Un sueño raro: el seductor y desconcertante encuentro entre una mujer con su propio yo del pasado

Un sueño raro, texto y dirección de Romina Paula. Intérpretes: Susana Pampín y Carolina Saade. Espacio: Matías Sendón. Luz: Sebastián Francia. Sonido: Germán Cohen. Asistencia: Manuel Gallardo. Producción: María La Greca. Sala: Arthaus. Funciones: lunes a las 20 y sábados y domingos,a las 16. Nuestra clasificación: buena.3 starsCasi en simultáneo con la reposición (o estreno, para muchos) de El tiempo todo entero, aquella obra de culto de la temporada de hace 16 años, la directora y dramaturga Romina Paula acaba de estrenar Un sueño raro, una producción de Paraíso Club en colaboración con Arthaus Central y el apoyo de Impacto Finnegans.Para tratar de entender el maravilloso universo creativo de Paula, los gestores de Paraíso Club, siempre tan empáticos con el público, comparten un texto escrito por Pilar Gamboa e Ignacio Sánchez Mestre. “En las obras de Romina Paula los personajes no solo hablan entre sí, también piensan. Pensar se vuelve acción dramática. Los seres que crea presentan hipótesis, se contradicen, vuelven sobre una idea, la abandonan y la retoman. La tensión no nace únicamente de lo que hacen, sino del recorrido de sus pensamientos mientras intentan encontrar una explicación para aquello que viven”.El texto aplica perfectamente para esta historia de una tal Irene, una mujer de varias vidas que decide convertirse en actriz. Durante una hora, Irene joven e Irene adulta comparten un mismo espacio y un mismo tiempo aunque, en verdad, tampoco sea tan así. Es, como explica la misma autora, un encuentro de esta tal Irene consigo misma y con muchas preguntas sin respuestas como parte de una neológica propia en la que conviven los recuerdos, la emoción permanente y ese humor que siempre se las ingenia para habitar en las situaciones menos esperadas. “Ella es yo. Soy yo. Este que ven acá es mi tiempo, pero eso sólo lo veo yo. Ella-yo cree que soy su hija Aurora, mi hija Aurora, que aún no tuve, cree que ella soy yo. Pero yo no soy Aurora. Aunque ella me vea así”, suelta en algún momento la Irene joven o, tal vez, la hija de Irene que es ella. De adolescente ella pensó que la vida se le acababa. Un problema de salud la marcó, pero sobrevivió y se reinventó. Ahora mismo, en escena, piensa, reflexiona sobre sí misma en este juego escénico en constante mutación, de cruces temporales, de ficciones que se entrecruzan con lo que se enuncia como verdad. Como en todos sus trabajos anteriores, Romina Paula siempre se rodea de exquisitos actores, de intérpretes de una fuerza expresiva apabullante. En esta oportunidad vuelve a trabajar con la gran Susana Pampín como ya lo hizo (hace) en El tiempo todo entero, Fauna y Sombras, por supuesto. La otra Irene es Carolina Saade, una talentosa joven actriz que está por estrenar una obra dirigida por Marilú Marini. La conexión entre ellas es de una organicidad interna que asombra, emociona, conmueve. En algunas escenas da la idea de que le toman la mano a los espectadores para llevarlos a recorrer esta especie de museo/instalación sobre la vida de Irene (aun las no vividas todavía). Un sueño raro despliega sus formas en medio de una escenografía pregnante y seductora que divide dos espacios ubicados en una de las esquinas de la sala Arthaus. La gran mayoría de las acciones de este conservatorio entre las dos Irenes transcurre en el espacio más próximo a la primera fila de los espectadores. Lamentablemente, la falta de perspectiva y el escaso declive en donde está montada la platea dificultan el seguimiento de esta historia, que pone siempre en jaque este relato de dos presentes a cargo de dos seres que son o parecen ser uno.

Fuente: La Nación