Bajo el eje “El próximo salto de la soja: oportunidades para seguir empujando los rindes”, DONMARIO organizó el viernes 21 de agosto una nueva edición de su Jornada de Actualización Técnica (JAT), un encuentro que se realizó vía streaming, y que convocó a especialistas de los diferentes eslabones del cultivo de soja para poner sobre la mesa las principales decisiones agronómicas y tecnológicas de cara a la próxima campaña.
La propuesta permitió abordar la producción de soja desde una mirada integral: conocer en profundidad el ambiente, elegir la genética adecuada, anticiparse a las condiciones climáticas, asegurar una implantación uniforme y transformar la tecnología en decisiones concretas dentro del lote.
El denominador común fue claro: la brecha de rendimiento todavía ofrece una oportunidad productiva que puede capturarse con mayor precisión en cada etapa del cultivo.
“EMPUJAR” LOS RINDES PARA UN SALTO DE LA SOJA
En ese sentido, Jerónimo Costanzi, gerente de Desarrollo de Autógamas de GDM, planteó que el cultivo de soja enfrenta el desafío de seguir aumentando la producción sobre una superficie que prácticamente ha dejado de expandirse. Este escenario presenta una importante oportunidad.
“El análisis de información productiva muestra que existe actualmente una Brecha de rendimiento cercana al 34% a nivel nacional, entendida como la diferencia entre los rendimientos obtenidos y aquellos que podrían alcanzarse mediante una mejor combinación entre ambiente, genética y manejo”, destacó Costanzi en el encuetro.
Aproximadamente la mitad de la variabilidad del rendimiento está asociada a las características propias de cada sitio, mientras que el resto se distribuye entre las condiciones particulares de cada campaña y las decisiones de manejo y genética.
Variables como la disponibilidad de agua, la presencia de napa, el cultivo antecesor, las propiedades físico-químicas del suelo, la fecha de siembra, la densidad y la elección varietal resultan determinantes. La disponibilidad hídrica continúa siendo uno de los factores centrales para definir los techos productivos.
“La información de la Red de Desarrollo GDM muestra, por ejemplo, que la presencia de napa puede aportar más de 500 kg/ha adicionales, además de contribuir a estabilizar los rendimientos frente a restricciones hídricas”, puntualizó.
“La nutrición constituye otra oportunidad relevante. Una proporción significativa de los suelos agrícolas presenta niveles limitantes de fósforo, azufre, potasio y micronutrientes, por lo que el diagnóstico mediante análisis de suelo y una fertilización ajustada a cada ambiente adquieren creciente importancia para cerrar brechas productivas”, dijo el especialista.
A su vez, el avance de la agricultura de precisión y el manejo sitio-específico permite transformar la variabilidad dentro de cada lote en una oportunidad. Ajustar genética, densidad y nutrición según ambientes permite direccionar los insumos hacia aquellos sectores donde existe una mayor probabilidad de respuesta y mejorar su eficiencia.
SOJA: LA GENÉTICA SIEMBRA MEJORAS
En este camino, la genética continúa desempeñando un papel fundamental. La integración del mejoramiento genético con biotecnología, genómica, fenotipado digital, fitopatología, ambientómica, ciencia de datos e inteligencia artificial permite desarrollar variedades con mayor potencial, estabilidad y adaptación a cada ambiente específico.
Para el especialista, la nueva frontera productiva está dentro del lote. “El desafío consiste en conocer mejor cada ambiente y transformar ese conocimiento en decisiones más precisas. Integrar genética, manejo, ambiente y tecnología son claves para aumentar los techos productivos, elevar los pisos y producir más eficientemente sobre las mismas hectáreas”, indicó.
Por su parte, el análisis del ambiente fue profundizado por Gerardo Rubio, Investigador Superior del Conicet, quien destacó que el denominado “efecto sitio” explica el 48% de la variabilidad de los rendimientos.
Por eso, planteó la necesidad de “complementar las herramientas digitales -como imágenes satelitales y mapas de rendimiento- con información obtenida directamente en el suelo” mediante análisis químicos y caracterización física.
De este modo, con el diagnóstico ambiental como punto de partida, Matías Venece y Diego Regnícoli, integrantes del equipo de Desarrollo, presentaron el posicionamiento de las variedades de DONMARIO y remarcaron que no existe una única genética capaz de responder de la misma manera en todos los ambientes.
La arquitectura de planta, la capacidad de ramificación, la distribución de los nudos y la eficiencia reproductiva son características que deben contemplarse al definir densidad y fecha de siembra.
LAS VARIEDADES DE SOJA DONMARIO
Por esto, el portfolio de la marca busca combinar potencial, adaptación y estabilidad, con materiales destinados a diferentes ambientes y regiones productivas.
Para los ambientes de alto potencial de la zona núcleo, DM 40E25 SE se destaca por su potencial y excelentes características agronómicas. Esta variedad ofrece, además de tecnología para el manejo de malezas difíciles, al igual que DM 38E26 SE, destacadas condiciones productivas para ambientes de media y alta productividad en siembras de primera y segunda, pensando en adelantar la cosecha.
Por otra parte, una variedad más cosmopolita de la marca es DM 46E25 SE, la que tiene la posibilidad de ser implantada en ambientes de baja, media y alta productividad, ofreciendo para múltiples regiones y fechas de siembra un equilibrio entre estabilidad y potencial de rinde.
Para la región central, incluyendo Entre Ríos, Córdoba y centro de Santa Fe, DM 50E25 SE incorpora tecnología Enlist y se presenta como una alternativa para planteos de media y alta productividad y en aquellos lotes donde el manejo de yuyo colorado, entre otras malezas problemáticas, constituye una de las principales restricciones.
A su vez, DM 60E62 SE se posiciona como un material de amplia adaptación y estabilidad, con destacado comportamiento en suelos calcáreos, mientras que para el NEA y NOA se destacó DM 67K67 SCE, con tecnología Conkesta para el manejo de lepidópteros; un lanzamiento 2026 que se destaca por su altísimo potencial de rendimiento.
La elección genética también debe contemplar las adversidades que pueden aparecer durante el ciclo. Los especialistas señalaron que una planta de yuyo colorado por metro cuadrado puede generar pérdidas de rendimiento de entre 11% y 40% (con niveles poblacionales más altos), mientras que aplicaciones químicas tardías realizadas sin la tecnología adecuada pueden sumar pérdidas por fitotoxicidad.
LA SOJA TAMBIÉN MIRA AL “NIÑO”
Cabe recordar que la próxima campaña tendrá además un componente climático que puede modificar las decisiones de manejo.
Adriana Kantolic, especialista en cultivos de la Facultad de Agronomía de la UBA, analizó un escenario de alta probabilidad de ocurrencia de un evento “Niño” de fuerte intensidad y explicó cómo la abundancia de agua no necesariamente se traduce en mayor rendimiento si el cultivo no logra aprovecharla.
Cómo prepararse ante El Niño extremo: en la zona núcleo estiman lluvias hasta 90% por encima de lo normal
En un escenario de lluvias intensas, elevada humedad y temperaturas superiores al promedio, el anegamiento aparece como uno de los principales riesgos.
“La saturación del suelo reduce la disponibilidad de oxígeno, afecta la supervivencia de los nódulos y compromete la fijación biológica de nitrógeno. El impacto puede ser especialmente severo cuando ocurre durante etapas reproductivas”, detalló la especialista.
Kantolic también puso el foco en el estrés térmico y en un concepto central para interpretar la respuesta del cultivo: la temperatura del canopeo.
“No alcanza con mirar la temperatura del aire”, explicó en su exposición, ya que una planta correctamente abastecida de agua puede mantener su canopeo más fresco mediante la transpiración, mientras que las restricciones hídricas o físicas del suelo pueden elevar la temperatura de los tejidos.
Frente a este escenario, recomendó diversificar fechas de siembra y utilizar grupos de madurez y genotipos adaptados a cada ambiente. También remarcó la importancia de conservar cobertura, controlar malezas y evitar compactaciones para favorecer una exploración radicular profunda y sostener el acceso al agua durante los pulsos de calor.
LA IMPLANTACIÓN, EL PRIMER SEGURO PARA LA SOJA
Por su parte, Enzo Cieri, gerente de Testing e Innovación de GDM, y Darío Cuesta, gerente comercial de DONMARIO Semillas, trasladaron la discusión al momento en que comienza a definirse buena parte del potencial del cultivo: la implantación.
La calidad de semilla, expresada en poder germinativo y vigor, constituye el primer respaldo para alcanzar un stand uniforme. Los especialistas remarcaron que una semilla de alta calidad reduce la desuniformidad espacial y temporal y permite que las plantas expresen mejor sus componentes de rendimiento.
Al mismo tiempo, Cieri advirtió que “los tratamientos profesionales de semilla pueden potenciar una buena genética, pero no pueden compensar una semilla de mala calidad”.
La regulación de la sembradora completa ese proceso. Trabajar con velocidades moderadas y estables, ajustar correctamente la profundidad y asegurar el contacto de la semilla con la humedad disponible son decisiones determinantes para lograr una emergencia uniforme.
Ver esta publicación en Instagram
Una publicación compartida por DONMARIO Semillas (@donmariosemillas)
Cuesta, en tanto, destacó “la profesionalización de la red de multiplicadores y la incorporación de clasificadoras, mesas densimétricas y tamañadoras” para mejorar la calidad física de la semilla.
En esa misma línea, la marca presentó la implementación de códigos QR en los envases de semillas fiscalizadas, que permiten acceder a informaci
Agro & Campo
“Estamos frente a una campaña histórica”: las 5 dimensiones para lograr un salto productivo con la soja
Fuente: InfoCampo