La carrera por llegar a fin de mes: más integrantes de la familia buscan trabajo y crece el peso de las deudas

Los ingresos de los hogares argentinos se mantienen rezagados en lo que va de la gestión de Javier Milei y también en términos históricos. Frente a esa realidad, algunas familias desplegaron distintas estrategias para afrontar sus gastos: buscaron un segundo empleo, sumaron integrantes al mercado laboral o recurrieron al crédito. Sin embargo, esa carrera para llegar a fin de mes empieza a encontrar límites. La mayor cantidad de personas dispuestas a trabajar choca con una economía que genera pocas oportunidades laborales de calidad, y el aumento de la morosidad implicó un freno al impulso del endeudamiento, especialmente para las personas.Un informe del Centro de Estudios del Trabajo y el Desarrollo (Cetyd), de la Universidad Nacional de San Martín, identificó dos movimientos que acompañaron el deterioro de los ingresos. Por un lado, creció el pluriempleo: cada vez más ocupados buscan una segunda fuente laboral. Por otro lado, aumentó la incorporación de personas al mercado de trabajo, un fenómeno que puede estar asociado al “efecto del trabajador adicional”: cuando dejan de alcanzar los ingresos de quienes ya trabajan, otros integrantes de la familia salen a buscar una ocupación.La mayor oferta laboral, sin embargo, no tuvo como contrapartida un aumento equivalente de las oportunidades. Según CETyD, durante la última década la cantidad de trabajadores del sector privado aumentó 17% y las horas totales trabajadas, 11%, mientras que la producción creció apenas 7%. El trabajo disponible, en otras palabras, se distribuyó entre una cantidad de personas que creció mucho más rápido que la economía.Una de las manifestaciones es la subocupación: personas que tienen empleo, pero trabajan menos horas de las que quisieran. Nuria Susmel, economista de FIEL, calculó que el 12% de los ocupados desearía trabajar más —la proporción más elevada desde 2022— y siete de cada diez de ellos buscan activamente hacerlo. El empleo total se encuentra apenas 1% por debajo de su máximo, pero no alcanza para absorber toda la demanda.Daniel Schteingart, director de Planificación Productiva de Fundar, enmarcó el fenómeno en una tendencia más larga. “Tenés básicamente una economía que crece muy poco. Como crece muy poco, demanda muy poco empleo formal”, explicó. A eso se suma que los sectores que actualmente traccionan la actividad son relativamente poco intensivos en mano de obra, mientras que la industria, la construcción y varias ramas de servicios, que demandan más trabajadores, muestran un desempeño más débil.Schteingart advirtió, además, que no todo el incremento de la participación laboral puede atribuirse al deterioro reciente de los ingresos. La caída de la natalidad y la creciente incorporación de las mujeres al mercado de trabajo constituyen una tendencia de más largo plazo. En un contexto de bajo crecimiento, buena parte de esa oferta laboral, sostuvo, termina “autofabricando” su empleo a través del cuentapropismo.Ese segmento funcionó como una suerte de refugio frente a la falta de puestos asalariados. Las plataformas digitales, los servicios de transporte o reparto y las posibilidades de vender bienes y servicios por internet redujeron, además, las barreras para generar una ocupación propia. Para Schteingart, eso ayuda a explicar por qué el desempleo aumentó, pero no se disparó. El límite empieza a aparecer en la subocupación: personas que consiguieron generar una actividad, pero necesitan trabajar más para alcanzar el ingreso que buscan.Más empleo, pero de menor calidadLa composición de los nuevos puestos refuerza esa lectura. Según Susmel, en el último año hubo una creación neta de alrededor de 350.000 empleos, pero todo ese incremento provino del sector no registrado: se sumaron unos 640.000 puestos informales, que compensaron la pérdida de aproximadamente 290.000 registrados.Analytica llegó a una conclusión similar. La informalidad alcanzó 44,2% de los ocupados, condición asociada, en promedio, con salarios 33% inferiores. Al mismo tiempo, el empleo asalariado privado formal acumuló 12 meses consecutivos de caída. La consultora encontró además que durante el primer trimestre aumentó el desempleo entre los integrantes del hogar que no son “jefes”, un indicio que considera compatible con el efecto del trabajador adicional para compensar la caída de los ingresos.El Ieral advirtió que el problema tampoco se resuelve automáticamente con una mejora de la actividad. Entre noviembre de 2023 y mayo pasado se perdieron unos 235.000 empleos privados registrados. Incluso actividades en expansión, como los hidrocarburos y la intermediación financiera, redujeron puestos. Para el instituto, el proceso de mayor competencia y búsqueda de productividad obliga a las empresas a reducir costos, con efectos sobre el empleo aun cuando aumenta la producción.Detrás de esa presión permanece la debilidad de los ingresos formales. Las mediciones disponibles difieren, pero ACM calculó que en junio los salarios registrados estaban 8,3% por debajo de noviembre de 2023 en términos reales. La caída era de 3,5% entre los privados y de 16,5% entre los públicos. El índice salarial general del Indec muestra una evolución más favorable, impulsada por el fuerte crecimiento del componente no registrado, aunque esa medición tiene un rezago estadístico de entre cuatro y cinco meses.El límite del créditoEl otro mecanismo utilizado para complementar los ingresos fue el endeudamiento. Según Cetyd, desde noviembre de 2023 el crédito bancario a las familias aumentó 77% en términos reales y el financiamiento otorgado por proveedores no financieros se duplicó. Los préstamos personales, más asociados al financiamiento de gastos corrientes e imprevistos, crecieron todavía más.Según un relevamiento de Casa Tres, el 58% de los consultados afirmó que él o alguien de su hogar tomó algún préstamo, crédito o financiamiento, o utilizó la tarjeta de crédito para financiar gastos en los últimos meses. Casi seis de cada diez. La proporción aumenta al 63% entre las mujeres y al 65% entre las personas de nivel socioeconómico bajo.Pero esa expansión dejó una carga cada vez mayor. En abril, los pagos de capital e intereses ya absorbían casi una cuarta parte de los ingresos de los asalariados formales. Al mismo tiempo, comenzó a deteriorarse aceleradamente la capacidad de pago.Los datos de junio sugieren que esa dinámica podría haber encontrado un primer punto de estabilización, aunque en niveles elevados. Según el último Informe de Bancos del Banco Central, la mora bancaria total bajó de 7,7% a 7,6%, con lo que interrumpió una secuencia de 19 meses consecutivos de aumento. Entre las familias, sin embargo, permaneció en 12,8% y en los préstamos personales continuó creciendo: pasó de 15,9% a 16,3%.Parte de la estabilización tiene como contracara una oferta de financiamiento a los individuos que perdió impulso. El crédito en pesos destinado al consumo de las familias se mantuvo prácticamente estancado durante junio. Econviews advirtió que el aumento de los incumplimientos lleva a las entidades a endurecer las condiciones para nuevos préstamos, lo que limita la recuperación del crédito. Los niveles de irregularidad, además, permanecen en máximos de más de dos décadas y son todavía mayores fuera del sistema bancario, donde algunas fintech y billeteras virtuales registran ratios de impago cercanos al 30%.

Fuente: La Nación