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¿Se animará Milei a dar un salto al vacío?
El Presidente decidió sublevarse contra la realidad. En su penúltimo discurso, ante el influyente Council of the Americas, cargado de palabras soeces ante un auditorio que no está acostumbrado a aplaudir esos modos, desmintió que el consumo se contrajo y que a una numerosa mayoría social le cuesta llegar a fin de mes con sus ingresos actuales. Hace un año esa desconexión con la realidad hubiera sido una excentricidad más en el presidente que nos tocó; ahora está entrando en una zona demasiado riesgosa porque dentro de poco más de un año deberá revalidar su condición de jefe del Estado. Su último aislamiento como inquilino de Olivos fue tan real que hasta ignoró lo que dicen públicamente algunos de sus ministros y de sus legisladores más destacados: la sociedad atraviesa una parte ardua, vacía y desaguada del desierto que significa el fuerte ajuste, que, vale reconocer, la economía necesitaba luego de la larga festichola kirchnerista. En ese mismo discurso se volvió a referir agresivamente, aunque sin nombrarlo, pero de manera inconfundible, al principal empresario argentino, Paolo Rocca, accionista y CEO de la multinacional Techint. Entre el público que lo escuchaba había muchos amigos o conocidos de Rocca; los aplausos al final del discurso fueron tibios y formales, muy distintos de las ovaciones de otros años. El Presidente dijo también que no se había equivocado cuando pronosticó una inflación que comenzaría en cero en agosto, a pesar de que la de julio fue del 2,1 por ciento. Pero él interpretó que el cero correspondía a la inflación mayorista, que fue del 0,8. Contabilidad creativa. Es cierto que la economía creció un 0,8 por ciento en junio con respecto de mayo, porcentaje que adelantó un crecimiento interanual del 2,7 por ciento. Esa evolución de la economía está promovida por la pesca, la minería, el petróleo y el sector agropecuario, franjas productivas donde hay un caudal significativo de inversiones que también debe destacarse. Pero el conflicto consiste en que las bondades de esa producción económica están lejos de los muy poblados centros urbanos y, sobre todo, del populoso y arisco conurbano bonaerense. En la propia capital del país es fácil ver en vastas e importantes calles y avenidas, muy cerca de los barrios elegantes, que existen más negocios cerrados que abiertos. O escuchar a argentinos que se quejan de los salarios insuficientes. ¿Cómo se explica ese crecimiento de la economía que convive con un amplio reclamo social por la escasez? Sucede que ni la pesca ni la minería ni el petróleo ni el campo altamente tecnificado son grandes creadores de mano de obra. La industria nacional y el comercio están, en cambio, muy mal. Y el 45% de los puestos de trabajo está concentrado en la industria, el comercio y la construcción; los servicios, que también se consumen más en los centros urbanos, constituyen otro alto porcentaje de la mano de obra ocupada (o desocupada). Por eso, el temor a perder el trabajo o a no conseguirlo supera ya a la inflación en las encuestas recientes.La última medición de la opinión pública argentina que hacen habitualmente Bloomberg y la agencia brasileña AtlasIntel, y que tiene mucha repercusión en el ámbito de los empresarios e inversores, señaló que la aprobación de Milei está en 37%. No es poco para el tamaño del ajuste que hizo. Su desafío es que esa cifra no siga bajando, aunque un encuestador señaló que “si la percepción de la gente sobre la economía no cambia Milei podría estar con cinco puntos menos, en un 32%, dentro de un año”. El 37% está cerca del 40 que él necesita, con una diferencia de diez puntos sobre el que le sigue, para ganar en primera vuelta y no ir a una segunda ronda electoral. Un 32% haría casi imposible el triunfo en la primera ronda electoral. El balotaje, un mes después, significaría ya un salto al vacío. Y el vacío es una oquedad con un final que nunca está a la vista.Ni la pesca ni la minería ni el petróleo ni el campo altamente tecnificado son grandes creadores de mano de obraMilei puede ufanarse de su 37% porque la aprobación del Gobierno está peor: es de solo el 30%. Según Bloomberg y AtlasIntel, la opinión sobre la situación de la economía es negativa para un 70% de la sociedad. Solo el 26% de los argentinos cree que la economía mejorará en los próximos seis meses, asevera esa medición. El núcleo del problema nuevo es que antes Milei descendía en las encuestas, pero nadie crecía: ahora está mejorando la imagen de Axel Kicillof, cuya imagen positiva está empatada con la de Milei; comparten, además, la misma imagen negativa, que es del 59%. Les guste o no, Patricia Bullrich conserva el liderazgo de la imagen positiva, de acuerdo con Bloomberg, y supera a Milei. Hace pocos días, el peronismo demostró que tiene una fórmula secreta para que desaparezcan las pendencias entre ellos cuando se avecina una elección, sobre todo las presidenciales. Se juntaron sorpresivamente casi todos los bandos que lo integran. Estaban los tres dirigentes más ambiciosos del partido de Perón: Kicillof, Máximo Kirchner en nombre de su madre (¿de quién, si no?) y Sergio Massa, que no renunció a su proyecto presidencial a pesar de que sus pobres encuestas deberían desalentarlo. Kicillof hasta prefirió abandonar por un instante sus esfuerzos para diferenciarse de Cristina Kirchner. Nunca pudo distanciarse definitivamente; después de todo, fue su ministro de Economía y su mejor discípulo cuando estuvieron juntos en el poder. Esa reunión se pareció al éxtasis de la decadencia, pero Milei debería comprender la historia y saber que las sociedades desesperadas suelen escapar de donde están por cualquier puerta. “Improbable”, dice un prestigioso analista de opinión pública cuando se le pregunta sobre un triunfo de Milei en primera vuelta el año próximo, aunque reconoce que a principios de este año su reelección estaba asegurada. Otro prefiere sintetizarlo de una manera más explícita: “Ganará si la gente puede llenar la heladera y perderá si la tiene vacía”. En resumen: las grandes teorías económicas y los hiperbólicos anuncios chocan, al final del día, con el famoso metro cuadrado que rodea a cada argentino.Los jóvenes son el sector etario que detesta el regreso al pasadoNada es normal ni previsible. En aquel discurso organizado por la organización empresarial norteamericana Council of the Americas, con viejos lazos con la Argentina, Milei elogió las importaciones y les reprochó a los empresarios argentinos el alto nivel de sus precios. La competencia es necesaria para el consumidor, y es cierto que una parte significativa del empresariado argentino prefiere el proteccionismo económico para vender sin competir. Esa es la histórica tendencia nacional de los negocios. El Presidente debería reconocer, a su vez, que la igualdad de condiciones es indispensable para que la competencia exista sanamente. La economía, en efecto, no debe cerrarse, pero la administración de Milei debería comenzar a bajar la presión tributaria, que va del 56 al 60% si se la mide sobre el sector económico que trabaja en blanco. Impuestos sobre impuestos, que no es obra de Milei, pero que lo ayudan a pavonearse con el superávit fiscal. Nadie habla de la carga impositiva, que es esencial para la competencia con las importaciones. Los malos modos y los insultos pasan inadvertidos cuando la economía es generosa, pero se potencian cuando la economía es módica. ¿Por qué insistir con la insolencia y la ofensa? ¿Por qué Paolo Rocca de nuevo? ¿Por qué otra vez la grosería en sus expresiones? Tales crítica pueden ser una cuestión de ñoños republicanos, pero esos ñoños son los que votaron a Milei en 2023 para fuera presidente de los argentinos. La moneda nunca tiene una sola cara. La obra más importante de Milei es haber instalado en la sociedad, sobre todo en vastos sectores de la juventud, la idea de que son necesarias en el país la competencia, la apertura comercial, el superávit fiscal y la libertad en el mercado financiero. Un cambio significativo en la idea de nación de los argentinos. Esta vez son los jóvenes los que están empujando otra idea de nación. Es el sector etario que detesta el regreso al pasado. “Por eso, el mejor capital político de Milei se llama Cristina Kirchner”, dice un hacedor de encuestas. Milei se resiste, también por eso, a arriar las banderas de una inflación descendiendo, de perseverar con el superávit fiscal y de no devaluar. “Ninguna decisión para resolver la microeconomía de la gente común puede quedar bien con esos tres principios; alguno o algunos deberán modificarse levemente durante un tiempo”, razona un funcionario. No hay solución, por ahora al menos: Milei rechaza cualquier innovación que modifique sus políticas fundamentales.Milei rechaza cualquier innovación que modifique sus políticas fundamentalesTambién corre el riesgo de romper la coalición que lo llevó al poder en 2023, cuando él era una experiencia política por conocer. El enfrentamiento permanente con Victoria Villarruel descarta que la fórmula presidencial vuelva a repetirse. ¿Y qué hará entonces la actual vicepresidenta? Nadie la imagina regresando a casa después del tiempo y las energías que ha gastado -y gasta- en recorrer el país. Va donde la invitan, paga sus pasajes de avión -aclaran sus laderos- porque Milei le sacó la posibilidad de usar la flota presidencial y pernocta donde puede. Ella podría agrupar a sectores nacionalistas, a cierto peronismo y a algún mileísmo desencantado con Milei. “No nos preocupa: tendrá un porcentaje bajo de votos”, vaticinan cerca del Presidente. No importa. ¿Y si son suficientes para condenarlo a Milei a una segunda vuelta en las elecciones presidenciales? En aquel enfurecido discurso ante los empresarios, Milei también destrató a Mauricio Macri, a quien le atribuyó un pésimo manejo de la economía en sus tiempos de presidente. No le hizo un favor a su jefe de Gabinete, Diego Santilli, un profeta de la paciencia y el optimismo. Los potenciales aliados (el macrismo y los cinco gobern
Fuente: La Nación