Los argentinos que escribieron a fuego su historia en la Media Maratón de Buenos Aires

Más de 31 mil personas podrán decir que fueron parte de la misma carrera donde se logró el récord del mundo, la 37a. de la Media Maratón de Buenos Aries. Cada uno de esos miles tendrá su historia, pero un puñado de argentinos, los más veloces, escribieron la suya a fuego. Yomif Kejelcha marcó el récord del mundo con 56m51s, la carrera en sí logró un récord de inscriptos con casi 31.500; pero los primeros argentinos, la marplatense Sofía Luna, que después de dejar el deporte y ser mamá, volvió a buscar su “cuenta pendiente” con la disciplina, y el mendocino Ignacio Erario, que araño un récord de casi tres décadas, demostraron con sus pisadas, que tienen mucho para decir.La realidad es que entre las argentinas, la gran candidata era Florencia Borelli. Incluso Luna, antes de subir al podio, admitía para LA NACION: “Flor es una corredora que superadmiro, hay que ser realista: ella compite en otro nivel”. Pero como dicen los veteranos, las carreras hay que correrlas. Y cuando a las 8 de la mañana de un domingo frío y soleado, todos salieron a correr, la historia fue otra.La dueña del récord sudamericano, apenas logrado el año pasado en esta misma carrera, Florencia Borelli, salía a imponer su nivel y mezclarse con las africanas. Pero poco después de la mitad de la prueba, para el kilómetro 12, sus pasos se detenían sobre el asfalto. “Me impactó muchísimo cuando la vi parada, porque me di cuenta de que podía llegar a ganar la carrera”, reconoce Sofía. “Siendo honesta, hoy por hoy no hay otra forma de ganarle la carrera a Florencia Borelli si ella no abandona”. Pero las carreras hay que correrlas, y Sofía corrió como nunca. Pulverizó en más de cinco minutos su vieja marca y con 1h11m16s se impuso por seis segundos antes la cordobesa Dahyana Juarez. Ambas completaron el top ten, siendo novena y décima, y fue la misionera Chiara Mainetti, de 38 años, la completó el podio con una gran marca, 1h12m33s, el mejor tiempo de su vida.“Este logro es una deuda que quizá tenía el atletismo para con ella”, admite entre emocionado y feliz Leonardo Malgor, el entrenador de Sofía desde los 13 años. “Porque siempre fue alguien que quiso, que soñó con estar viviendo estos momentos. Pero veía que sus compañeras de generación (las mellizas Borelli, Belén Casetta) llegaban a logros que, por distintos motivos, a ella no se les daba”, explica el entrenador de varios atletas olímpicos. Incluso esa falta de cruzar las metas que soñaba la llevó a dejar el atletismo hace unos años. Nunca se alejó del deporte, incluso ganó algunas carreras de ciclismo, el entrenamiento era parte de su vida. Y finalmente todo cambió cuando fue mamá.Hace un año y siete meses nacía Eusebio, su primer hijo. A los tres meses de dar a luz, volvió a entrenar y “y desde los primeros entrenamientos soñaba con esta carrera, la más importante de la Argentina”. Fue más de un año con ese sueño en sus piernas. En el medio pasa la vida. Se fue tres semanas con toda su nueva familia a la altura de Cachi, en Salta, para entrenar al máximo nivel con al adaptación que dan sus 2300 metros sobre el nivel del mar. Muchos kilómetros, mucha dedicación, hasta que llegó el día. “Trabajé muy duro por eso, el podio estaba en mis planes. No sabía qué puesto iba a hacer porque había chicas muy fuertes”, reconoce Sofía, “pero siento que soy una buena competidora e iba a buscarlo”. Y se encontró con más de lo que soñó, con un logró que marca a un atleta argentino. “Cuando crucé al línea me emocioné un montón, pensé en Eusebio con nosotros en Cachi, en Santiago [su pareja] que me acompaña en todo, en todo lo que tenemos que mover las mamás para que algo así suceda”.Si algo dejó claro la carrera, es que Sofía Luna volvió, y volvió con todo. Y según afirma Leo Malgor, quizás la persona que más conoce su potencial, “tiene mucho más para dar”. El próximo sudamericano la espera. Mientras ella espera juntar los fondos (que aún no los tiene) para poder volver a Cachi y seguir entrenando por sus sueños.El que demostró que también “tiene mucho más para dar” es un mendocino de bigote finito, al igual que su físico. Bueno, obviamente todos son finitos en este deporte, de hecho el ganador de la general, Yomif Kejelcha mide 1,85 m y pesa 58 kg (una exageración de fino), pero Ignacio Erario, sin ser tan alto, no debe estar muy lejos de ese peso, y llevó su cuerpo al límite en esta carrera. Así lo vivió: “fue una competencia totalmente distinto a lo que yo pensaba. Salieron muy rápido, me fui con dos africanos hasta que se sumaron otros 6 o 7, después se me fueron. Después salí a buscarlos. Muchos cambios de ritmo, pero bueno... contento por cómo corrí, no me rendí hasta el final, lo di todo. Ese récord ya va a caer”.Ese récord al que referencia es el nacional de media maratón, que desde 1998 pertenece a Antonio Silio en la rama masculina con un tiempo de 1 hora, 0 minutos y 45 segundos (logrado en Uster, Suiza). El mismo Antonio, una leyenda del atletismo nacional, estuvo en la carrera, no de espectador, sino que volvió a correr, ¡después de 20 años! Ignacio quedó a 14 segundos de su récord, ¿cómo lo vivió Antonio? “Por un lado me puso contento que aún no tengo”, reconoció el entrerriano, “y por el otro, yo creo que va a llegar un momento en que se va a tener que bajar, y va a ser pronto — por la tecnología del calzado y muchas cosas más. Hoy en el mundo, hay 2.000 o 3.000 corredores que bajan de la hora”. ¿Cómo le fue al aún recordman vigente en su regreso a las pistas? Reconoce que disfrutó la carrera hasta el kilómetro 15 o 16, y a partir de allí la padeció. Pero terminó corriendo en menos de una hora y media, ¿parece poco? Recordemos que tiene 60 años.Volviendo al mejor argentino, Erario también se mandó un carrerón. Con 1h00m59s, rompió la barrera mental de los 61 minutos y sigue puliendo. Él, al igual que Luna, también sintió que su vida cambió por completo hace unos dos años. “Nació Felipe y me cambió totalmente, las prioridades, mi rutina, mis motivaciones”, reconoce mientras lo ve correr yendo y viniendo en la rampa que sube al escenario. “Está desatado, hay que perseguirlo, es un loco”, se ríe el padre orgulloso mientras Felipe no para de subir y bajar. Tampoco paró Erario de buscar ese récord que hoy está muy cerca y que sueña con hacer propio. Demostró en el asfalto porteño que es el mejor corredor de la actualidad, pero siente que un récord nacional le pondría el título a su nivel.Este domingo festeja, pero el lunes vuelve a entrenar, ya que en tres semanas tiene otra chance de buscar ese título, ahora en la maratón. Viajará hasta Alemania, a Münster, para desafiar esa distancia y el récord que ostenta Joaquín Arbe. Más allá del resultado en Europa, acá en Argentina celebró un podio en el que lo acompañaron Manuel Córsico con 1h03m56s y Lautaro Iraola con 1h04m11s. Aunque para él hubo una compañía más importante: “la motivación más grande que puedo tener es que me espere mi hijo, mi familia en la llegada”. Mientras le brillan los ojos, confiesa que, si lo dejan, lo quiere subir al podio.Ignacio y Sofía cambiaron sus vidas al ser padres, la vida es cambio. Una persona puede cambiar de todo, de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios, pero hay una cosa que no puede cambiar Benjamín, no puede cambiar de pasión. Ignacio y Sofía corrieron con pasión, y así escribieron con fuego su historia en la Media Maratón de Buenos Aires.

Fuente: La Nación Deportes