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Isabel Macedo: cómo se despide de su villana favorita, su historia de amor y las dificultades de una familia ensamblada
Hay personajes que quedan grabados para siempre en la memoria del público. Delfina Santillán Torres-Oviedo, el papel interpretado por Isabel Macedo en Floricienta, es uno de ellos. Dos décadas después, la actriz volvió a ponerse en la piel de esta villana -creada por Cris Morena- en Margarita, la serie que surgió como un spin-off de la ficción protagonizada por Florencia Bertotti y que este lunes estrena su tercera y última temporada por HBO Max. “Fue como un regalo”, le confiesa Macedo a LA NACION invadida por sentimientos contradictorios. Por un lado, reencontrarse con esta malvada en este momento de su vida fue muy especial. No solo le dio la posibilidad de abordarla desde otro lugar -con más experiencia, madurez y herramientas como actriz-, sino que le permitió compartir la experiencia con sus hijas, Isabel y Julia, quienes la acompañaron de cerca y se convirtieron en sus fans número uno. Por otro lado, desde este lunes comienza la despedida de este papel que tanto le dio a nivel profesional y personal. “Me dejó cosas inolvidables”, asegura con un dejo de nostalgia.En estos últimos 20 capítulos (se estrenarán cinco por cada lunes), Delfina seguirá siendo una amenaza para Margarita, Fach y Andrés, quiénes lucharán por recuperar la democracia del ficticio Krikoragán. Además, los personajes interpretados por Mora Bianchi y Franco Yan avanzarán en la búsqueda de la verdad sobre su familia y el tercer hermano. “Estamos todos muy ansiosos y expectantes, se viene un gran desenlace”, anticipa la villana de esta historia. Como parte de este gran cierre, el legado de Cris Morena estará más presente que nunca a través de canciones, personajes, y guiños a esas historias que marcaron a distintas generaciones como fue el caso de Floricienta, Rebelde Way, Jugate conmigo y Casi ángeles. En medio de ese viaje nostálgico que propone esta última entrega, el legado de su serie madre estará más vivo que nunca a través de dos regresos especiales: Benjamín Rojas, que vuelve en la piel del recordado Franco Fritzenwalden, y Fabio Di Tomaso, que volverá a encarnar al conde Máximo Augusto Calderón de la Hoya. El padre de Margarita acompañará a su hija en el tramo más decisivo de su vida. —Se viene la tercera y última temporada de Margarita, ¿cómo se vive la despedida de un personaje tan significativo en tu carrera?—Para mí es muy movilizante. Siento que era un proceso que ya había hecho hace más de 20 años pero ahora llega la despedida real a Delfina Santillán Torres-Oviedo; un personaje que tanto me dio en lo profesional y en lo personal porque trabajar para chicos es un mundo totalmente diferente. Los chicos tienen mucha verdad, mucho amor, así que es muy emocionante. —¿Cómo fue volver a interpretar a esta villana después de tanto tiempo? ¿Cuál fue el desafío esta vez? —Fue súper icónico en su momento y de golpe fue como encontrarme con un papel en blanco y tener la posibilidad de hacer una Delfina con nuevos pactos, nuevas decisiones, nuevas maneras de pensar, otra madurez. Al interpretarla, tengo que pensar en qué aspectos creció, en qué maduró o qué cosas no va a cambiar jamás porque, viniendo de esa madre, tiene muy poquitas herramientas para manejar ciertas cosas. Entonces, hay lugares de los que nunca va a poder salir.—Eso es lo que te permite empatizar un poco con ella y entender por qué hace lo que hace…—Siempre cuando interpretás a alguien tenás que saber exactamente por qué lo hace y esta es mi explicación. Yo creo que a ella le cuesta muchísimo el amor y las relaciones por esto. Trata, lo intenta porque hay una parte de ella que creció y sabe que algunas cosas están mal, pero no puede evitar hacerlas. —Imagino que como actriz atesorás un pedacito de cada papel que interpretaste… ¿Qué te llevás de ella? —De todo. Primero tengo la sensación de que hace 20 años éramos como rockstars. Llegar a estadios, llenar tres Vélez de 50.000 personas, todas esas giras mundiales en una época en la que no había redes sociales era una locura. Así que me dejó cosas inolvidables. Y esta nueva oportunidad que tuve para volver a hacerla me encontró más segura, más tranquila, con un camino recorrido, con mucho trabajo en el medio, mucha formación. Entonces, me dio la posibilidad de disfrutarla. Fue como un regalo. Yo hubiera estado para hacer diez temporadas (risas). —¿Cuando Cris Morena te lo propuso fue un sí rotundo o dudaste? —Sí, no lo dudé. No lo dudé, porque realmente es un mundo en el que me gusta estar. Yo canto, bailo (aunque no tan bien), pero me gusta aprender y tener desafíos como esta posibilidad de cantar, bailar y actuar a la vez. Aparte es un personaje tan lindo, porque es la mala, pero tiene mucho color. Entonces, para sufrir se hunde en el fondo del pozo y en dos segundos ya no sabe qué le pasó, se olvidó. Siempre le voy a estar muy agradecida. Cris nos dio la posibilidad de vivir esto cuando éramos más chicos y ahora que yo pueda vivirlo en familia me parece muy espectacular. Siempre le voy a agradecer que haya pensado en mí. Me gustó el llamado, lo tome como un regalo. Creo que es la mejor en esto de unir la música con el baile, la alegría, los colores, los mundos mágicos y hacerte creer en ciertas cosas. Unir a todas las generaciones (la abuela, la madre, la hija). Eso solo lo hace ella. Muy poca gente lo logra. Yo la admiro muchísimo, es una mina súper fuerte. Uno no imagina de dónde sacaría tanta fuerza para seguir adelante y ella está ahí estoica. Es un ejemplo. View this post on Instagram —Delfina es malvada, manipuladora y vanidosa… ¿Qué cosas te enojan y sacan tu villana interior?—Puede ser la impuntualidad. También me pone muy mal la gente que no tiene ganas de nada. Me pone realmente muy triste y nerviosa, me transpiran las manos. Esa gente que hace las cosas con pesadumbre me exaspera, como que necesito que salgan de ese lugar rápidamente. —¿Qué dicen tus hijas? ¿Les gusta tener una mamá famosa?—Al principio no fue tan natural. Estaban más acostumbradas a ver a su papá [Juan Manuel Urtubey] en la tele que a mí, porque yo me aboqué a ellas cuando nacieron. Me veían en casa, las llevaba y traía del colegio, a sus actividades y, de golpe, me empezaron a ver en la tele (risas). Pero lo viven con mucha alegría porque es un programa que ellas pueden ver y que podemos compartir en familia. Fueron a todas las funciones, a los 14 Movistar Arena, a los 13 Tecnópolis, estuvieron en los ensayos. —¿Cómo fue tenerlas entre el público?—Fue tal cual me lo imaginaba cuando no las tenía. Siempre pensaba: “Me gustaría que si algún día tengo hijos que me acompañen y que sepan cómo es la vida adentro de un teatro. Que sepan que no es todo diversión, alegría, la foto y el abrazo, sino que también hay momentos de preparación, mucho estudio y muchas horas fuera de casa. También me gusta que sepan dónde estoy cuando no estoy en casa. Entonces, está bueno que me acompañen. View this post on Instagram —¿Y qué pasó durante todos esos meses de rodaje en Uruguay?—El primer año se instalaron conmigo allá porque Julia tenía 1 año y Belita, 5, pero después ya no por un tema de colegio porque allá es diferente la escolaridad y las tenía que anotar un año menos. Si están en jardín no se nota tanto, pero ya en primaria se nota esa diferencia. Entonces, nos veíamos cada 15 días. Fue súper difícil.—¿Cómo sos como madre? ¿Hay algo que te veas repitiendo de Lizzie, tu mamá?—(Risas). Ojalá me pareciera más a mi mamá, que es la persona más espectacular que conozco. Pienso que nadie te explica mucho cómo es esto de ser madre. Entonces, trato de ser mi mejor versión, la mejor mamá que puedo ser con ellas. O sea, cuando estoy con ellas, estoy con ellas exclusivamente. Aprendí a estar sin teléfono dedicándoles todo el tiempo posible, trato de no trabajar cuando llegan del colegio, las llevo y las busco todos los días, las llevo a sus actividades. Me gusta que vean que estoy ahí. Y también me gusta jugar con ellas. Hacemos personajes, cantamos, leemos libros. —¿Cuál es más parecida a vos?—Las dos se re parecen a mí. Son muy diferentes entre sí, pero tienen mucho de mí. En las dos puedo verme. —¿Qué pasaría si un día Belita y Julia te dicen: “mamá, quiero actuar en una novela”? —Por ahora no pasó, pero no sé que me pasaría. Yo arranque a los 6 años y después mi papá me dijo: “vos vas a terminar el colegio sí o sí, nada de trabajar ni hacer nada hasta que termines”. Entonces, tengo eso bien marcado en mi vida y pienso que fue una buena decisión. Por otro lado, pienso que la vida es tan corta que uno debería ser feliz la mayor parte posible, pero sinceramente no tengo una opinión formada sobre eso. Veremos qué pasa si sucede. A ellas les gusta mucho pintar, pero no quiero meterles ninguna ficha. Lo que sí quiero que sepan es en qué mundo vivo yo, que no es el más normal entre todas las mamás y papás; me parece interesante que vean que hay trabajos diferentes. Y, sobre todo, me gustaría que entiendan que es un trabajo. Aunque ellas lo tienen reclaro. La de 4 te dice: “Delfina es malísima, pero mamá no” (risas). Cuando me saco el maquillaje, saben quién soy. View this post on Instagram —Recién mencionabas esto de abocarte de lleno a la maternidad y dejar un poco de lado tu carrera, ¿Fue una decisión difícil? —No porque estaba totalmente decidida a dedicarme a eso, a hacerlo bien, era como mi nuevo trabajo. Si un personaje es un papel en blanco, imaginate traer un bebé al mundo. Tenés que aprender que esas niñas son quienes ellas quieren ser, que tienen sus decisiones, sus formas y sus maneras que, a veces, no tienen mucho que ver con uno, pero te tenés que quedar tranquila, respirando y pensando qué sería lo mejor para ellas, qué madre les gustaría tener en ese momento. Me gustaría que tengan un buen recuerdo de mí. Como que necesito que todo el tiempo sepan que estoy ahí para ellas. Quiero ser su primera opción si tienen que contarle algo a alguien, que piensen en mí. —¿Y cómo fue esto de armar una familia
Fuente: La Nación