Gimnasia de Mendoza armó un show de golazos para vencer a Independiente por el torneo Clausura

Independiente dio un par de brazadas más rumbo a un fondo que nadie puede asegurar a qué distancia se encuentra. Así como un 0-4 ante Atlético Tucumán le costó el puesto a Gustavo Quinteros hace apenas 18 días, una nueva goleada en contra sacudió un poco más los débiles cimientos de un edificio que se tambalea. En esta ocasión fue Gimnasia y Esgrima de Mendoza el encargado de hacer leña del árbol caído. Fue un 3 a 0 claro, contundente, incluso corto, si se tiene en cuenta la cantidad de ocasiones que tuvo el conjunto visitante para estirar las cifras durante la última media hora de partido. Un equipo de fútbol es una maquinaria delicada, sobre todo cuando no abunda el talento y resulta imprescindible ajustar las piezas para que el juego fluya por funcionamiento antes que por creatividad individual. En su segundo partido al frente del Rojo, el semidesconocido uruguayo Jádson Viera decidió tocar una de esas piezas que afectan directamente la mecánica general. Frustrado su pase al fútbol ruso, recuperó la titularidad el chileno Maximiliano Gutiérrez para ocupar la punta derecha, lo que significó la vuelta de Santiago Montiel como segundo delantero y, fundamentalmente, el traslado de Mateo Pérez Curci al banco. El movimiento tuvo dos intenciones claras: dotar de mayor agresividad al ataque y, en teoría, poner de frente al arco rival a Lautaro Millán, único volante con cierta vocación de llegada con el que cuenta el plantel (más allá de su escasa dosis de eficacia cuando pisa el área contraria). También, un riesgo evidente: reducir al mínimo las opciones de recuperación de la pelota en el medio.Lo mejor de Independiente vs. Gimnasia (M)El experimento amenazó con tener éxito en las primeras vueltas del reloj. Al minuto, Gutiérrez no llegó a rematar un centro bajo de Montiel desde la izquierda, y 60 segundos después, Josías Palais terminó con un disparo muy débil una combinación bien trabajada de una banda a la otra. En ambos casos, el VAR hubiese invalidado el posible gol por sendos fuera de juego mínimos, pero pareció que la fórmula daba resultados. Fue apenas un espejismo. En cuanto se acomodó en el campo, el Lobo mendocino (que celebró sus 118 años de vida visitando por primera vez el estadio de Bochini y Alsina) empezó a detectar la manera de jugar sus cartas. A sus 57 años, Darío Franco sabe muy bien que en ese rincón de Avellaneda la paciencia es un bien limitado, y que en la medida que el local no descubre los caminos hacia la red adversaria empiezan a acumularse los nervios. En las tribunas y sobre el césped.Ordenado de mitad de cancha hacia atrás y con la defensa achicando el campo en sentido contrario, Gimnasia le fue cerrando a Independiente las líneas de pase. Impidió la elaboración limpia por dentro, dejó sueltos alternativamente a Kevin Lomónaco y el pibe Juan Miguel Arrayago para que trasladen la pelota en la salida y quedó a la espera de que algún pase mal dado o un robo en un mano a mano le dieran la chance de lastimar de contra. Tuvo la primera la visita a los 10, tras una pérdida de Arrayago. Subió Luciano Paredes y Agustín Módica no pudo empujar el centro bajo. La segunda fue gol. En esa ocasión el fallo fue de Leonardo Godoy, armó la jugada Módica aprovechando el hueco por izquierda, prolongó Facundo Lencioni, y Esteban Fernández la colocó abajo contra el palo derecho de Rodrigo Rey.La segunda mitad fue un calco de lo que ya se había visto. El Rojo quiso apretar de entrada, pero siguió sin saber la manera de inquietar a César Rigamonti, y en cuanto tuvo opción, el Lobo le clavó los colmillos sin piedad. Volvió a perder la pelota Godoy en la transición ofensiva a los 8; otra vez no hubo oposición en la contra y Lencioni sacó un zurdazo impresionante: travesaño y adentro. Como si fuese poco, cinco minutos más tarde, Lencioni repitió la escena. Nadie lo achicó en la periferia de la medialuna, y con un disparo sutil acomodó el balón por encima de la estirada de Rey. 3-0.Desde ese momento y hasta el cierre, la hoguera encendió las tribunas. Muy pocos -Arrayago, el chico Felipe Tempone, reemplazante del goleador Gabriel Ávalos, transferido a Olimpia de Paraguay- se salvaron de los silbidos y los insultos, con especial dedicatoria para Iván Marcone y Godoy, que padeció un calvario hasta que Viera lo quitó de la cancha. El “Que se vayan todos” resonó una vez más y la sensación de desastre se sintió en cada hueco del estadio.Gimnasia festejó a lo grande su cumpleaños. Estiró su racha ganadora y se subió a la punta de su zona de manera inobjetable. Es verdad que enfrente tuvo una caricatura, un rompecabezas desarmado de lo que debería ser un equipo de fútbol.

Fuente: La Nación Deportes