Con alquileres y costos cada vez más altos, el productor Hernán Molea encontró una salida en la ganadería y diseñó el planteo para “darle un doble uso” a cada hectárea

Hernán Molea es productor de Los Toldos, en el partido bonaerense de General Viamonte, y pertenece a una familia que ya transita la cuarta generación vinculada al campo. Su planteo combina agricultura y ganadería, una estrategia que, según explicó, cobra cada vez más sentido frente al aumento de los costos, los alquileres elevados y el riesgo climático.
En agricultura, Molea trabaja con unas 400 hectáreas de trigo y ya piensa en la próxima siembra de maíz. La campaña de fina llega con buenas condiciones de humedad y, en su caso, con una apuesta mayor a la fertilización, en la que llevan incrementados al menos un 25% de kilos por hectárea.
El objetivo es sostener tanto el rendimiento como la calidad, aunque advirtió que la relación entre el costo de los insumos y el producto no es favorable.

“Hoy la relación costo-beneficio o costo-producto está altísima”, señaló, al referirse al precio de los fertilizantes. Pero no son los únicos que importan, porque a eso se suman el combustible y el flete que, según Molea, tuvo recientemente una suba de entre 20% y 25%.
Para el maíz este año eligió ciclos intermedios, buscando un equilibrio entre rendimiento y riesgo de cosecha. Los materiales demasiado largos pueden llegar a mayo con el grano en el campo y obligar a secarlo, agregando costos de comercialización. “Aportando los ciclos, en cualquier cultivo se sacrifica algún kilo de rinde”, explicó.
Pero el principal problema aparece cuando se incorpora el alquiler a la ecuación, ya que, señala el productor, que con los valores actuales hay campos que directamente dejan de cerrar para quien los trabaja. “El campo ya no da para dos”, resumió, en referencia a la dificultad de que la producción permita cubrir el alquiler y, al mismo tiempo, todos los costos y el margen del agricultor.

En su zona, los arrendamientos se ubican entre 15 y 17 quintales de soja por hectárea, dependiendo de la calidad del campo. Y cuando se hace la cuenta sobre un cultivo de maíz, el margen se achica considerablemente. “Hoy tenés un costo de indiferencia, fertilizando bien y haciendo las cosas como se deben hacer, de más o menos entre 8 y 9 toneladas por hectárea de maíz”, calculó.
Con rindes de alrededor de 11 toneladas por hectárea, eso significa que quedan apenas dos o tres toneladas antes de considerar otros riesgos y contingencias. “El riesgo es altísimo y el alquiler también es altísimo”, remarcó.
Frente a esa realidad, la ganadería aparece como una alternativa dentro del planteo. Molea siempre tuvo hacienda, aunque hace cuatro o cinco años abandonó la cría y se concentró en comprar terneros de invernada, hacer recría a campo y terminar los animales en corrales propios con maíz producido en el establecimiento.
“Hoy con más razón, porque el tema de ganadería está dando muy buenos dividendos. La ganadería te diría que rinde más que un lote de esto que estamos hablando”, afirmó.

El negocio ganadero está basado en producir kilos baratos durante la recría. Los machos llegan a unos 420-450 kilos después de una recría a campo que, en buenas condiciones de verdeo, puede permitir ganancias de 600 a 800 gramos diarios. Luego pasan a un feedlot propio para una terminación corta, de alrededor de 70 días. Las hembras, en cambio, salen con unos 320-330 kilos.
La clave, según Molea, está en comprar bien la invernada y aprovechar el campo para agregar kilos a bajo costo. “Uno trata de licuar un poquito lo que es el costo de la invernada al precio del gordo, hacerle kilos baratos a campo y llegar a la balanza con un buen diferencial de kilos de compra a venta”, explicó.
Esa estrategia también permite utilizar el mismo campo para más de una actividad. Durante el invierno, los animales aprovechan verdeos, principalmente avena, y luego esos lotes quedan disponibles para la agricultura, especialmente para soja. “Igual el campo le estás dando un doble uso”, señaló.
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Por eso, Molea ya no mira solamente cuánto puede producir una hectárea de maíz, sino cuánto resultado puede generar el capital y el riesgo involucrados. “Yo con mucho menos sacrificio y mucho menos riesgo, en definitiva hago la misma plata”, sostuvo.
En definitiva, su planteo busca integrar las dos actividades: recriar hacienda sobre verdeos, terminarla con maíz propio y luego aprovechar esos mismos lotes para agricultura. En un escenario de costos crecientes, alquileres firmes y alta incertidumbre climática, la diversificación aparece para este productor como una manera de reducir el riesgo y mejorar el uso económico de cada hectárea.

Fuente: Bichos de Campo