Alejandro Brown es biólogo y desde hace años se dedica a pensar y trabajar sobre la conservación de la naturaleza. Por eso, a primera vista, podría resultar extraño encontrarlo en medio de un congreso rodeado de productores agropecuarios, como lo es el de Aapresid. Pero para el referente de la Fundación ProYungas sucede exactamente lo contrario: si se quieren resolver los problemas ambientales a una escala significativa, sostiene, es imprescindible sentarse en la misma mesa.
“Hace muchos años me di cuenta, aunque parezca una obviedad, de que si queremos tratar los temas ambientales en la magnitud necesaria tenemos que hacerlo con el sector productivo”, explicó Brown a Bichos de Campo quien, con ciertas críticas hacia una parte del ambientalismo, intenta llevar esa convicción a la práctica desde la entidad que fundó.
Si le preguntan por el ambientalismo, le reconoce una función necesaria para denunciar determinados problemas, pero considera que por sí solo es insuficiente para construir soluciones. “Puede a veces marcar la cancha. Cumple una función durante un tiempo acotado, pero la solución, que es lo importante, es trabajar con el sector productivo”, afirmó.
Y es lo que hace desde Proyungas. Según contó, actualmente la fundación trabaja con casi 80 empresas y ya superó los 3 millones de hectáreas bajo el concepto que bautizaron como “Paisaje Productivo Protegido”. En resumidas cuentas, resume el biólogo, significa “que el sector que produce se hace cargo de la conservación del paisaje”.
Sin embargo, lamente que buena parte de ese esfuerzo, a su juicio, permanece invisible. “El sector productivo nunca lo puso en valor. No lo conoce la sociedad, no lo conocen los gobiernos y no lo conocen ni siquiera los propios productores”, afirmó.
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Brown considera que allí también existe una tarea pendiente hacia dentro del propio agro. Porque su planteo no consiste simplemente en defender al productor frente a las críticas ambientales, sino en pedirle que amplíe la mirada sobre aquello que tiene bajo su responsabilidad.
“El sector productivo tiene que terminar de reconocer que, además de la parcela productiva, que es donde mete los insumos y la expectativa, hay un entorno dentro de su propio patrimonio, silvestre, que no usa, pero que es parte de lo que le garantiza la sustentabilidad”, explicó.
Se refiere a los llamados bienes y servicios ambientales: el agua, la regulación climática, la polinización, el control de plagas y otros procesos naturales que sostienen las actividades productivas.
Pero Brown agregó otro elemento que para él será cada vez más determinante: la imagen que la producción argentina consiga construir en los mercados internacionales. Por eso observa con particular atención la relación con la Unión Europea. Mientras una parte del agro suele interpretar las exigencias ambientales europeas como nuevas barreras o imposiciones comerciales, él propone mirar también la oportunidad que existe detrás de esa discusión.
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-En general los productores miran a la Unión Europea diciendo “me está poniendo reglas”. ¿Vos decís que también hay una oportunidad?
-Totalmente. Tiene que verlo como una oportunidad. La responsabilidad nuestra, desde la sociedad civil, pero también del gobierno y del sector productivo, es mostrarle al mundo cómo se produce en la Argentina.
Según el biólogo, muchas de las regulaciones que llegan desde Europa se diseñan sobre una determinada imagen de lo que ocurre en los territorios productivos argentinos, que no siempre coincide con lo que luego encuentran quienes los recorren.
“Nos ponen reglamentaciones y restricciones desde el imaginario de ellos, pero a veces con muy poco conocimiento de lo que pasa en estos territorios”, sostuvo.
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En ese sentido, el biólogo afirmó que suele llevar visitantes europeos a recorrer distintas regiones del Norte argentino y aseguró que muchas veces se sorprenden al conocer sobre el terreno la convivencia entre producción y ambientes naturales.
Y uno de los ejemplos es el de la deforestación, un debate muy sensible en el agro argentino. “Apenas el 5% de la soja o el 10% de la ganadería provienen de deforestación de la última década. Y, sin embargo, a veces piensan que Argentina deforesta para poner soja o para poner ganado”, afirmó Brown, quien, sin embargo, aclara que no significa negar la existencia de situaciones problemáticas.
Brown también puso sobre la mesa su particular interpretación de la Ley de Bosques. Para él, la existencia de una norma por sí sola no garantiza que los objetivos ambientales se cumplan si no existen herramientas económicas y productivas que permitan sostenerlos.
“Argentina tiene una Ley de Bosques que para mí es aspiracional. Aspira a que el 80% de la cobertura forestal del país se mantenga en el tiempo. Pero tenés que generar herramientas. No es: ‘Tengo la ley, ya está’. La ley sola lo que indica son las ganas del país, el compromiso de mantener ese 80%. Pero eso hay que trabajarlo”, sostuvo.
Y allí aparece probablemente la idea más incómoda para una mirada conservacionista clásica: para Brown, conservar naturaleza no equivale necesariamente a dejarla intacta. “Para nosotros proteger la naturaleza implica también transformarla y ponerla en producción”, afirmó.
Eso explica también por qué vuelve una y otra vez a buscar interlocutores entre quienes producen. “Este laburo a veces se parece medio al sacerdocio: insistir, volver, insistir”, dice entre risas.
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Para ello, la estrategia de ProYungas consiste deliberadamente en iniciar la conversación por lo que el sector ya hace bien en términos ambientales, para generar confianza y desde allí discutir lo que todavía debe corregirse.
“Nuestra lógica es trabajar sobre los temas positivos, sobre todo lo que positivamente hace el sector productivo en términos ambientales. Eso genera un marco distinto de diálogo y confianza, y sobre eso trabajar las cosas que hay que mejorar, porque siempre hay cosas para mejorar”, explicó Brown, quien además sostiene un dato que, reconoce, ni siquiera los propios productores suelen conocer: “Hay más naturaleza protegida en Argentina en manos del sector productivo que todo el sistema de parques nacionales y áreas protegidas provinciales”
“Es un dato que no sabe nadie. Y es fuerte”, destacó.
De allí deriva finalmente la tesis con la que el biólogo da vuelta una de las formulaciones más habituales del debate ambiental.
Generalmente se habla de cuánto depende la producción de la naturaleza, y él no discute esa dependencia: sin agua, regulación climática, polinizadores o control biológico, gran parte de la actividad productiva sería inviable.
Lo que propone es mirar también la relación en sentido inverso. “Lo que no se dice mucho es que hoy la naturaleza necesita de la producción”, señaló.
¿La explicación? Brown enumera empleo, gobernabilidad, tecnología y recursos económicos como condiciones que también permiten financiar y sostener la conservación.
“Una buena producción genera pleno empleo, gobernabilidad, tecnología, recursos económicos, y todo eso le hace bien a la conservación de la naturaleza”, afirmó.
Y resumió entonces, en una sola frase, la idea que viene defendiendo desde hace años y que explica por qué un biólogo dedicado a la conservación sigue buscando socios entre productores agropecuarios: “La naturaleza necesita de más y mejor producción, porque esa es la forma que tenemos de conservarla”.
-Es una mirada antagónica a quienes dicen que hay que dejar todo quieto y no tocar más nada.
“Ese es un camino sin destino”, concluyó el especialista.
Agro & Campo
Conservar no significa dejar todo quieto: Alejandro Brown, biólogo y fundador de Proyungas, cuestiona la falsa grieta con el ambiente y asegura que “la naturaleza necesita de más y mejor producción”
Fuente: Bichos de Campo