La historia de Zeni comenzó en 1940, cuando Enrique Rafael Zeni fundó una empresa familiar dedicada al corretaje de granos. Con el tiempo, la firma fue diversificando sus actividades: en los años 60 incorporó la ganadería, en las décadas siguientes sumó la producción forestal y más tarde avanzó sobre la industrialización de la madera.
Hoy, la compañía de capitales nacionales trabaja sobre unas 40.000 hectáreas en Corrientes y sostiene un modelo productivo que busca integrar distintas actividades del agro.
Dentro de ese esquema, la ganadería ocupa un lugar central. Y una de sus expresiones más visibles será el próximo remate de la cabaña La Victoria de Zeni, que se realizará el 3 de septiembre en la Sociedad Rural de Curuzú Cuatiá, con la subasta a cargo de Colombo y Magliano.
“Estamos teniendo realmente muy buenas líneas de padres y abuelos y cada año estamos mostrando algo superior al anterior”, explicó Martín Rasines, al referirse a la evolución de la cabaña, ubicada en la localidad de Malvinas, en el sur correntino.
La oferta estará compuesta por 60 toros Braford y Brangus, unas 200 vaquillonas preñadas y distintos segmentos de hembras de alto valor genético, entre ellas 10 hembras premium destinadas a convertirse en donantes y 20 vaquillonas de generaciones avanzadas.
Para Rasines, uno de los principales atributos de la genética de La Victoria es que está probada dentro de los propios rodeos de la empresa. “El principal cliente de la cabaña somos nosotros mismos”, destacó. Zeni cuenta con unos 10.000 vientres en producción y utiliza anualmente reproductores propios para reponer sus planteles.
La selección tiene además un objetivo muy concreto: producir animales capaces de desenvolverse en las condiciones del nordeste argentino. “Tiene que ser algo muy precoz, muy rústico, que aguante el clima correntino, que aguante la garrapata, que sepa de climas fríos, de inundaciones y sequías y se comporte bien produciendo en esos ambientes”, señaló.
La genética se trabaja desde un núcleo de animales de pedigree, va descendiendo hacia planteles de generaciones avanzadas y finalmente hacia los rodeos de cría comerciales, donde los animales deben enfrentar durante todo el año las condiciones del ambiente.
Ese planteo también se extiende al resto del ciclo ganadero. Zeni realiza cría y recría y decide cada año, en función de los números del negocio, si termina sus animales a corral o los comercializa recriados. “El espíritu de nuestra empresa es tener un negocio integrado en ganadería”, afirmó Rasines.
Actualmente, los terneros producidos promedian entre 170 y 180 kilos, mientras que los animales que continúan la recría llegan a unos 290 kilos. Cuando ingresan al engorde, el objetivo es obtener animales de mayor peso y buena calidad, con características que permitan atender tanto al mercado interno como a la exportación.
“Apuntamos al doble propósito”, explicó Rasines. La idea es obtener un novillo que permita distribuir su producción entre los distintos destinos y cortes, combinando las necesidades del mercado interno con las oportunidades de exportación.
Pero la particularidad del modelo de Zeni no termina en la ganadería. La empresa también desarrolla desde hace unos 20 años sistemas silvopastoriles, en los que los árboles y los animales conviven sobre una misma superficie. La estrategia surgió, según Rasines, de la necesidad de superar una aparente competencia entre ambas actividades.
“En un momento nos dimos cuenta que era una lucha de suma cero: o ponemos una hectárea forestal o mantenemos una hectárea ganadera. Y desarrollamos lo que son sistemas silvopastoriles, donde convive la ganadería con la forestación”, contó.
La integración aporta beneficios para ambas producciones. Los árboles generan sombra durante los períodos de altas temperaturas y reparo frente al frío y los vientos invernales, mientras que la actividad ganadera continúa desarrollándose en esas superficies. “No tenemos menor producción ganadera porque tenemos los árboles. Tenemos las ventajas que te comento y seguimos teniendo la producción ganadera y además tenemos los árboles”, resumió.
En las 40.000 hectáreas que maneja la empresa en Corrientes hay ambientes diferentes. Algunas zonas inundables no son aptas para la forestación y se destinan a determinadas categorías ganaderas, mientras que en los campos de mayor altura conviven forestación, ganadería y pasturas. La empresa también produce verdeos de invierno, aunque comprobó que en muchos casos resulta más conveniente reservar las áreas abiertas para esa producción y mantener bajo los árboles el campo natural.
La forestación, además, tiene un eslabón industrial. Zeni posee un aserradero que fue creciendo junto con la superficie forestada y actualmente consume unas 15.000 toneladas mensuales de madera. Con nuevas inversiones en una caldera y sistemas de secado, la empresa prevé llevar ese consumo a 19.000 toneladas mensuales.
Así, la ganadería, la forestación y la industria forman parte de un mismo esquema de negocios. “El dinero que se gana se invierte en la empresa”, afirmó Rasines, una lógica que permitió a la compañía ampliar sus actividades y sostener el crecimiento de sus distintas unidades productivas.
Agro & Campo
En Corrientes la empresa Zeni integra la ganadería con la producción forestal e invierte en la industrialización de la madera: Esta semana hará su remate anual de genética adaptada a ese entorno difícil
Fuente: Bichos de Campo