Bernardo Stamateas, psicólogo: “A diferencia de los sentimientos, ninguna emoción dura para siempre”

Hoy más que nunca, en este mundo agitado en el que vivimos, necesitamos cuidar tanto nuestra salud física como nuestra salud emocional. Las emociones humanas influyen en el cuerpo y este, a su vez, influye en las emociones.¿Dónde nacen nuestras emociones? Nacen en el cerebro llamado “límbico”, el cual es una fábrica de emociones, y recorren nuestro cuerpo. Pero la primera gran verdad que quiero compartirte es que ninguna emoción dura para siempre. A diferencia de los sentimientos, que suelen ser más profundos y estables, las emociones son respuestas más breves. Pueden durar segundos o minutos. Y esta es una buena noticia: el enojo pasa, la culpa pasa, la ansiedad pasa.Cada emoción es una voz que nos habla y cumple una función. La alegría nos dice que hay algo bueno para disfrutar o compartir. La ansiedad puede advertirnos que percibimos una amenaza o que hay algo que nos preocupa. La vergüenza puede aparecer cuando sentimos que estamos siendo observados o evaluados. El enojo, en cambio, puede señalarnos que hay un obstáculo, un límite o algo que necesita ser revisado.Ahora bien, es muy importante escuchar esas voces, sin taparlas ni ahogarlas. Porque las emociones son nuestras amigas, ya que vienen para guiarnos. Pero tengamos presente que no deben gobernarnos. Una emoción puede ser un rey tirano y cambiante, pero también un excelente guía turístico. Si se lo permitimos, estará a nuestro lado para mostrarnos y ayudarnos a comprender lo que sucede dentro de nosotros.Sin embargo, lo más importante no es la emoción en sí, sino lo que hacemos con ella. Todos nos enojamos, pero ¿qué hacemos frente a esa ira? Si le damos rienda suelta y dejamos que nos dirija, estamos actuando desde el infantilismo. De chicos, la emoción nos gobernaba. Por eso, cuando nos enojábamos, gritábamos y llorábamos. Pero, a medida que crecemos, necesitamos aprender a regular lo que sentimos.Y una de las mejores formas de administrar nuestro mundo emocional es cuidando el cuerpo. ¿Qué significa cuidar el cuerpo? Respirar despacio. La respiración es una práctica poderosa que regula el miedo, la ansiedad y el enojo. También es muy aconsejable hacer actividad física. Caminar todos los días, por ejemplo, activa las emociones positivas. Dormir y comer bien, así como mantener cualquier rutina saludable, nos permite ordenarnos interiormente.Nuestro cerebro ama al orden porque una de sus principales funciones es garantizar nuestra supervivencia y detectar posibles peligros. Por eso, necesitamos mantener un cierto orden, algunas rutinas y un equilibrio —una especie de “homeostasis”—, en las diferentes áreas de nuestra vida para tener una sensación de control. Sin embargo, para no caer en el aburrimiento, también es bueno incluir, de vez en cuando, un poco de flexibilidad, de novedad, y de espontaneidad.Consejos prácticos a la hora de regular las emocionesEscuchá tu cuerpo antes de que comience a gritar. Prestá atención para detectar si hay tensión en alguna zona, hablale con cariño y tratalo bien.No pelees contra la emoción, porque siempre termina imponiéndose. Hacé que sea tu guía, no tu oponente. Escuchala, identificala y poné en palabras lo que te está pasando.Aprendé a distinguir entre emoción y peligro. Preguntate: “¿Esto que estoy sintiendo responde a un hecho o a una interpretación?”.Practicá varias veces por día la respiración rítmica (inhalar en cuatro tiempos y exhalar en seis) porque esta le transmite tranquilidad a tu sistema nervioso. Mové el cuerpo todos los días. Si estás mucho tiempo sentado, levantate cada hora y estirate.Prestá atención a tu digestión. Comer rápido activa muchas emociones. Por eso, hay que comer sentado, despacio y masticando bien cada bocado (sin mirar el celular o la televisión).Y, por último, practicá la esperanza y mantené siempre algún proyecto en marcha, porque eso ayuda a disminuir el ruido mental. Cuando estamos relajados y ocupados, nuestro mundo interior también se ordena.Pensamientos y emociones se retroalimentan. “Dime cómo piensas, y te diré qué emoción se va a disparar”. Recordá: somos seres emocionales que pensamos. Por eso, no hay que luchar contra las emociones, sino aceptarlas y permitirles que nos guíen hacia adelante.

Fuente: La Nación

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