La Ciudad dio de baja la licitación para instalar un gift shop en el Cementerio de la Recoleta

El gobierno porteño dio de baja la licitación para instalar un gift shop con venta de comidas y bebidas al paso en una antigua bóveda del Cementerio de la Recoleta, luego de que el proyecto quedara envuelto en una disputa judicial impulsada por integrantes de la familia que había tenido la concesión del espacio.LA NACION confirmó que la Justicia hizo lugar este lunes al amparo presentado por Lucía Girado, una de las herederas de la familia propietaria del espacio, que cuestionaba la caducidad del permiso de concesión de la bóveda y solicitaba suspender cualquier disposición sobre el inmueble.Ante esa situación, la Ciudad decidió dar de baja el llamado a licitación pública que había sido oficializado el jueves 6 de agosto. En un comunicado al que tuvo acceso este medio, el gobierno porteño afirmó que los 30 propietarios registrados acumulan una deuda por mantenimiento de $22.215.070 correspondiente al período 2007-2026. A esa cifra se suman otros $15.587.653 por supuestos trabajos de reparación realizados por la Ciudad.Las autoridades señalaron que desde 2025 y durante el procedimiento adjudicatorio se enviaron cartas documento y se publicaron edictos, sin que ninguno de los titulares regularizara la situación ni abonara los montos adeudados. Según la versión del gobierno porteño, la declaración de caducidad siguió el procedimiento habitual que se aplica en los cementerios de la Ciudad y fue restituida a través de un procedimiento administrativo.Girado, en cambio, se diferenció del relato oficialista y aseguró que intentó regularizar la situación de la bóveda familiar en numerosas ocasiones. Con el correr de los años, explicó a LA NACION, perdió el rastro de cuál de sus familiares figura actualmente como titular en los registros del cementerio. Esa situación, le impidió hacerse cargo del pago de la tasa anual y del mantenimiento general de la bóveda. A lo largo de los años, contó, inició acciones legales para tratar de recuperar la titularidad, pero nunca consiguió resolver el trámite. “Nadie me dijo nada nunca. Vivo a 10 cuadras y voy varias veces al año: vi el deterioro y el cambio de estructura del cementerio, que antes era tierra de nadie”, señaló.“La bóveda no está abandonada porque yo voy; si desde la administración del lugar dicen que está abandonada porque no se pagó la tasa es otra cosa”, consideró en diálogo con este medio y sumó: “El director me dijo que se habían seguido todos los pasos correspondientes y que tenían los nombres de los familiares notificados: están todos muertos los de la lista”.Su padre y dos de sus abuelos fueron sepultados hace más de 20 años en la bóveda y comparte el lugar con numerosos parientes. “No sé si mi papá está ahí o no, no puedo saber si se llevaron nada”, lamentó la mujer. Mientras tanto, desde el gobierno porteño habían remarcado que para retirar a un familiar de la bóveda debía estar presente el propietario, al igual que para pagar la tasa anual.“Cuando empezó a deteriorarse la bóveda, fui varias veces a preguntar y me decían que tenía que ir el titular, que es el que tiene los papeles. Nadie sabe quién los tiene; es una bóveda ancestral y la titularidad va cambiando de persona a persona”, afirmó.En ese marco —y en medio de un recrudecimiento de las medidas de seguridad en el perímetro de la bóveda, que permanecía clausurada hasta este fin de semana, y cuyo acceso estaba bloqueado incluso para los familiares—, Girado recurrió al amparo y el juzgado contencioso administrativo N°6 hizo lugar al pedido. El panteón —al igual que casi todos los entregados en el siglo XIX— fue concesionado a perpetuidad a la familia oriunda del sur de la provincia de Buenos Aires.El espacio que iba a ser concesionado está ubicado en la Sección 17, Tablón 201 del Cementerio de la Recoleta, y tiene una superficie cubierta aproximada de 24,55 metros cuadrados. La licitación inicial contemplaba la explotación comercial del lugar durante cinco años y fijaba un canon base de $1.600.000.

Fuente: La Nación