Milei contraataca con la retaguardia estallada

Después de dos meses de haber cedido el centro de la escena (física y virtual), Javier Milei retomó la iniciativa para contraatacar sobre todos los contradictores con sus viejas y violentas armas dialécticas, recargadas. El problema es que lo debe hacer ya no desde la centralidad dominante, sino desde el refugio de sus bases más duras y más fieles, con la dificultad mayúscula de que esa retaguardia está dividida y estallada por la disputa interna. Un conflicto que en el fin de semana llegó a cimas antes nunca alcanzadas. La recuperación se le está haciendo difícil más allá del plano económico. El temor a amenazas de índole política que expresan inversores, empresarios y aliados extranjeros del Gobierno no se remite solo al riesgo kuka, como dijo , se desdijo y volvió a decir Luis “Toto” Caputo, obligado por la realidad, los contextos, las circunstancias, los malentendidos y los reproches internos. Los escándalos que rodean al Gobierno y la guerra abierta entre karimenemistas y santicaputistas tiene en vilo a los tomadores de decisiones que miran a la Argentina entre la ilusión y el vértigo. Y si ya les sobraban motivos para alimentar prevenciones lo ocurrido el fin de semana solo puede elevar el nivel de las alertas, así como incrementar el ruego por un imposible: que el Presidente zanje ese conflicto. Spoiler alert: nadie que conozca la intimidad presidencial cree que eso vaya a suceder. Como corresponde al universo libertario, la flamante contraofensiva mileísta y la aparente tregua interna alcanzada en los últimos días se vieron abruptamente interrumpidas y expuestas públicamente por una sonora explosión en la esfera digital, reservada para expertos.En su cuenta personal de X, el gurú Santiago Caputo sorprendió con un violento (además, de discriminador y estigmatizante) mensaje solo comprensible para los suyos y sus adversarios, que luego fue amplificado y explicitado por varios de sus adláteres como Agustín Romo o Daniel Parisini, alias Gordo Dan. El asesor posteó en la medianoche del sábado: “Borrar la cuenta lo único que confirma es que es de ustedes, mogólicos”. ¡Bum! A partir de allí sus fieles se encargaron de aclarar que los destinatarios eran los alfiles de Karina Milei, liderados por Martín y Sharif Menem, a quienes atribuyen el control de una cuenta de X denominada Rufus (@PeriodistaRufus) desde la que se había vinculado a Caputo el joven y su socio Manuel Vidal con la cuasifallida aerolínea Flybondi, adquirida por el polémico empresario y supuesto exagente de inteligencia Leonardo Scaturicce, de muy estrecho vínculo con ambos.Así se encendió una mecha que hizo estallar el polvorín libertario. Al tirar del hilo Rufus los santicaputistas llegaron al presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, y sacaron a relucir una larga tira de publicaciones con críticas a casi todos los ámbitos de injerencia del gurú y a la gestión de su tío al frente del Ministerio de Economía. “Ellos son los dueños de esa cuenta que operaba contra todo el gobierno por detrás. Son los que dicen que los problemas del Gobierno son por la gestión económica y no por cuestiones políticas, son los que se atribuyen los éxitos electorales y son los que no toleran que Milei no lo eche a Santi. Pero no se dan cuenta que si Santi se va, como si se va Karina, el que corre el riesgo de romperse es el Gobierno. No hay forma de matar a Santi sin matar a Milei”, se despachan indignados desde el entorno del asesor.Desde el equipo del titular de Diputados intentan despegarse y bajar el tono de una disputa que los dejó demasiado expuestos. Niegan cualquier vínculo con la ahora borrada cuenta @PeriodistaRufus y atribuyen todo al error de un responsable de redes de Martín Menem, que reprodujo algunos de los mensajes publicados por ese usuario anónimo. Nada que satisfaga ni alcance para llegar a una tregua con Caputo y su equipo, donde la indignación llegó a niveles que hasta acá se desconocían. Para peor, desde el bando karimenemista mientras en público se muestran apaciguadores, en reserva echan nafta al fuego. Con malicia señalan que si hasta ahora el gurú y sus soldados celestiales nunca habían estallado públicamente por la disputa interna que lo haya hecho ahora el propio Caputo “es una demostración de que el tuit tocó un punto demasiado sensible”. Las acusaciones cruzadas de negocios y negociados es el arma preferida con la que se agreden los bandos en disputa, mientras se pelean por cuotas de poder y algo más.La pelea ya lleva casi un año desde que se desató apenas después del triunfo electoral de la lista libertaria, encabezada por el ahora devaluado Manuel Adorni, pero nunca había sido expuesta abiertamente por los líderes de cada uno de los bandos, quienes se esforzaban por disimular en público. Hasta ahora.“Milei no va a romper con Karina ni va a echar a Santiago y tampoco Santiago se va a ir, aunque ya está harto de que lo operen y también está harto de eso Toto, que se la pasa pidiéndole a su sobrino que no se caliente, porque todo esto puede terminar muy mal”, dice un muy informado habitante del decisivo primer piso de la Casa Rosada. Ese el gran problema que todos admiten, que el Presidente no quiere, no puede o no sabe cómo resolver el conflicto. “El drama es que Javier dice que es un problema de las segundas líneas, pero los karinistas se tiran contra primeras líneas, como Santiago y Toto y ponen en riesgo a todo el Gobierno. Esto así no da para más, pero no vemos que vaya a cambiar mucho, aunque ahora seguro va a haber un tregua”, dice un soldado de las Fuerzas del Cielo, que en las últimas horas desenfundó las armas que venía guardando hace un tiempo y decidió usarla contra sus enemigos de la guerra civil libertaria. Aunque seguramente y, a pesar de que todo está públicamente expuesto, más temprano que tarde la culpa de todo será de los periodistas.En ese plano la preocupación que embarga a los integrantes del Gabinete que no son parte directa de ninguno de los dos bandos enfrentados es que la toma de decisiones dentro del Gobierno se ha vuelto más caótica. Herido Adorni por sus escándalos y con Milei sosteniendo un equilibrio más que frágil, pero desentendido de cuestiones clave que desprecia, la gestión se resiente y se paraliza, mientras no dejan de aparecer complicaciones en un momento de extrema delicadeza para el Gobierno.La reaparición de la motosierra para volver a recortar gastos porque las cuentas no cierran expuso esas fragilidades y, encima, tuvo efectos no deseados, como el impacto sobre gobernadores y aliados y sobre sectores que sensibilizan a una opinión pública que empieza a lucir cansada por un largo esfuerzo sin recompensas a la vista y a mostrar señales de hartazgo. Otra autolesión letal El estallido, además, repuso la tendencia congénita del mileísmo a autolesionarse en un momento en que se ilusionaba con tener elementos para retomar la iniciativa y había impulsado la contraofensiva presidencial. La ruptura de la tendencia creciente de la inflación y la cuarta manifestación multitudinaria y federal en defensa del financiamiento universitario habían tenido, en ese sentido, dos efectos. Obraron, por un lado, como un aglutinante para los propios, a pesar de las mil reyertas internas. Y, por otro, como una plataforme donde Milei podía asentarse para plantarse a dar batalla nuevamente con lo más hiriente de su metralla verbal recargada, contra todo lo que lo que se le interponga y contra todos los que lo contradigan. Y hasta contra los fantasmas que imagina.La realidad se la ha vuelto complicada. La economía (léase aumentos de precios, enfriamiento de la actividad, pérdida de empleos formales, cierre de empresas) y la política (léase disputas internas sangrientas, escándalos de corrupción o enriquecimiento y mal pago a los aliados) han llevado al Presidente y a su Gobierno a una caída de adhesiones y a una notable suba de críticas, demandas y desconfianza. Sus activos operaron a la baja y el mal humor ganó el mercado de los intangibles. La consecuencia directa de esa combinación fue la pérdida de imagen y la emergencia de desafíos y desafiantes. Por dentro y por fuera de su circulo de control. Con esos elementos, no parece difícil entender así que a un carácter voluble lo desborde la ira. La estrepitosa autodestrucción de imagen del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, así como la inversión mayúscula (a pérdida) en su protección total, hecha por los hermanos Milei, no ha sido gratis. Interna y externamente.Por el contrario, además de la disputa entre santicaputistas y karimenemistas, fue el disparador para la crítica explícita o el alejamiento (al menos temporario) por ruptura de contrato electoral de muchos de los votantes blandos que le aportaron a Milei los 26 puntos que sumó en el balotaje presidencial de 2023 para llegar a la Presidencia desde su 30% por ciento de la primera vuelta. Por algo, la reelección presidencial, que en el propio círculo áulico mileista se daba por casi por descontada, ahora es un objetivo a alcanzar no sin zozobra. También el AdorniGate fue la excusa para que se habilitara el desafío directo, indirecto o implícito a la autoridad de Milei hasta ahora incuestionable por parte de algunos de los propios, de otros que incorporó y de no pocos aliados. Por los gastos, adquisiciones, omisiones y mentiras que Adorni fue sumando sin solución de continuidad, Milei ya no solo es objeto del funcional cuestionamiento político-ideológico del perokirchnerismo. Ni blanco de los dardos poco más que testimoniales, cargados de institucionalidad y ética, de los seguidores de Lilita Carrió y los socialistas.Ahora, también desde su propia construcción y desde el cuadrante de la centroderecha que hegemonizaba Milei aparecen fisuras, fugas y ataques. Ahí está la huelga de brazos caídos y el trabajo a reglamento que los soldados de las caputistas Fuerzas del Cielo hicieron en el mundo digital y real durante casi un trimestre o más, interrumpida parcialmente esta semana para volver al juego que más les gust

Fuente: La Nación