Juan Carlos Loliscio (68) estaba a punto de destetar los terneros para las pariciones de primavera, que ya tenía organizadas, cuando le robaron 23 de ellos, dentro de un rodeo de 52 vacas, el último día de abril, en su campo en El Dorado, ubicado justo entre Vedia y Lincoln, a cuatro kilómetros adentro de la Ruta 50.
Había encerrado su hacienda para la vacunación contra la fiebre aftosa y no tardó mucho en hacer la denuncia a la policía, tras sufrir este caso de vandalismo rural.
Loliscio trabaja en el campo desde que terminó la escuela secundaria: primero en el tambo con su papá allá por los ’80; luego incursionaron en un rodeo de vacas de invernada, y los ’90, vieron la oportunidad de comprar 20 vaquillonas Aberdeen Angus Coloradas, cuando todavía no era la raza bovina más importante del país.
En todo este tiempo nunca pensó en soltar el trabajo —incluso habiendo sufrido robos anteriores—, pero esta pérdida le provocó un daño anímico grande.
“Estuve a nada de decir ‘tiro todo al diablo y abandono’, me veía ofreciendo las vacas para vender, me pegó muy fuerte”, contó a Infocampo el productor, que ya hace bastante se dedica exclusivamente a la cría de ganado, siempre en esa zona del noroeste de la Provincia.
Ya venía cargado emocionalmente por el caso viral de Hernán Carbajales, el productor de General Acha que entró a la municipalidad de la localidad con una vaca faenada en hombros. El vaso rebalsó con el testimonio de otro productor de la zona, que lo motivó a hacer pública la denuncia del golpe delictivo que él mismo había sufrido. Hoy, Juan Carlos estima la pérdida en aproximadamente 25 millones de pesos a grosso modo; cerca de 1.000 dólares por cada ternero robado.
EL VANDALISMO RURAL EN DEBATE
Este es uno de los casos que explican que la inseguridad rural hoy sea uno de los principales temas dentro de la agenda pública del campo. Esto se cristaliza en el proyecto de tipificación y endurecimiento de penas por vandalismo rural que se está debatiendo en el Congreso de la Nación.
El robo de hacienda, más conocido como abigeato, es uno de los delitos más comunes que sufren los productores argentinos, y que en la gran mayoría de los casos no se resuelven.
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En este sentido, otro caso es el del productor juninense Gabriel Racca, quien hizo su último recuento completo a fines de abril en medio de la campaña de vacunación contra la fiebre aftosa.
El 4 de junio, detectó la falta de 52 terneros de un rodeo de poco más de 250: pesaban entre 220 y 280 kilos y eran, en su mayoría, de la raza Angus.
“Es más fácil robarte 50 terneros y menos carcelable que robarte una casa”, expresó. Solo el valor robado representa una pérdida de entre 60 y 70 millones de pesos.
A fines de junio y después de dos allanamientos realizados por el Comando de Patrulla Rural (CPR) de Lincoln, Racca encontró 49 cabezas en un feedlot de Carlos Tejedor. Loliscio no corrió la misma suerte. Al día de hoy, sus animales no aparecen.
A la par, otro caso más cercano en el tiempo es el de Juan Carlos Llames Massini (66), quien denunció la pérdida de 13 vaquillonas Hereford de un rodeo de 116. Vive en Lincoln, pero tiene ubicado el campo en Juan Bautista Alberdi. Allí, 1300 hectáreas están destinadas a agricultura y ganadería de cría (al destete, para reposición y para incrementar el rodeo), esta última producida junto a sus hermanos.
Notaron la falta a principios de julio. Al día siguiente los buscaron en el campo, recorrieron los rodeos de vacas en parición y vieron que no estaban; finalmente, el miércoles hizo la denuncia en La Rural, donde la recepcionaron y ese mismo día se presentaron en el campo y volvió a ver el lugar y evaluar posibles vías por dónde podrían haber sacado el ganado. A partir de ahí, junto a su familia hicieron los trámites respectivos.
A Juan Carlos Llames Massini (66) le faltaron 13 vaquillonas Hereford de su campo en Juan Bautista Alberdi.
También sobrevolaron la zona con drone en una búsqueda particular con el acompañamiento de la policía. “Es un problema recurrente el tema de los cazadores y es una zona casi desprotegida; hay varios robos de vecinos que han sufrido robo de ganado y no han tenido respuesta”, manifestó.
Las vaquillonas denunciadas tenían dos años, estaban próximas a inseminar y pesaban entre 380 y 360 kilos. Representan entre 20 y 25 millones de pesos para el productor.
LA CARÁTULA QUE NO ALCANZA
En este contexto, un aspecto que sorprende es que ninguna de las denuncias fue caratulada como abigeato. Consultado sobre esta discrepancia, el abogado especializado en derecho societario Franco López Andreoli, explicó que la carátula de abigeato implica que el fiscal está investigando puntualmente un robo de hacienda destinada a producción económica, mientras que “averiguación de ilícito” es lo que se usa cuando “todavía no sabe qué delito puede haber”.
Según López Andreoli, el abigeato tiene una pena mínima más alta que la estafa —que puede arrancar en 6 meses de prisión condicional—, ya que se presume la existencia de una organización detrás de todo robo de esta magnitud: “No es un delito violento, pero requiere estar muy bien armado desde antes”.
Conceptualmente, considera que la diferencia es grande. Sin embargo, se trata de una definición que contrasta con la impresión de los propios productores, para quienes, en la práctica sienten que es más fácil robar grandes conjuntos de ganado y la pena es menor que “robarte una casa”.
“Imaginate que a mí es como que me robaron un departamento”, definió Racca.
“ME DAN GANAS DE PONERME A LLORAR”
El gran inconveniente es que el daño no es solo económico: que aparezca eventualmente parte del ganado conlleva un nuevo trámite. En el caso de Gabriel Racca, el ganado encontrado permanece en guarda judicial.
“Es el país del revés”, expresó el productor, que ahora espera una factura de no menos de 1,5 millones de pesos por el flete que tuvo que pagar para trasladar los animales a otro feedlot en Lincoln, donde intentará mejorar el mal rumen de este tiempo, pensando en la venta a futuro.
Raca aún no tiene la propiedad y espera por ella no menos de 30 días, mientras, su foco está en la etapa de engorde. Llames, por su parte, lo tiene puesto en encontrar su ganado. “Tengo la esperanza de que aparezcan en algún bajo”, le decía un empleado. “Me da mucha bronca, impotencia y ganas de ponerme a llorar; es el esfuerzo de años, se cagan en eso”, le contestaba él.
Aunque reconoce que, de momento, se siente acompañado por la Patrulla Rural y el equipo de la Sociedad Rural, reflexiona sobre el esfuerzo personal que requiere la búsqueda: días sin dormir, levantarse temprano a buscar y en paralelo continuar con la actividad de uno.
“Anoche fue la primera vez que pude dormir porque terminé cansado de caminar”, contó.
“Te cambia el foco, te sentís vulnerable, desprotegido e impotente, empezás a preguntarte muchas cosas, como la política”, manifestó. Sensación que compartieron todos los damnificados. Loliscio aportó: “Me pegó muy fuerte todo esto, el daño más grande que me han hecho no es económico, sino anímico”.
“El Congreso tiene la oportunidad de dar una respuesta histórica frente al vandalismo rural”
En paralelo a estas conversaciones, Infocampo se comunicó con integrantes de comisiones directivas de las Sociedad Rurales de estas zonas, quienes confirmaron que registran casos sistemáticamente y casi de forma semanal, pero sin denuncia efectuada.
“El productor está cansado de hacer denuncias porque se sabe que no pasa nada”, dijo el Presidente de la Sociedad Rural de Vedia, Marcelo de Luca, quien también confirmó el tiempo que demora el trámite.
EL IMPACTO EN LA CADENA Y EL SISTEMA
Desde ya, al ser el afectado un actor que participa dentro de la cadena productiva ganadera, el robo tiene un impacto directo en dicho sistema productivo.
De Luca explicó que “con la parición empiezan a robar terneros chiquitos” y que en el último tiempo ya registraron cuatro o cinco casos —solo en la zona—. El último, de un productor en Alem. Pero esto no es nuevo, “pasa hace dos años en la zona”, especificó.
Este productor también se dedica a la producción agropecuaria y ganadera a ciclo completo en su propio campo, y contó que la mesa distrital de seguridad rural, espacio generado hace aproximadamente un año y medio con la intención de realizar reuniones mensuales o bimestrales, “fue para la foto nomás”, ya que a ese encuentro inicial no sucedieron más convocatorias.
Agro & Campo
El abigeato como testimonio del vandalismo rural: “Estuve a nada de decir tiro todo al diablo y abandono”
Fuente: InfoCampo