“Brasil es un espejo bastante incómodo”: Ivo Ordóñez explica cómo pasó de cosechar lo mismo que Argentina a producir 2,5 veces más y agregar valor sobre sus granos

En el año 2000, Argentina y Brasil levantaban cosechas prácticamente iguales, de entre 65 y 67 millones de toneladas de granos. Veinticinco años después, el vecino país produce dos veces y media más que el nuestro. Incluso su cosecha de soja, por sí sola, ya supera a toda la producción granaria argentina.
La comparación fue planteada por Ivo Ordóñez, economista especializado en agronegocios, quien advirtió que la distancia no se explica solamente por la cantidad de hectáreas que incorporó Brasil. También influyeron las condiciones económicas que permitieron invertir dentro de los lotes y, especialmente, la decisión de agregar nuevos pisos de valor sobre los granos.
“Hay varios factores que contribuyeron para que Brasil multiplicara por 2,5 veces la producción de Argentina desde el año 2000 hasta esta parte”, explicó Ordóñez en diálogo con Bichos de Campo.
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Para el consultor, una de las principales diferencias estuvo en los ingresos que recibió cada productor. Al observar una serie de más de 23 años, aseguró, el brasileño facturó por hectárea el doble de dólares que el argentino. “¿Producto de qué? De las retenciones, de la brecha cambiaria y, cuando los hubo, de los cierres de exportaciones”, enumeró.
La consecuencia no fue solamente una menor rentabilidad para el productor local. Según Ordóñez, esas políticas terminaron moldeando una estrategia productiva defensiva.
“Creamos con veintipico de años de retenciones un productor que invierte menos capital porque no lo quiere exponer al riesgo. Toda la productividad queda sobrecargada sobre el factor tierra”, afirmó.
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En Brasil, sostuvo, la existencia de un negocio más rentable permitió que la productividad dependiera en mayor medida de la inversión. De esa manera, alrededor de cada lote empezó a moverse una red mucho más amplia de proveedores, servicios y empleos. Pero el salto brasileño no terminó en la cosecha. La mayor disponibilidad de maíz y soja facilitó una expansión enorme de las producciones animales.
“La producción de carne de pollo en Brasil se multiplicó por ocho en 20 años”, destacó Ordóñez. En ese período, el vecino pasó de ser un importador neto a ubicarse entre los principales exportadores mundiales. Es decir, no se quedó solamente con la venta del grano, sino que construyó otro piso de valor sobre esa materia prima.
Ordóñez citó un cálculo realizado por Marcelo Torres, presidente de Aapresid, quien comparó cuánto valor se suma al transformar maíz en carne vacuna. Según ese ejercicio, si una tonelada del cereal cotiza a 200 dólares, convertirla en carne permite generar otros 200 dólares: equivale a vender aquel maíz al doble de precio.
“Cuando vos hacés eso, es impresionante la atracción de desarrollo que generás en los municipios rurales donde ese valor se produce”, señaló.
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De acuerdo con los datos presentados por el economista, ese crecimiento provocó que unos 5 millones de brasileños se trasladaran desde las grandes ciudades y zonas industriales hacia municipios rurales de rápido crecimiento. Por eso cuestionó la habitual discusión argentina sobre si el agro “derrama” o no sobre el resto de la sociedad.
“Brasil es un espejo bastante incómodo. Efectivamente, no es que derrama: se crea un sistema de negocios alrededor de la producción agropecuaria. Eso es más importante”, definió.
Como ejemplo mencionó lo ocurrido en el Centro-Oeste brasileño, integrado por estados agropecuarios como Mato Grosso, Goiás y Mato Grosso do Sul. Allí, la cantidad de graduados universitarios de carreras vinculadas con el agro pasó de unos 300 a 6.000 por año. “Se multiplicaron por 20 en 20 años”, remarcó.
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Ordóñez agregó que el PBI per cápita de esa región es hoy 11% superior al de los centros industriales de São Paulo y Río de Janeiro. Sus exportaciones por habitante, que hace dos décadas eran la mitad de las registradas en el sudeste desarrollado del país, ahora son el doble.
“Integraste masas enormes del país al comercio mundial”, resumió. Al mismo tiempo, señaló que la pobreza se redujo más rápidamente en esos estados agropecuarios que en São Paulo y en las regiones más pobres del nordeste.
El economista considera que Argentina podría impulsar un proceso semejante en la amplia franja productiva que va desde la Norpatagonia hasta Salta. Allí se encuentran ciudades como Río Cuarto, Rafaela, Villa María, Tandil y Venado Tuerto.
“Tienen que dejar de ser ciudades que expulsan gente y tienen que ser ciudades que atraigan gente para desarrollar un proyecto de vida”, propuso.
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Sin embargo, aclaró que el modelo brasileño no surgió simplemente de una reducción impositiva ni se construyó de un día para otro. Brasil necesitó dos décadas para estudiar y transformar el Cerrado, una región tropical de suelos ácidos, en una zona capaz de producir cultivos de clima templado. Después llegaron otros 25 años de despegue. “Fueron 45 años. Esto no es ‘bajemos las retenciones tres años a ver qué pasa’. Esto es largo”, advirtió el consultor.
Y ese es el espejo que propone mirar: no sólo el de un país que consiguió producir más granos, sino el de una estrategia sostenida que utilizó esa producción para desarrollar carnes, servicios, inversiones, universidades y nuevas ciudades atractivas para vivir. “Sin el agro no se puede. Contra el agro es imposible”, resumió.
Para Ordóñez, Argentina deberá volver a incorporarlo a un proyecto de largo plazo si pretende cerrar una brecha que hace 25 años prácticamente no existía.

Fuente: Bichos de Campo