Ingrid Alexandra, la princesa a la que un falso rumor vinculó con Franco Colapinto, entra al club de las futuras reinas

Cuando Ingrid Alexandra cumplió 18 años, su abuelo Harald la invitó por primera vez a sentarse en el Consejo de Estado noruego. La ubicación resumía la línea sucesoria: el rey quedó en el centro, con su hijo Haakon de un lado y su nieta del otro. Eran tres generaciones de una misma familia y, también, tres eslabones consecutivos de una corona.Esa noche, durante la cena por su cumpleaños, Harald bromeó con la recién llegada. Dijo que, por suerte, Ingrid todavía no tenía derecho de veto, nunca se sabía qué podía pasar con una joven “de opiniones firmes”. Después más serio le habló de lo que vendría y de ese lugar que, algún día, también sería suyo.Ese día todavía parecía lejano. Ingrid tenía 18 años, terminaba el colegio, surfeaba, esquiaba y todavía debía hacer el servicio militar y decidir qué estudiar. Cuatro años después, la fotografía cambió. Harald V murió este viernes a los 89 años, y en ese preciso instante Haakon se convirtió en rey e Ingrid Alexandra, con apenas 22, pasó a ser la heredera del trono de Noruega.Una princesa criada para reinarIngrid Alexandra nació el 21 de enero de 2004 en Oslo. Es la hija mayor de Haakon y Mette-Marit. Tiene un hermano menor, Sverre Magnus, nacido en 2005, y un medio hermano mayor, Marius Borg Høiby, hijo de Mette-Marit de una relación anterior. Marius creció junto a la familia, pero no forma parte de la Casa Real ni ocupa un lugar en la línea de sucesión.Desde que nació, Ingrid tuvo bastante claro el lugar que algún día podría ocupar. Noruega había cambiado sus reglas sucesorias en 1990 (derogó la norma inspirada en la Ley Sálica) para que el primogénito pudiera heredar la Corona sin importar si era hombre o mujer. La reforma no alteró el orden de la generación anterior (Haakon mantuvo su lugar por delante de su hermana mayor, Märtha Louise), pero sí alcanzó de lleno a Ingrid, ya que el nacimiento de su hermano Sverre Magnus no cambió su lugar en la línea sucesoria. View this post on Instagram A post shared by Det Norske Kongehuset (@detnorskekongehus)
Su infancia, tuvo bastante menos de cuento de princesas de lo que podría imaginarse. Sus padres intentaron que creciera con cierta normalidad y buena parte de su educación transcurrió en escuelas junto a chicos sin vínculos con la realeza. Fue al jardín de infantes, pasó por una escuela pública cerca de su casa y terminó el secundario en Elvebakken, en Oslo.Mientras crecía, Ingrid Alexandra también empezó a familiarizarse de a poco con la vida oficial. A los 11 años tuvo su primer compromiso oficial en solitario, sin sus padres: bautizó el Elias, un barco de rescate. Un año después, frente a miles de personas, encendió la llama de los Juegos Olímpicos de la Juventud de Lillehammer. Y cuando cumplió 18 recibió su propia oficina en el Palacio Real, aunque desde la Casa Real aclararon que, por entonces, su prioridad seguía siendo el estudio.Fuera de las obligaciones oficiales, Ingrid fue construyendo una imagen bastante acorde con el país que algún día deberá representar. Le gusta el esquí y los deportes al aire libre, practicó kickboxing y es aficionada al surf. Su abuela, la reina Sonja, contó que también se había animado a saltar en paracaídas.Ese costado aventurero tuvo una versión bastante más seria cuando, a comienzos de 2024, cambió los salones del palacio por un cuartel militar en el norte del país.De princesa a soldadoDurante 15 meses hizo el servicio militar en el Batallón de Ingenieros de la Brigada Nord, en Skjold, una localidad al norte de Noruega donde el frío y la nieve forman parte del entrenamiento. Su estadía no fue simbólica, preparada para las fotografías. Participó del entrenamiento básico, aprendió a manejar armas y realizó ejercicios de campo y supervivencia. Más tarde se especializó como artillera en un vehículo blindado CV90, equipada para operar un cañón de 40 milímetros y una ametralladora. Terminó el servicio en abril de 2025.Poco después, cambió completamente de escenario y se fue a la otra punta del mundo. Se fue a estudiar a Australia.Una princesa en AustraliaEl año pasado, Ingrid se mudó a Australia para estudiar Relaciones Internacionales y Economía Política, en la Universidad de Sídney. Se instaló en una residencia universitaria, lejos de Oslo y de la rutina de la Casa Real.También su vida sentimental se mantuvo lejos de la exposición pública. Durante un par de años se la vinculó con Magnus Heien Haugstad, un estudiante de Economía que incluso estuvo entre los invitados a la celebración de sus 18 años en el Palacio Real. Pero en 2024 la prensa noruega informó que la relación había terminado y desde entonces no se le conoce oficialmente otra pareja. Eso no evitó los rumores. El más curioso tuvo como protagonista a un argentino. A fines de 2024 circuló el rumor de que mantenía un romance con Franco Colapinto, el piloto de Fórmula 1. La historia se viralizó y cruzó fronteras, aunque tenía mucho más de confusión que de romance. La revista noruega Se og Hør, señalada como fuente original, aclaró que nunca había publicado esa información y que no tenía conocimiento de ninguna relación entre ambos.La etapa australiana duró menos de lo previsto. Este año Ingrid regresó a Noruega para estar cerca de su madre, Mette-Marit, que atravesó un delicado cuadro de salud y fue sometida en junio a un trasplante de pulmón. Mientras tanto, continuó sus estudios como alumna de intercambio en la Universidad de Oslo.El regreso terminó teniendo un peso inesperado. En pocos meses murió su abuelo, su padre se convirtió en rey y ella dejó de ser la segunda en la línea sucesoria para convertirse en la nueva princesa heredera de Noruega.Una generación de futuras reinasPero Ingrid no está sola. Su llegada al primer puesto de la sucesión noruega termina de dibujar un fenómeno poco habitual entre las monarquías europeas. En las próximas décadas, buena parte de sus coronas podrían estar en manos de mujeres.La mayor y más experimentada es Victoria de Suecia, princesa heredera desde 1980. Después viene Elisabeth de Bélgica, duquesa de Brabante y nacida en 2001; Catharina-Amalia de Países Bajos, de 2003; Ingrid Alexandra, de 2004, y Leonor de España, de 2005.Las cuatro más jóvenes están separadas por apenas cuatro años. Crecieron sabiendo que, algún día, podrían convertirse en jefas de Estado. Cada una sigue su propio camino, pero comparten una preparación que combina estudios, idiomas, compromisos oficiales y una incorporación cada vez mayor a la vida pública.Y entre ellas, en algunos casos, hay vínculos que van más allá del protocolo. En el caso de Ingrid, Victoria de Suecia es una de las madrinas y Felipe VI de España, el padre de Leonor, uno de sus padrinos. También son sus padrinos el actual rey Frederico X de Dinamarca, la princesa Märtha Louise, Harald V y su abuela materna, Marit Tjessem.Este viernes, Ingrid volvió al mismo lugar al que su abuelo la había invitado por primera vez a los 18 años. Entró otra vez al Consejo de Estado, vestida de negro y de luto. Pero esta vez era distinto, Haakon acababa de asumir el trono y, en la cabecera de la mesa donde antes se sentaba Harald, estaba ahora su padre convertido en rey. Ingrid, a su lado, ocupaba ahora el lugar que durante años fue de él: el de heredera al trono.

Fuente: La Nación