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Apnea: la práctica milenaria de aguantar la respiración que hoy tiene Mundial y tres argentinos en competencia
Cualquiera que de chico haya tenido una pileta en su casa alguna vez jugó a meter la cabeza bajo el agua y ver cuánto podía aguantar sin respirar. O a tirar un broche, una moneda o cualquier otro objeto pequeño al fondo para después bajar a buscarlo. Casi siempre era eso: una competencia entre amigos o hermanos, una forma de desafiar al cuerpo sin saber demasiado qué implicaba. Pero detrás de algo tan simple hay una práctica milenaria, que comenzó en la Antigüedad, se transformó en deporte organizado durante el siglo XX y desde hace 30 años tiene además sus propios Mundiales. Hoy existen dos grandes organismos internacionales, AIDA (Asociación Internacional para el Desarrollo de la Apnea) y la Confederación Mundial de Actividades Subacuáticas (CMAS), que organizan sus torneos. La edición 2026 del Campeonato Mundial de Profundidad de la CMAS se disputa por estos días en Roatán, Honduras, y allí hay tres argentinos que, con escaso apoyo económico, buscan dejar su huella en la disciplina.“Todo a pulmón”, resumen Sebastián Poodts, Hugo Lemos y Catalina Paz, quienes participan del CMAS World Championship Freediving Depth, que comenzó el 14 de agosto y terminará este jueves 27. El concepto es sencillo: bajar lo más profundo posible y regresar a la superficie sin respirar. El apneísta anuncia antes de cada prueba a qué profundidad intentará llegar, desciende siguiendo una cuerda vertical hasta ese punto y después debe volver. Todo con el aire que tomó antes de sumergirse.Hay distintas formas de hacerlo. En la prueba con monoaleta, los dos pies van sujetos a una única aleta grande y el deportista avanza con un movimiento ondulado, parecido al de un delfín. En bialetas utiliza una en cada pie, como las tradicionales de buceo. También existe la modalidad sin aletas, en la que solo puede impulsarse con los brazos y las piernas, y la inmersión libre, donde tampoco se usan aletas pero sí se permite tirar de la cuerda con las manos para bajar y subir.El freediving también tiene pruebas de pileta. Una de ellas es la apnea estática: el objetivo es aguantar la respiración durante el mayor tiempo posible mientras el deportista permanece prácticamente inmóvil, boca abajo y con la nariz y la boca bajo el agua.La apnea existe desde mucho antes de convertirse en deporte. Hay registros de buceadores en apnea desde alrededor del 3000 a. C., que se sumergían conteniendo la respiración, especialmente en Grecia y otras zonas del Mediterráneo, para buscar esponjas marinas, perlas, alimentos y otros recursos. Durante el siglo XIX y la primera mitad del XX empezó a aparecer también como desafío físico: bajar cada vez más profundo o permanecer más tiempo debajo del agua.Los primeros intentos por registrar récords llegaron en las décadas del 40 y del 50 y, desde los años 70, la actividad empezó a organizarse como deporte, sobre todo en Europa. AIDA fue creada en 1992 y cuatro años más tarde organizó su primer Mundial. La CMAS, que existía desde 1959, comenzó a disputar sus campeonatos mundiales en 2003. En Sudamérica, la disciplina creció con mayor fuerza entre fines de los 90 y comienzos de los 2000.Hugo Lemos tiene 43 años y es, de los tres argentinos, el único que vive en el país. La mitad de su vida la pasó en Rosario, donde nació, hasta que en 2004 se radicó en Comodoro Rivadavia, una de las pocas ciudades de Argentina donde se desarrolla la actividad. Las condiciones son exigentes: durante el invierno, el agua puede rondar los 5 o 6 grados, con mucho oleaje y poca visibilidad. En Comodoro conoció y se enamoró del mar, comenzó a hacer cursos, llegó a convertirse en instructor de scuba -el buceo con equipo autónomo de respiración y tanque de aire comprimido- y terminó abriendo su propia escuela, llamada Zeus.En 2021, un desafío personal y la necesidad de ampliar su negocio lo llevaron a sumergirse en el mundo de la apnea. Su mamá estaba enferma y él le contó que quería sumar esa actividad para generar un ingreso más, pero además le hizo una promesa: bajar 50 metros en Comodoro Rivadavia. “Vos siempre tuviste un ángel aparte, así que sos capaz”, le respondió ella. Con el tiempo, la apnea dejó de ser solamente una alternativa laboral. Su modalidad favorita es la profundidad, especialmente la inmersión libre, aunque también compite en apnea estática, donde llegó a permanecer 6 minutos y 11 segundos sin respirar.Durante mucho tiempo Lemos tampoco tuvo una pileta donde practicar. Aun así, se entrena de lunes a lunes. Por las mañanas suele hacerlo “en seco”, es decir, fuera del agua, con ejercicios de respiración y distintas técnicas. Entre ellas están la hipoxia, que acostumbra al cuerpo a funcionar con menos oxígeno, y la hipercapnia, que trabaja la tolerancia a la acumulación de dióxido de carbono. Por la tarde hace cardio, musculación y trabajos de alta intensidad (HIIT), mientras que los domingos suele ir al agua. Desde que llegó a Honduras, la planificación cambió: con el mar a disposición y mejores condiciones que en Comodoro Rivadavia, ahora puede bajar todos los días o día por medio.Cuando practica apnea estática, le gusta hacerlo por las mañanas y en ayunas. “Me seteo en blanco: hasta el minuto y pico bajo el agua no hago nada y, a partir de ese momento, canto o rezo”, cuenta Lemos, amante de la cumbia santafesina. Es además el único de los tres argentinos que recibió apoyo estatal, a través de Comodoro Deportes y Comodoro Turismo. Aun así, para poder viajar y representar al país en su primer Mundial tuvo que vender su camioneta. Llegó a Roatán el 3 de julio, más de un mes antes del comienzo de la competencia, para dejar atrás por un tiempo las aguas heladas de la Patagonia y adaptarse al calor del Caribe.“Es un deporte que está creciendo todos los días, pero todavía es desconocido para la mayoría de la gente”, sostiene Sebastián Poodts, quien participa en todas las diciplinas de profundidad, pero se especializa en sin aletas. Tiene 35 años, es de Olivos, vive desde hace tiempo en el exterior y actualmente está radicado en Roatán: “Cuando nos preguntan cómo es la preparación de un apneísta, la respuesta es simple: como en cualquier deporte, va a depender mucho de lo que cada uno quiera ser, de sus tiempos, su dedicación, su economía y, sobre todo, su disciplina y constancia”.Sebastián trabaja como instructor de freediving, por lo que reparte sus días entre entrenar y enseñar: “El entrenamiento en seco es fundamental: el gimnasio, el estiramiento, salir a correr en el llano o por colinas y también el yoga”. Poodts nada desde chico. Después de la pandemia empezó a buscar algo nuevo, una pasión que lo llenara y que además le permitiera viajar. La encontró casi por casualidad mientras estaba en Japón haciendo una temporada de snowboard con un amigo, que le habló por primera vez del freediving.A partir de ahí comenzó a investigar y, a través de las redes, conoció Go Daving, la escuela de un argentino en Tailandia. Viajó hasta allí como voluntario de un centro de buceo y empezó a practicar apnea. “No tenía idea de que para ir hacia el fondo había que ecualizar, compensar las presiones internas y externas del oído medio. Cuando mi instructora me enseñó, dije: ‘¿Qué es esto?’. Ahí conocí el freediving, me voló la cabeza en todo sentido y empecé a ir para abajo como un ancla”.Fue haciendo distintos cursos hasta convertirse en instructor, una actividad que después le permitió vivir y trabajar en Zanzíbar, un archipiélago de Tanzania, y en Dahab, Egipto, donde se encuentra el Blue Hole, uno de los lugares más emblemáticos del freediving. Ahora trabaja en Roatan Freediving, la escuela de buceo del organizador del Mundial, lo que le permitió pagar su inscripción a cambio de trabajo.En el tramo final hacia el torneo redujo la intensidad de los entrenamientos, porque llegar con demasiado desgaste puede jugar en contra: “Para competir en profundidad tenés que dormir entre algodones y estar al 100% físicamente, descansado y sin dolor de ningún tipo. Es un deporte muy desgastante para el cuerpo, pero sobre todo para el sistema nervioso”.Durante una inmersión, el organismo modifica el ritmo cardíaco y la circulación para ahorrar oxígeno y mantener abastecidos al cerebro y al corazón. A eso hay que agregarle la presión y el estrés de permanecer varios minutos sin respirar. Entre los principales riesgos están la pérdida de conocimiento por falta de oxígeno y las lesiones pulmonares o de oído por los cambios de presión.“Está bien sentir la presión, pero el dolor es un límite. Si te duele y no podés ecualizar -igualar la presión del oído con la del agua-, tenés que darte la vuelta y subir, porque si seguís bajando te podés perforar o romper el tímpano. También podemos lastimarnos la tráquea o los pulmones y, como ahí no tenés receptores de dolor, muchas veces no te das cuenta en el momento: lo descubrís al salir a la superficie, cuando te dan ganas de toser y aparecen pequeñas manchas de sangre en la saliva. Lo mismo pasa si estás congestionado o tenés bloqueados los senos paranasales. Por eso tenemos que mantenernos muy saludables: dormir bien, evitar el aire acondicionado, comer como deportistas, hidratarnos mucho y cuidarnos especialmente de cualquier congestión”, advierte.Entre la organización del Mundial y su trabajo en la escuela de buceo Go Diving, Sebastián tuvo que repartir sus tiempos antes de competir en la Caribbean Cup, durante la primera semana de agosto, y luego en el Mundial. En junio, para colmo, sufrió una lesión que condicionó su preparación y recién pudo volver a entrenarse a finales de julio: “Si tuviese un sponsor, podría entrenar de manera más estructurada, con otros tiempos, pero es complejo porque mi prioridad es trabajar como instructor, que es lo que me permite comer y pagar el alquiler”.Catalina Paz, de 24 años, también es instructora de apnea y trabaja en una escuela de Utila, Honduras, a unos 50 kilómetros de Roatán: Utila Dive Center. En su caso también tuvo que combinar el entrenamiento con el trabajo. “Vivir del deporte no
Fuente: La Nación Deportes