Leonel Bianciotti conoce bastante bien las dos caras de la lechería. Es veterinario, hijo de productor lechero y desde hace algunos años quedó al frente de una experiencia que se aleja bastante de la imagen tradicional de un tambo, donde los horarios de ordeñe organizan buena parte de la jornada y obligan a vacas y trabajadores a acomodarse a una rutina bastante rígida.
En Freyre, Córdoba, Bianciotti trabaja en el tambo robotizado de la cooperativa Manfrey, inaugurado en marzo de 2023 y presentado desde el comienzo como una suerte de tambo escuela, porque pone en valor casi todas las tecnologías disponibles. Allí las vacas tienen más libertad para decidir cuándo comer, cuándo descansar y hasta cuándo acercarse a los robot que las ordeñen.
Ya hemos mostrado en Bichos de Campo muchos otros casos de tambos estabulados, que recurren a los robots de ordeño, que tienen las vacas en camas bajo techo, que incluso modernizan las guacheras. Todo cambia respecto de los establecimientos lecheros más tradicionales. Pero posiblemente uno de los cambios más importantes sea menos visible: también cambió la rutina de las personas que trabajan allí.
“En serio les cambió la vida en comparación a alguien en un tambo común, que por ahí es un trabajo duro”, explicó el veterinario durante una visita de Bichos de Campo. “Acá los chicos trabajan seis, ocho horas, tienen su determinado franco al mes. Están bajo techo. Cambia el trabajo respecto de un tambo común, donde por ahí la gente en un día de lluvia camina por el barro y se tiene que levantar a las dos o tres de la mañana” para coordinar el primer turno de ordeñe.
Para Bianciotti, esa transformación forma parte de la misma búsqueda que inspira todo el sistema: mejorar el bienestar de las vacas, pero también el de la gente.
Mirá la entrevista completa con Leonel Bianciotti:
Bianciotti ingresó a la empresa cooperativa unos meses antes de la puesta en funcionamiento del tambo modelo, el primero de su tipo armado por una cooperativa en el país, por lo que pudo observar prácticamente desde cero la adaptación del rodeo al nuevo esquema.
“Lo vi desde que estaba vacío, sin vacas, hasta que se ordeñó la primera en el robot. Ver cómo va creciendo y evolucionando me tiene muy conforme y muy contento”, contó.
Las vacas que ingresan provienen de otros tambos tradicionales que ya tiene la empresa láctea y llegan luego de una recría convencional a campo. Una vez dentro del galpón comienza una etapa breve pero necesaria de entrenamiento.
El objetivo es que conozcan el circuito, identifiquen por dónde deben circular y aprendan a moverse dentro del sistema, que es de ordeñe voluntario. “En unos días ya aprenden enseguida”, explicó Bianciotti.
Desde entonces, buena parte de la rutina queda en manos de ellas mismas. Las vacas permanecen en una zona de camas y, cuando quieren comer o buscan pasar por el ordeño, se dirigen hacia una puerta automática. El sistema reconoce a cada animal y determina si tiene o no permiso para ordeñarse. Si ya pasó recientemente por el robot, la puerta la desvía nuevamente hacia el sector de alimentación.
-¿No hay nadie empujándola?
“No”, confirmó Bianciotti.
La intervención humana aparece solo cuando el sistema detecta que una vaca lleva demasiado tiempo sin acercarse al robot. Entonces su identificación cambia de color en la computadora o en el teléfono celular y los operarios salen a buscarla, porque puede estar sufriendo algún trastorno de salud.
Cada animal lleva además una identificación electrónica en la oreja que permite construir una ficha individual. Allí se registra cuánta leche produjo, cuántos días lleva en lactancia, cuánto alimento balanceado recibe, si fue inseminada, si está preñada y cuántos días pasaron desde el parto.
Ese seguimiento es especialmente valioso para el veterinario responsable. “Podemos ir siguiendo vaca por vaca lo que es salud, producción y reproducción”, señaló Bianciotti. A eso se suman sensores de actividad, ingesta y rumia que permiten detectar alteraciones incluso antes de que una enfermedad resulte evidente a simple vista.
Todos esos dispositivos “nos avisan antes de que la podamos ver si una vaca se está por enfermar, si se está quedando atrás y demás. Entonces podemos llegar antes”, explicó el joven profesional.
Respondiendo a una necesidad de sus productores, Manfrey estrenó en Freyre el primer tambo robótico cooperativo
El ordeño también rompe con la lógica tradicional de horarios establecidos. En lugar de llevar todo el rodeo hacia la sala dos o tres veces por día, el sistema funciona bajo un esquema voluntario. “La vaca se ordeña al horario que más le guste”, describió Bianciotti.
Incluso aseguró que existen observaciones sobre los horarios preferidos por los animales: “La vaca rara vez busca ordeñarse sola a la madrugada y tampoco le gusta levantarse temprano”, comparó.
La frase puede sonar anecdótica, pero sintetiza bastante bien la filosofía que sostiene al proyecto. La intención es que el animal descanse más, tenga comida disponible de forma permanente y reduzca al mínimo situaciones de estrés. Ese confort las hace más productivas.
El alimento se distribuye tres veces al día, mientras que otro pequeño robot marca De Laval se suma a los que ordeñan, y recorre el frente de los comederos entre cinco y seis veces diarias para volver a acercar la comida que las vacas pudieron haber desparramado.
El galpón cuenta además con camas de goma recubiertas con un sustrato para mejorar el descanso, ventilación, sombra y otras condiciones pensadas para aumentar el confort. Y Bianciotti asegura que esa comodidad puede verse luego en el tanque de leche.
Al comparar animales con genética similar alojados en tambos convencionales de la propia empresa, señaló diferencias importantes. “Una vaca que en un tambo convencional estaría entre 23 y 27 litros, acá está en 34, 35 o 36, y proyectando a lo mejor algunos litros más”, afirmó.
La alimentación es algo más ajustada a un sistema de alta producción, con una ración TMR de mayor calidad y balanceado suministrado dentro del robot, aunque el veterinario aclaró que esa diferencia por sí sola no explica el salto productivo. Es un combo de cosas, pero destaca que “cada vez más se busca darle confort a la vaca para que descanse más, para que coma más y así producir más leche”, indicó.
Actualmente hay unas 268 vacas alojadas en el galpón, cuya capacidad máxima prevista es de 280 animales. El rodeo continúa creciendo a medida que ingresan nuevas vaquillonas, muchas de ellas hijas de las mismas vacas que ya forman parte del sistema.
Pero a la par del primer galpón se está construyendo otro de tamaño semejante. Es evidente que Manfrey le ha encontrado el encanto al sistema.
También comenzaron a aplicar cambios en la crianza de los terneros, buscando abandonar progresivamente algunos esquemas más tradicionales de alojamiento individual con estaca para ofrecerles mayor comodidad. Y aunque esa experiencia todavía es reciente, Bianciotti contó que quienes trabajan diariamente con los animales ya notaron diferencias. “Los operarios están contentos”, afirmó en referencia a los nuevos corralitos bajo techo.
La automatización no termina en el ordeñe. Los pisos del galpón se limpian mediante un sistema de flushing, que libera grandes volúmenes de agua por gravedad para arrastrar los efluentes. Esa agua llega luego a una laguna de pre-tratamiento de efluentes. A los días, vuelve a incorporarse al circuito, reduciendo así la necesidad de utilizar agua nueva en cada limpieza.
El agua de lluvia también se recupera y se utiliza para distintas tareas dentro del establecimiento.
A eso se sumaron paneles solares, instalados aproximadamente un año antes de la entrevista, que permiten cubrir parte de la demanda eléctrica del galpón durante los momentos de mayor radiación. “Creo que la parte medioambiental es muy importante y que en un sistema así se vea y se trate de ser un poco impulsor de eso está bueno”, consideró Bianciotti.
El proyecto busca además funcionar como un espacio demostrativo. Productores, socios de la cooperativa y otras personas interesadas pueden acercarse a Suardi para conocer la tecnología, observar su funcionamiento y evaluar cuáles de esas herramientas podrían trasladar a sus propios establecimientos. “Quizás hay algo que les interesa, algo que quieran cambiar, ver o aprender. Las puertas están abiertas”, dijo Bianciotti.
Mientras Bichos de Campo recorría las instalaciones, detrás de cámara podía observarse además un segundo galpón en construcción. La idea es repetir prácticamente el mismo diseño y la misma capacidad del primero, con algunos pequeños cambios en la ubicación de los robots, para que las vacas no tengan que caminar tanto.
La experiencia, por lo tanto, está lejos de haber llegado a su techo. Bianciotti evita hacer cuentas sobre el costo de adoptar este tipo de tecnología porque admite que no es su especialidad. Tampoco supone que todos los tambos argentinos puedan transformarse inmediatamente en establecimientos completamente robotizados.
Pero sí observa una tendencia: “En Argentina estos últimos años fue creciendo la venta de robots. Yo creo que se tiende mucho a eso”, señaló. Pero más allá del robot, para él la dirección parece bastante clara: “Yo creo que es fundamental apuntarle a que la vaca esté cómoda”.
En Freyre, al menos, esa búsqueda ya modificó la rutina del rodeo. Y también la de los trabajadores que tienen que estar todos los días al lado de las vacas.
Agro & Campo
El tambo robotizado de Manfrey les cambió la vida a las vacas, pero también a los tamberos: “Acá los chicos trabajan seis u ocho horas y no tienen que levantarse a las 2 de la mañana”
Fuente: Bichos de Campo