Mauricio Hazam transformó el campo de sus abuelos en un planteo silvopastoril y creó su propia cabaña Brangus, que sueña con dejarle a sus hijos: “Creo que voy a pasar el resto de mi vida haciendo lo mismo”, dice

Los abuelos de Mauricio Hazam, productor de Santiago del Estero, llegaron desde el Líbano y se instalaron en Campo Gallo. Pero fue él quien, hace 18 años, decidió transformar aquel campo ligado a la actividad forestal en un establecimiento ganadero. Hoy, en Monte Quemado, en el norte provincial, tiene unas 450 madres Brangus y una cabaña que fue creciendo desde cero.
“Desde chico tuve animales. Mi abuelo tenía vacas siempre me llevaba a verlas y cuando fui creciendo, gracias a Dios pude tener la oportunidad de llevar a cabo lo que me gustaba”, contó Hazam, quien repasó junto a Bichos de Campo la aventura que empezó hace ya 20 años, a poco de haber terminado el secundario.

El campo tiene 2.500 hectáreas, de las cuales 300 están destinadas a agricultura y entre 800 y 900 conforman un sistema silvopastoril. El objetivo es integrar ambas actividades y producir buena parte del alimento que necesitan el ganado, especialmente durante el destete y el invierno.
“Casi todo lo que se hace en agricultura es solamente para los animales”, explicó. Así, el grano se transforma en alimento para la hacienda y permite darle mayor autonomía al planteo.
Después de varios años complicados por la sequía y la plaga de la chicharrita que golpeó al maíz, esta campaña Mauricio agradece que le haya ido mucho mejor. “Fueron más o menos unos 4.500 kilos de rinde de la trilla de maíz y en el picado tuvimos un rinde de 12.000, 13.000 kilos por hectárea”, señaló. Todos estos, resultados que considera aceptables para un sistema donde los lotes también son utilizados por los animales.

La mayor parte de la ganadería se desarrolla bajo un esquema silvopastoril. Un sistema clave para aquella región de Santiago del Estero, donde las temperaturas pueden superar los 50 grados y el monte cumple además una función fundamental para el bienestar animal.
“Es muy beneficioso, porque son calores fuertes donde el animal sufre mucho”, explicó. El sistema permite además conservar especies autóctonas como el mistol y el algarrobo. “Años malos que son poca la lluvia y el Gatton viene pobre, los frutos también los aprovechan los animales”, contó.

La historia productiva es también una historia de selección genética. Hazam comenzó comprando vacas de la zona que daban terneros de 90 o 120 kilos y luego entendió que debía mejorar el rodeo. Primero incorporó toros de cabañas reconocidas y después empezó a seleccionar madres para producir sus propios reproductores, adaptados a las duras condiciones de Santiago.
Así nació La Querencia, su propia cabaña Brangus. Los resultados de la inversión y la pasión que le pone a la ganadería comenzaron a llegar en las exposiciones y le dieron una señal de que el camino elegido era el correcto.
Pero Hazam destaca especialmente el trabajo de su equipo: “Cuando uno consigue armar ese equipo se puede hacer todo. Sin equipo, sin personal, sin gente, es muy difícil esto”, sostuvo.

La carga animal depende de la disponibilidad de forraje y puede llegar a tres o cuatro animales por hectárea en los sectores mejor empastados. Los potreros se rotan para cuidar el Gatton panic y permitir su recuperación. En cuanto a los terneros, los de cabeza de parición rondan los 130-140 kilos, mientras que los provenientes de transferencia embrionaria alcanzan entre 230 y 260 kilos.
Pero para Hazam todo eso significa mucho más que una actividad productiva. “La ganadería y el campo son mi vida. Creo que voy a pasar el resto de mi vida haciendo esto y mis hijos, por lo que veo, van por el mismo camino”, afirmó. Aún son pequeños, pero a sus 6 y 10 años ya muestran ese entusiasmo.
“Soy un apasionado del campo, de la ganadería y de muchos otros animales que tenemos”, resumió Hazam. Después de casi dos décadas transformando aquel planteo familiar, este productor parece tener claro que encontró mucho más que una actividad económica: una forma de vida que también empieza a transmitirse a la próxima generación.

Fuente: Bichos de Campo