiosísimos: un excelente sistema de educación, como la UBA o las universidades nacionales, un sistema de salud integral, y un país donde la violencia no es moneda corriente”, agrega el argentino.“Colombia aprecia a la Argentina más que nosotros mismos”A pesar de haber arribado a Medellín colmado de incertidumbres, la nueva estabilidad no tardó en llegar a la vida del argentino. En apenas dos meses encontró vivienda, logró sentirse cómodo en su nueva ciudad y conseguir empleo como coordinador de marketing. En su camino de esfuerzos, Lucas no tardó en comprobar que su experiencia laboral, así como su estudio y especialización, le abría muchas puertas en suelo colombiano.“No puedo más que agradecer infinitamente a la ciudad y a su gente. Al argentino realmente se le aprecia y valora; la imagen de nuestro país en Colombia es muy positiva, incluso más de la que nosotros mismos tenemos sobre Argentina”, asegura el joven.“Y en otro orden de las cosas, tal vez el aspecto que más me costó fue la gastronomía”, continúa. “En la cocina colombiana podemos encontrar mayor cantidad de legumbres, arroz, y caldos, además de su increíble variedad de frutas y verduras; quizás es más parecida a las comidas centroamericanas. Al comienzo no niego que fue un poco duro adaptarme al cambio, pero rápidamente uno va descubriendo nuevas recetas y termina acostumbrándose a hábitos que incluso pueden ser más saludables”.“Un migrante argentino no es antipatriota, es un embajador que está obligado a dejar la bandera argentina lo más alto posible”Lucas Ulanovsky dejó la Argentina para cumplir una promesa: vivir en una ciudad que lo cautivó inesperadamente. Medellín emergió como su nuevo lugar en el mundo, sin embargo, el joven jamás dejó de explorar otros rincones del planeta, especialmente atraído por lo inusual, como Irán, una nación que recorrió en profundidad y que tiene su cuento aparte.Aún así, a pesar de sentirse atraído por el movimiento, un buen día algo se sintió diferente en su interior. La familia, en todo sentido, comenzó a pesar, y con ella, las raíces. Pero entonces, con el regreso, emergió una experiencia inesperada: el choque migratorio inverso.“Muchas veces hablamos de lo difícil que es emigrar, pero no de lo igual -o más complicado- que es volver. Sin embargo, gracias a la experiencia adquirida en Colombia, me he logrado reacomodar en Argentina”, asegura Lucas. “Y creo que uno de los puntos principales me dejó Colombia fue el potencial de Latinoamérica a la hora de apostar por la emigración. Muchas veces optamos por oportunidades en lugares lejanos, haciendo cosas que de pronto no haríamos en nuestro país, y juzgamos mucho la vida en América Latina”. “Y en Arge
Fuente: La Nación