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Jakub Józef Orlinski: una voz única enriquecida por un espectáculo dramático que fue de la actuación al breakdance
Beyond. Recital de Jakub Józef Orlinski, contratenor, con Il Pomo d’Oro. Programa: arias de óperas de Monteverdi, Caccini, Frescobaldi, Barbara Strozzi, Cavalli, Giovanni Cesare Netti, Sartorio y Sebastiano Moratelli; obras instrumentales de Biagio Marini, Johann Caspar Kerll, Carlo Pallavicino y Adam Jarzebski. Producido por: Mozarteum Argentino. Sala: Teatro Colón. 5 starsHace cuatro años, también con Il Pomo d’Oro, aunque con una formación más reducida, Jakub Józef Orlinsky ofreció un recital inolvidable con un programa integrado por arias mayormente desconocidas de compositores italianos del siglo XVII. Con su aterciopelada, densa y envolvente voz de contratenor de tesitura de contralto, más su musicalidad, su afinación infalible, su capacidad expresiva y un carisma victorioso, construyó un concierto extraordinario. La lectura anticipada del repertorio que iba a ofrecer, ahora para el Mozarteum -conformado por las arias de compositores del Seicento italiano incluidas en su álbum Beyond, editado en 2023-, prenunciaba que, con otras obras, esto habría de ser el segundo capítulo de una saga ciertamente original. Pues no. Apenas comenzado el concierto, las predicciones y las profecías, erróneas y acotadísimas, se esfumaron. Orlinski e Il Pomo d’Oro no ofrecieron un recital sino que presentaron un espectáculo dramático que excedió largamente la propuesta sonora y musical para desarrollar una muy bien elaborada propuesta escénica y teatral que incluye actuación, movimientos, desplazamientos, vestuario, iluminación, danza, improvisaciones y hasta un momento de breakdance como sólo Orlinski puede llevar adelante. Con todo, no fue un brillante unipersonal del gran cantante polaco ya que si bien él es la figura protagónica y excluyente del espectáculo, la participación de Il Pomo d’Oro no es menor ni secundaria. La conjunción del arte de Orlinski y las certezas y capacidades de este ensamble le dieron continuidad, ritmo y cambios a un espectáculo que no decayó en ningún instante y que, en contra de cualquier rutina propia de un concierto o recital de música clásica, no incluyó ningún intervalo y no fue interrumpido por ningún aplauso, salvo cuando los mismos músicos u Orlinski lo solicitaron. En lo estrictamente musical, hubo un cuidado y una sapiencia excelentes para elaborar el programa. A su manera y sin anuncios de ningún tipo, por periodizaciones cronológicas, por contenidos musicales y literarios, por cambios de vestuario y de iluminación y por la segmentación que establecieron las obras instrumentales, el espectáculo se articuló en cuatro secciones. En el comienzo, fue el momento del Barroco temprano. Con el escenario en penumbras, sobre el ritornello de “E pur io torno qui”, el aria de Ottone, de L’incoronazione di Poppea, de Claudio Monteverdi, Orlinski avanzó lentamente, envuelto en una larga capa oscura. Su interpretación del dolor de Ottone, abandonado y traicionado por Poppea, afloraron contundentes en Orlinski. El largo manto que vestía, fue arrojado al suelo y hacia él Ottone dirigió su desprecio. Finalizada el aria, esa misma capa asumió una segunda identidad y devino en Amarilli, ese objeto del deseo que aparece en un aria de Giulio Caccini. Orlinski también cambió su identidad y, dejando atrás a Ottone, endulzando su voz, fue ese enamorado que canta su adoración por Amarilli. Es de destacar que Amarilli, mia bella fue anticipada por una bellísima introducción del arpa, un añadido propio para esta versión y ausente en la partitura de Caccini. El primer capítulo de la primera mitad del siglo XVII también incluyó una passacaglia de Biagio Marini y un aria de Girolamo Frescobaldi. Una “Sonata para dos violines” de Johann Caspar Kerll ofició de puente hacia la segunda escena del espectáculo. Maravillas de Il Pomo d’Oro, en una de las improvisaciones del primer violín, interpretado por Alfia Bakieva, como al pasar, emergieron los sonidos iniciales de “Por una cabeza”, el celebérrimo tango gardeliano. El Barroco medio y el nuevo melodismo de la ópera veneciana aparecieron con dos arias bellísimas de Barbara Strozzi y de Francesco Cavalli. El puente hacia la tercera sección fue una extensa y muy improvisada sinfonía de Carlo Pallavicino sobre la cual, ya despojado de la capa y también de sus calzados, Orlinski, con un ambo gris claro, exhibió sus reconocidas capacidades acrobáticas desplegando una magnífica coreografía de breakdance. La tercera etapa del espectáculo desciende, geográficamente, hasta Nápoles y está centrada en recitativos y arias de dos óperas de Giovanni Cesare Netti, un olvidado compositor que vivió entre 1649 y 1686. De la ópera L’Adamiro, Orlinski, envuelto en aquella antigua capa inicial, con un paño cubriéndole la cabeza y encorvado y enclenque como una anciana, con voz deliberadamente fluctuante, entre desafinaciones y carraspeos, cantó sobre las necesidades imperiosas de una vieja por tener a su marido, un momento de humor exquisito. Por último, después de una frenética danza de Adam Jarzebski, Orlinski, ya sólo con una camisa oscura, cerró el espectáculo con un aria conmovedora de Sebastiano Moratelli. Con los brazos extendidos hacia arriba, inmóvil, de frente al público y en penumbras, se despidió entonando “el nombre del Amor, perece aunque siga vivo”. Mientras Il Pomo d’Oro interpretaba el ritornello que cierra el aria, Orlinski, como había ingresado un poco más de una hora antes, lentamente, se fue retirando del escenario. Con el último acorde se apagó la luz y una ovación estalló tan rotunda como justificada. Más allá de todas las excelencias musicales, Beyond es un espectáculo con una dramaturgia individual y magnificente. Hubo música, vestuario, danza e iluminación. Hubo oscuridad, luz y movimientos. Y, entre muchos personajes más, Orlinski fue Ottone, fue amante, fue bailarín, fue anciana y fue la figura final del amor. Ya fuera de Beyond, en un español tan precario como amistoso, Orlinski construyó otro espectáculo. Fuera de programa ofreció, sucesivamente, arias de Giovanni Borelli y de Francesco Cavalli. Y si hasta ese momento, el gran artista ya había conquistado y enamorado al público, todavía tenía una última atracción guardada en la mochila. Con un aria de Giuseppe Maria Orlandini demostró todas las acrobacias que puede hacer con su voz. Pero además, en un momento, en el medio de una cadencia, miró a la platea y cantó una frase de tres notas. Invitó al público a repetirla. Y siguió un insólito diálogo de ecos vocales, una suerte de call and response al mejor estilo de Freddie Mercury en Wembley, allá lejos y hace tantas décadas. Por excelencias irrebatibles, en la memoria histórica del Colón hay innumerables conciertos, óperas y recitales. Por haber alcanzado ese mismo nivel de majestad musical pero, sobre todo, por su originalidad y su unicidad, Beyond, de Jakub Józef Orlinski e Il Pomo d’Oro, tiene un sitial asegurado en ese Olimpo.
Fuente: La Nación