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Milei y la trampa del anacronismo
Los sentimientos son la materia prima de la política. Determinan los climas emocionales que imperan en la sociedad. Esto nos lleva a la actualidad de esta semana. Una encuesta de la consultora Mide, que conduce Gonzalo de Janin, se vuelve interesante no por lo novedosa sino por lo insistente. El 21% de los encuestados manifiesta incertidumbre; el 20%, angustia y tristeza; el 19%, enojo; el 17%, esperanza; el 13%, confianza; el 5%, miedo; y el 1%, alegría. El clima de desasosiego que llevó a Javier Milei al poder y que imperaba en la Argentina, sobre todo a partir de la pandemia y la cuarentena, parece reponerse lentamente. Este es un desafío enorme para la clase política. Esa atmósfera vuelve a poner en tela de juicio la calidad de la representación y la capacidad de la clase política para resolver los principales problemas de los argentinos. La encuesta de Mide repite algunas de las preocupaciones que también indican otros relevamientos: los bajos salarios aparecen en primer lugar, con el 24%; la desocupación y el desempleo también alcanzan el 24%; después figuran la corrupción, con el 10%, y la inseguridad, el Gobierno, la pobreza. Un 5% señala a la inflación. Y ese es el éxito del Gobierno. Aunque la inflación sigue siendo muy alta, posiblemente este año se ubique alrededor del 29% o 30%, cinco puntos porcentuales por encima de la que Cristina Kirchner le dejó a Mauricio Macri, cuando se hablaba de una inflación insoportable, la gente ya no la identifica como el principal problema frente al salario que no alcanza y la desocupación.Milei cree que se equivocan quienes señalan que existe un problema con los salarios. La encuesta de Mide indica que el 28% no llega a fin de mes; el 23% tiene muchas dificultades para llegar; el 21% llega justo, sin que le sobre nada; el 15% llega cómodamente; y el 10% tiene algunas dificultades. Es decir, el 25% está satisfecho. Todos los demás enfrentan alguna dificultad y el 28% no llega.Milei considera que esto es una ficción. Es rara esa percepción de Milei porque las estadísticas del Indec indican que el salario registrado cayó un 8,9% en términos reales desde que él llegó al poder y un 3% durante 2025.Hay variables que no siempre se tienen en cuenta al analizar este deterioro del salario. El tema es importante porque entre el poder adquisitivo y el consenso que inspiran los gobiernos parece existir una relación directa. El poder adquisitivo está erosionado porque, como en todo plan de estabilización, los salarios se demoran respecto de la inflación. Los gobiernos pretenden que las paritarias se ajusten según la expectativa de inflación futura y no de acuerdo con la pasada, para que la carrera salarial también desacelere la de los precios.Además, aumentaron los servicios públicos. Habrá que analizar si la imagen del Gobierno sube o baja en alguna medida cuando llegan las facturas de la luz y del gas. En noviembre de 2023, al final del gobierno de Alberto Fernández, había un sistema de subsidios absolutamente delirante que provocó una crisis fiscal. La emisión monetaria para resolver esa crisis fiscal estaba relacionada con la masa de subsidios que el Estado pagaba por los servicios públicos. En ese momento, las facturas representaban el 6% del salario registrado. Hoy esa participación alcanza el 15%. Es decir, los servicios públicos le quitan mucho más al salario y por eso hay tanta gente que dice que no llega a fin de mes.También está el problema del endeudamiento de las familias: algunas se endeudaron porque la tasa de interés era muy baja y otras lo hacen ahora con el principal propósito de pagar los alimentos. No se trata de una especulación financiera, sino de personas que no llegan a fin de mes y deben financiar sus compras con la tarjeta de crédito. Un gráfico oficial del Banco Central muestra que la carga de la deuda sobre las familias, en relación con la masa salarial total, alcanza el 23%. Si miramos la relación de la deuda de las familias con el PBI, llega al 12%, un nivel muy alto frente al 5% registrado en abril de 2024, el primer dato de la gestión de Milei representado en este gráfico del Banco Central. Milei sostiene que se trata de un problema entre privados, pero cuando el volumen alcanza esa dimensión y afecta a tanta gente, se transforma en un problema político.Si sumamos la participación de los servicios públicos y de la deuda en el salario registrado, en noviembre de 2023, un mes antes de la llegada de Milei, alcanzaba el 19%. Hoy representa el 38%. Para muchas familias es una carga muy alta que genera malestar político.Otro factor que podría incidir, a juzgar por la catarata de publicidad que hubo durante el Mundial de fútbol, es el gasto en apuestas, sobre todo deportivas, que afecta especialmente a los ingresos de la gente joven. No hay muchos datos al respecto en la Argentina. Sin embargo, existe un estudio muy interesante de la Reserva Federal de Nueva York, elaborado por Jacob Goss y Daniel Mangrum, que analiza el efecto de la autorización del juego online en algunos estados de Estados Unidos y lo compara con aquellos donde no fue permitido. Según el estudio, en los estados que lo autorizaron, el volumen de dinero destinado a las apuestas se multiplicó por diez. También aumentó diez puntos porcentuales el endeudamiento bancario y mediante préstamos para comprar autos entre las personas menores de 40 años.El juego es un tema que habrá que investigar en la Argentina, donde no hay demasiados datos. En FIEL, Fernando Navajas realizó un estudio muy interesante que publicó hace pocos días, aunque con menos datos que los que hay en Estados Unidos sobre este tema.Desde la llegada de Milei hubo un cambio en la agenda pública, como demuestra que la inflación aparezca con apenas el 5% entre las preocupaciones de los argentinos. El principal agente de ese cambio fue el Gobierno.La gran pregunta es si la dirigencia política, pero sobre todo Milei, puede adaptar su forma de interpretar el contexto en el que opera a la luz del cambio que él mismo provoca. Es decir, cuál es la plasticidad del Gobierno para modificar su lectura ante fenómenos que varían, entre otras cosas, por su propia acción.Este es un aspecto central de cualquier liderazgo. Uno de los principales problemas de un líder es mantener la sintonía con su tiempo, no volverse anacrónico ni ofrecer respuestas que correspondan a un período anterior. La sociedad cambia, la agenda se modifica y el Gobierno enfrenta un desafío enorme. Mientras tanto, no le va tan mal.Hoy se conoció el Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella. El mes pasado había caído unos seis puntos; el anterior había permanecido casi igual, pero venía de una baja de 12. Ahora subió un 6,4%. Es un índice que mide la confianza en el Gobierno de cero a cinco y está en 2,06.El promedio de Milei es de 2,36; el de Macri durante todo su gobierno fue de 2,27; y el de Alberto Fernández, de 1,69. Milei no está tan mal, está un poco arriba de Macri. Hay una correlación misteriosa entre este índice y el porcentaje de votos que obtendría el oficialismo en el momento de su publicación.Un índice de 2,06 indicaría que, si hoy hubiera elecciones, Milei obtendría el 41,2% de los votos. Estaría por encima del 40% y necesitaría que el segundo candidato sacara menos del 31,2%, de modo que existiera una diferencia superior a diez puntos, para ganar en primera vuelta. De lo contrario, debería ir a un ballotage, algo más complicado debido a la carga negativa que tiene.De cualquier manera, hay que aclarar que estos números se miden en condiciones que no son comparables con las de una elección porque no hay campaña. Habría que ver cómo se ajustan, hacia arriba o hacia abajo, con la campaña del Gobierno y la de los opositores, que hoy están dormidos.El concepto central es que al Gobierno no le va tan mal: es competitivo, pero está muy desafiado por una realidad, sobre todo económica, que a la gente no le gusta. Además, enfrenta el desafío extraordinario de adecuar su visión al nuevo contexto, modificado por su propia acción, que entre otras cosas redujo la inflación, pero produjo un ajuste muy importante en los salarios.Juan Carlos Torre, sociólogo e historiador, escribió un libro de memorias titulado Diario de una temporada en el quinto piso. Allí relata su trabajo en el equipo de Juan Sourrouille durante el gobierno de Alfonsín y la aplicación del Plan Austral. El libro no solo permite reconstruir aquel gobierno y aquel programa, sino que también analiza la lógica de los programas de estabilización.Torre sostiene que un programa de estabilización exitoso debe cumplir tres requisitos. Primero, tiene que tener consistencia técnica. Existe una discusión entre los economistas sobre si el programa de Milei y Luis Caputo cumple esa condición. Algunos pueden considerar que empieza a hacer agua porque el mismo ajuste vuelve a producir aquello de lo que buscaba alejarse: un problema fiscal por la caída de la recaudación. Es una dificultad importante que tiene hoy el Gobierno y que lo registra en el bolsillo del Tesoro. Por eso hay tantas noticias sobre fondos destinados, por ejemplo, a la reconstrucción de rutas que el Gobierno se los apropia para financiarse.La segunda condición que tiene que tener un plan de estabilización según Torre es que debe ofrecer una tierra prometida, un futuro que acompañe e inspire durante la marcha en el desierto. Todo problema de desestabilización tiene algún nivel de atraso salarial, con lo cual, implica un sacrificio.El Gobierno lo tiene claro: ninguna tierra prometida es una foto de lo que va a suceder, pero Milei asegura que vamos a ser un país próspero, como el que fuimos en nuestra época dorada, que para el Presidente fue a finales del siglo XIX y principios del XX. El discurso central es que el esfuerzo va a valer la pena. Sin embargo, en las encuestas aparece la disconformidad de los que dicen que ya hicieron el esfuerzo pero están desencantados. El tercer factor, punto central, es que los gobernantes
Fuente: La Nación