General
Perteneció a la familia Duhau y hoy alberga un restaurante abierto a todo público con meriendas libres por $22.000
A escasos metros del Obelisco, sobre la calle Sarmiento al 1334, se encuentra la sede de El Club del Progreso, famoso en las redes sociales por las meriendas con porciones gigantes que se sirven a tan solo $22.000. Los clientes en su mayoría ingresan y se disponen a ser atendidos en un edificio de estilo francés neoclásico, pero pocos se percatan de que entre esos muros hay impresa parte de la historia de la ciudad de Buenos Aires y de la Argentina, compuesta en gran medida por la primera organización masculina de Sudamérica.Cualquiera puede acercarse a este palacete bien conservado, cruzar por su puerta giratoria de madera, atravesar el hall y dirigirse al patio del restaurante. Se trata de un espacio amplio, colmado de muchas mesas y que recuerda a tiempos inmemorables de la época dorada de nuestro país. Los visitantes que acuden a las meriendas se maravillan por la arquitectura, pero más por la oferta gastronómica a un precio módico que no se ve en otra parte de la Ciudad. Entonces, se disfruta del menú, desde tortas con porciones XL, sánguches, torres de churros, empanadas, perniles, facturas y demás. El restaurante (gestionado por una empresa externa) hoy en día sirve de apoyo económico para el de antaño, Club del Progreso, que surgió en 1852 con el fin de amigar a los argentinos, quienes por ese entonces estaban divididos entre unitarios y federales. Ese es el puntapié inicial que años más tarde daría surgimiento a esta sede tan conocida por los porteños como por los turistas. Así son las famosas meriendas libres de El Club del Progreso - @elprogresorestauranteLa historia detrás del lugar que aloja al restauranteEl Club del ProgresoEl Club del Progreso nació como un incipiente grupo de hombres que se reunían en la casa de Diego de Alvear a propósito de discutir cómo debía ser la Argentina. En 1852, esos 56 vecinos de Buenos Aires dieron forma a lo que sería una comunidad que abogaba por la Constitución Nacional, el desarrollo industrial, de las Fuerzas Armadas, la universidad y la explotación de los recursos del país. “Para construir un futuro, debemos imaginarlo y desearlo. Para desear grandes cosas es necesario soñarlas primero. Hay que poner en contacto las ideas y los hombres para el progreso material y moral del país”, fue la propuesta de Alvear al fundar El Club.Esos encuentros fueron progresivos y tuvieron diferentes sedes en la capital argentina hasta que a mediados del siglo XX, después de sortear dificultades económicas, compraron el edificio de calle Sarmiento que preservan hasta la actualidad.Primer Palacio DuhauEsta casa fue diseñada por los arquitectos Eduardo María Lanús y Pablo Hary, que también influyeron en la creación de la Aduana de Buenos Aires, el Colegio Nacional Mariano Moreno, el Museo de Arte Decorativo y la Embajada de los Estados Unidos. Se trata de un palacete elegante, de estilo academicista francés o Beaux-Arts de fines del siglo XIX y principios del XX, que se erigió en 1902 por orden de Candelaria Fouillerac, viuda de Urbano Duhau. Perteneció como parte de su patrimonio hasta que en 1940 lo pusieron a la venta (funcionando como un petit hotel) para mudarse definitivamente al famoso Palacio Duhau de la Avenida Alvear. Desde esa fecha en adelante allí funcionó la sede central de El Club del Progreso. Alejandra, gerenta del restaurante de El Club, recordó a LA NACION que antiguamente los carruajes cruzaban el pórtico de hierro de la entrada; los invitados subían hasta la primera planta y el carruaje avanzaba hasta el patio, en donde ahora hay mesas y sillas. En ese jardín había un establo en el que los caballos descansaban. En el segundo piso estaban las habitaciones de los dueños y solo accedían ellos.La mesa donde murió Leandro N. AlemEn 1896, Leandro N. Alem se dirigió a El Club del Progreso en su carruaje. Al llegar, su chofer notó que no descendía y, por consiguiente, fue él quien le abrió la puerta. De inmediato, el cuerpo sin vida del exdiputado se aproximó y cayó plenamente sobre el asiento.Sus amigos del Club lo socorrieron y lo depositaron sobre una mesa de póker. El fundador de la Unión Cívica Radical se pegó un tiro en la sien y fue velado en esa misma plataforma de juego. “Perdónenme el mal rato, pero he querido que mi cadáver caiga en manos amigas y no extrañas… He terminado mi carrera, he concluido mi misión; para vivir estéril, inútil y deprimido es preferible morir… Sí, que se rompa, pero que no se doble. Adelante los que quedan”, escribió en una carta de despedida. En la actualidad, la mesa donde descansó el cuerpo de Alem durante el funeral se encuentra en el ingreso al restaurante, sobre la mano derecha y debajo de una escalera. Patrimonio perdidoEl Club del Progreso cuenta con una biblioteca para sus socios, en la cual se halla una amplia variedad de libros, algunos de ellos donados por la recordada periodista Magdalena Ruiz Guiñazú. Sin embargo, el patrimonio que posee hoy no se compara con el que tuvo antes.Las obras que acumulaba esta entidad llegaron a ser tan importantes como las del Congreso de la Nación, incluso más grandes, pero al final fueron vendidas casi en su totalidad para recaudar fondos para sostenerse a flote. MasoneríaMuchos de los integrantes de El Club del Progreso eran también masones. Los ideales que compartían ambas organizaciones eran acordes a los de progreso y acceso al conocimiento. Por eso, cuando se instalaron en la sede central de Sarmiento 1334, en el tercer piso dedicaron un salón privado para las reuniones semanales de los socios. Por un lado, se juntan los adultos y, por otro, los jóvenes. El escudo que identifica al club está conformado por un compás y una escuadra. Además, la influencia fue tal que en el edificio se pueden apreciar diferentes símbolos impregnados entre sus muros, desde una estatua de Isaac Newton en el primer piso hasta un cuadro que hizo Merceditas San Martín, en el cual se ve al general José de San Martín, su padre, durante el exilio en Francia. Asimismo, se puede encontrar el piso de damero y las salas dispuestas en simetría en la primera planta.Quien visita El Club del Progreso tiene la posibilidad de hacer un verdadero viaje en el tiempo; entre meriendas abundantes por un precio módico se puede conocer de cerca un establecimiento que primeramente cobijó a una de las familias más destacadas de la alta sociedad porteña y que más tarde se volvió la sede de esta organización, por la cual pasaron 18 presidentes de la República Argentina, de los que cuatro también presidieron el Club: Carlos Pellegrini, Luis Sáenz Peña, Manuel Quintana y Roque Sáenz Peña.
Fuente: La Nación