Tenían estudios y experiencia laboral, pero terminaron en la calle: qué revela un estudio sobre 2400 personas

“Tener un título ya no garantiza que una persona tenga un trabajo formal, una casa y que no caiga en situación de calle”, dice Alexandra Carballo Frascá, directora ejecutiva de Cultura de Trabajo, una fundación que se dedica a reinsertar laboralmente a personas que están en situación de calle en la Ciudad de Buenos Aires.La frase es una de las conclusiones de un estudio que hicieron en base a los perfiles de las 2400 personas con las que la organización trabajó entre 2016 y 2025. En una charla con LA NACION, Carballo Frascá asegura que hay muchos prejuicios alrededor de quienes duermen en la calle y explica cómo se logran derribar esos obstáculos que “cambian vidas”.—Uno de los hallazgos del estudio es que un 46,3% de las personas que se acercaron a la fundación tienen el secundario completo y un 17,8% finalizó el nivel terciario o universitario. ¿Qué se interpreta de este dato? ¿Cómo es que una persona con estudios llega a estar en emergencia habitacional?—Lo que vemos es que claramente tener un título universitario no es garantía de tener un empleo formal y de no estar en riesgo de exclusión social. Uno consideraría que esas personas tienen acceso a determinadas herramientas, redes de contacto y contención para no llegar a una situación de vulnerabilidad extrema, pero sin embargo esto sucede en un porcentaje que para nosotros es alto.—¿Recordás algún caso?—Alberto es un ingeniero que estuvo casi un año en situación de calle por haber perdido su trabajo. Después de muchos intentos para conseguir un empleo, no pudo pagar más el alquiler y se quedó en una plaza. Le daba vergüenza pedir ayuda. Los domingos visitaba a su hija y no le decía que no tenía dónde dormir ni qué comer. En general son profesionales que no tienen redes de apoyo o que sus lazos familiares ya estaban rotos y pasan por situaciones muy traumáticas. Quedarse en la calle es traumático. Y les es más difícil reinsertarse a quienes siempre trabajaron de manera informal.—¿Cómo impacta la informalidad laboral en esta población?—Uno de los principales descubrimientos del estudio es que casi el 70% había atravesado algún tipo de experiencia laboral desde la informalidad. Eso quiere decir que en su momento no tuvieron garantizados ciertos derechos que debería tener cualquier trabajador: un aguinaldo, una cobertura médica, cierta estabilidad laboral. La informalidad laboral excluye porque genera muchas veces la imposibilidad de acceder a una vivienda. —¿Esa imposibilidad de acceder a una vivienda es algo común en todas las personas en situación de calle?—Tanto las personas que relevamos de 2016 a 2025 y que hasta hoy se acercan a nuestra fundación se encuentran en lo que llamamos una situación de vulnerabilidad socio habitacional. A veces duermen una semana en un parador, después en la calle, en una plaza. Pueden conseguir una changa y pagar una habitación en algún hotel familiar. Sus situaciones cambian si logran una changa más o menos estable. Pero si el precio de la habitación aumenta, otra vez vuelven a caer en la calle. Están en peligro de exclusión inminente. Y tener una vivienda no te asegura evitar ese peligro. Un 12% de las mujeres que asistimos se han ido de sus hogares con los hijos por sufrir violencia por parte de sus parejas y se quedaron en la calle. —El informe observa que un 4,2% tenía antecedentes penales y el 10,4% dice tener problemas de consumo.—Estos resultados contrastan con los prejuicios que recaen sobre las personas en situación de calle. Se dice que son vagas, delincuentes. Es muy sencillo decir “andá a buscar trabajo”. Pero hay mucha gente que no está en situación de calle, incluso con estudios universitarios, y tampoco está pudiendo conseguir empleo. —¿Con qué obstáculos se encuentra una persona en situación de calle a la hora de querer buscar trabajo?—Puede llegar a estar en un parador o en un hotel, puede tener acceso obviamente a higienizarse, pero probablemente no tenga ni la ropa adecuada, ni esté bien alimentada, ni conozca cómo buscar trabajo o dónde. Si está en situación de calle plena, se le suma que además de tener hambre y todo lo anterior, está mal dormido, no higienizado, no tiene una tarjeta SUBE para viajar o no tiene plata para cargarla. Y lo más probable es que no tenga un celular. Y si lo tiene quizás no cuenta con conexión a Internet. Y si llena un currículum tiene que poner una dirección o un celular en dónde ubicarlo.—¿Cómo ayudan ustedes a esas personas?—Trabajamos en alianza con más de 600 organizaciones de la sociedad civil y con el gobierno: comedores, merenderos, paradores, hogares. Ellos detectan a las personas que están buscando trabajo o tienen cualidades y nos las derivan. El 90% de la población que llega a nosotros, llega a través de organizaciones. —¿Cuál es el siguiente paso?—Después de una primera entrevista, les damos talleres para que armen su currículum y capacitaciones para enfrentar una entrevista laboral y se sientan seguros. Sumamos talleres de oficios como plomería para hombres y mujeres, también de finanzas para que manejen su dinero de manera inteligente y no pidan préstamos en billeteras virtuales, un problema que estamos viendo mucho. —¿Cómo es la conexión con las empresas?—Nuestra misión es igualar oportunidades en el acceso al empleo. Somos como una consultora, un puente entre potenciales empleadores que están buscando contratar gente y personas que están en búsqueda de trabajo. Si su CV es elegido, nos contactamos con el parador o merendero donde suelen ir, porque muchos no tienen celular, y en esta instancia los ayudamos con la carga de la SUBE, les damos ropa y un lugar donde pueden higienizarse para presentarse en las entrevistas. —¿Cómo reaccionan las empresas cuando les acercan un currículm?—Al principio son escépticas, te dicen “qué me vas a mandar”. Pero cuando se dan las entrevistas se sorprenden porque se dan cuenta de que realmente le estamos mandando candidatos que están en condiciones de trabajar. —En promedio, ¿cuántas de las personas que asisten logran conseguir un empleo? —Siete de cada 10 personas que nosotros acompañamos no vuelven a quedarse fuera del sistema. Mejoran su estándar de vida, arman nuevas redes de contacto. No solo se reinsertan en el mundo del trabajo, vuelven a relacionarse con esos vínculos que dejaron de lado. —¿Qué caso recordás?—Alberto, el hombre del que recién te hablaba, consiguió un trabajo como tester de videojuegos en una empresa, después quiso formar su propio equipo de trabajo y ahora trabaja en una multinacional y alquila un departamento en Belgrano. Había dejado por un tiempo de ver a su hija porque no le podía llevar ni un regalo a su nieto. Ahora los visita siempre. Dar trabajo es cambiarles la vida.—Cuando tienen esa primera entrevista con ustedes, ¿con qué ánimo llegan?—Les preguntás qué experiencia laboral tienen y te dicen que no tienen porque piensan que una changa no es un trabajo. Una vez un chico me decía: “Nunca trabajé”. Pero después, charlando, me cuenta que se iba todas las semanas con el papá a levantar una pared como ayudante de albañil. Y eso es trabajo. Otra pregunta que les hacemos es la usual en una entrevista laboral, cómo te ves de acá a tres años. Y las respuestas son muy duras y te muestran cómo se sienten. Te dicen “no sé si voy a estar vivo” o “todavía en la calle”. —¿Y después cómo cambian esas ideas?—Es hermoso, porque hacemos reuniones post ocupacionales y les cambia la mirada. Te dicen “en tres años me veo terminando la secundaria”, “estudiando en la universidad”, “teniendo mi negocio”. Una pareja que se vino a Buenos Aires de una provincia del interior con su bebé para hacerle un tratamiento en el Garrahan en un momento se quedó en la calle, viviendo en paradores. Nos contactaron y ella empezó haciendo limpieza en una empresa y ahora trabaja en una multinacional, se entusiasmó y aprendió inglés para ser asistente. Al marido también lo ayudamos y consiguió trabajo en un frigorífico. Ahora alquilan un departamento y tienen una niñera. Todo cambia en ellos.Más informaciónLa Fundación Cultura de Trabajo realiza campañas para poder comprar la ropa que las personas utilizan en las entrevistas de trabajo y cargar sus tarjetas SUBE. Si querés donar, podés hacer click acá.Para conocer más lo que hace la fundación hacé click acá.Si querés seguir a la fundación en las redes, hacé click acá.

Fuente: La Nación