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Franco Masini y Carlos Portaluppi: el desafío que los unió, la diferencia generacional y por qué necesitan volver al teatro
Franco Masini y Carlos Portaluppi pertenecen a generaciones distintas y construyeron sus carreras por caminos diferentes, pero comparten una certeza: el teatro sigue siendo el lugar al que necesitan volver. Ahora se encuentran por primera vez solos sobre un escenario. Desde el 26 de agosto protagonizarán Dribbling, un thriller teatral que los enfrentará durante una hora y media y pondrá bajo la lupa el poder, la fama, el dinero y las consecuencias de una acusación que es capaz de cambiarlo todo.Escrita y dirigida por el español Ignasi Vidal, la obra —que ya tuvo su versión en España— presenta a Javi (Masini), una estrella del fútbol internacional cuya carrera queda en riesgo después de ser acusado de abuso sexual, y a su representante (Portaluppi), el hombre que lo descubrió cuando jugaba en un club de barrio y lo acompañó hasta convertirlo en una figura. Entre ellos hay amistad, dependencia, afecto y un negocio millonario que proteger.“Dribbling es poder, es fama, es talento, es abuso”, resume Masini durante una entrevista con LA NACION, en medio de los ensayos finales en el Paseo La Plaza.—La obra parte de una acusación de abuso, pero termina abriendo muchas otras discusiones. ¿Qué creen que va a generar en el público?Carlos Portaluppi: —Hablamos de una violación, de un abuso, temas que están en la vida cotidiana, en muchos oficios y espacios. Y hoy tenemos las redes sociales, donde hay sentencias anónimas que afectan mucho la calidad de vida de las personas. Hay una mancha que queda, sea declarado culpable o inocente, algo que queda instalado en la opinión pública y es muy difícil después poder limpiar. Por supuesto que, si está justificado, está muy bien que esa mancha no se borre nunca más.Franco Masini: —Toda la parte que tiene que ver con el abuso va a ser un tema de conversación. En un momento sentís que uno es el malo, luego el otro. Va y viene. Entre ellos hay un amor-odio, se enfrentan pero también se necesitan.Para Masini, Javi tampoco cuenta con las herramientas emocionales para procesar la dimensión que adquirió su vida. “Se desborda por todos lados. Y ese desborde, al no poder manejarlo ni controlarlo, hace que sea un peso para vivir”, resumió.Mano a mano entre dos generacionesMasini y Portaluppi ya habían trabajado juntos en televisión hace algunos años en Cuéntame cómo pasó y desde entonces había quedado pendiente la posibilidad de volver a encontrarse. —¿Qué encontraron trabajando juntos en un proyecto que depende tanto de ustedes dos?Masini: —Siempre tuve la idea de hacer algo desde una diferencia generacional. Nunca había hecho una obra de dos personajes y poder hacerlo con Carlos me interesaba mucho.Portaluppi: —Trabajamos mucho juntos, nos miramos a los ojos y va y viene. Hay un hilo que está bueno en el trabajo.—¿Y sienten que aprendieron algo específicamente del otro?Masini: —Sí. Desde que empezó el proceso soy como un observador en silencio. Observo qué pregunta, cómo reflexiona, qué conclusión saca cuando lee un texto y lo cambia. Después, cuando veo la verdad con la que me dice las cosas, pienso: “Claro, ahora entiendo todo”. Me está haciendo crecer muchísimo.Portaluppi: —A mí me llama mucho la atención su manera de trabajar. Tiene una velocidad mental muy poco frecuente, una cabeza muy ágil y mucha intuición. Desde las primeras lecturas yo ya veía el personaje. Me gustaría poder tener un poquito de eso, ver qué pasa en su cabeza y cómo construye su mundo. Es un placer trabajar con Franco. Me sorprende cada ensayo. Me pone en el lugar de pensar: “Me voy a tener que esforzar un poco más”. Me está exigiendo mucho y eso está bueno.El texto de Vidal exige además una dinámica veloz, con diálogos que se pisan y superponen. Aunque parten de la misma obra que se representó en España, Masini siente que durante los ensayos encontraron una identidad propia: “Hay otra sensibilidad en lo que va sucediendo entre ambos personajes”.“El teatro para mí es la madre”Ese mano a mano también los devuelve al lugar en el que ambos comenzaron. Portaluppi se formó recorriendo el circuito independiente porteño; Masini dio sus primeros pasos sobre las tablas antes de que la televisión lo convirtiera en una cara conocida.—Los dos hicieron cine, televisión y teatro. ¿Qué les da el escenario que no encuentran en los otros formatos?Portaluppi: —El teatro para mí es la madre. Es el espacio en el que me formé como actor. En la época en la que empecé creo que hice casi todos los sótanos que había en Buenos Aires. El teatro tiene algo que no te dan el cine ni la televisión: está el público, el ida y vuelta directo. De golpe sentís que estás respirando a la par del público.Masini: —Hay una pureza de estar ahí arriba y sacar todo. El instrumento está vivo y es lo único que tenés. También es donde arranqué y donde me formé. Siento que es el espacio donde más puedo jugar y donde más libre me siento. Una vez que estás arriba y se levanta el telón, hasta que termina nadie te va a interrumpir.Para Masini, Dribbling también significó recuperar una sensación que la rutina profesional puede desgastar. “A veces uno, con el oficio y con los trabajos, va perdiendo un poco esa pasión inicial de pensar por qué eligió lo que está haciendo. Esto me genera exactamente esa sensación que tenía cuando empecé a actuar”.—Si miran hacia atrás, ¿qué personajes sienten que marcaron un antes y un después en sus carreras?Masini: —Tengo uno en cada medio. En cine, Guillermo Puccio en El Clan, porque me encontré con Pablo Trapero, Guillermo Francella y gente de muchísimo oficio que me hizo pensar: “El cine es por acá”. En televisión, Esperanza mía, que fue un personaje que quedó bastante presente. Y en teatro, La naranja mecánica: me metí en un mundo al que no estaba acostumbrado y fue una experiencia enorme.Portaluppi: —Tuve la posibilidad de trabajar con grandes directores y actores y de formarme con gente como Tito Cossa y Augusto Fernandes. Pero fue la televisión la que me puso en un lugar más conocido, con Vulnerables y el personaje de Dominici. Y últimamente El marginal, con Morcillo y la masividad que adquirió a partir de Netflix. Me pasó de estar en otro país y que me reconocieran por eso.“Estamos en una etapa muy dolorosa para la cultura”Dos recorridos distintos que confluyen ahora en una misma sala, en un momento en el que Portaluppi encuentra una fuerte contradicción entre la vitalidad de los escenarios porteños y la situación del audiovisual argentino.—Después de tantos años de carrera, ¿cómo ves el momento actual del teatro y de la industria audiovisual?Portaluppi: —El teatro siempre está floreciente, activo, vivo. No pasa lo mismo con el audiovisual, que en este momento está absolutamente frenado, censurado, atacado. Estamos en una etapa muy dolorosa para la cultura. El teatro siempre ha sido un estandarte cultural que no se ha dejado derrumbar y está más vigente que nunca. Esperemos que la situación se revierta y que nuestra pequeña industria cinematográfica vuelva a renacer.Franco Masini: una nueva etapa A los 32 años, Masini asegura que su forma de pensar la profesión también cambió. “Ya no soy el chico que era antes”, reconoce.—¿Sentís que hoy elegís tus proyectos desde otro lugar?Masini: —Sí. La edad me hizo replantearme muchas cosas y seguir descubriendo qué es lo que me gusta. Desde un lado más maduro, puedo elegir hacia dónde quiero ir, qué quiero hacer y cómo lo quiero contar.Después de la pandemia, esa búsqueda coincidió con oportunidades laborales en México y España.—¿Te interesa seguir desarrollando una carrera afuera?Masini: —Sí, por supuesto. La Argentina es el lugar donde más contento estoy y todo proyecto acá siempre va a ser mi prioridad. Pero se me fueron abriendo puertas en México y España y fueron experiencias muy lindas. Me encanta conocer otras culturas, pero también tengo muchas ganas de seguir haciendo cosas acá, que es donde están mi familia y mis amigos.—También desarrollaste una faceta vinculada con la moda. ¿Cómo convivís con ella?Masini: —Todo lo que tiene que ver con moda en los últimos años se me hizo muy natural. Es algo que me gusta y una cosa fue llevando a la otra hasta lo de Tommy Hilfiger. Me fui a filmar a Londres y después verme en un cartel en otro país fue impresionante. Pero la actuación sigue siendo el centro. Uno no está actuando los 365 días del año y es un muy lindo complemento. Siento que el movimiento genera movimiento. View this post on Instagram Los proyectos que vienenMientras ensaya Dribbling, Masini acaba de terminar el rodaje de una película para Prime Video, todavía sin fecha de estreno, en la que interpreta a un jugador de polo. El papel implicó además un nuevo aprendizaje: debió entrenarse a caballo para poder manejar el taco durante las escenas.Portaluppi, en tanto, espera para septiembre el estreno de Mis muertos tristes (Netflix), la serie de Pablo Larraín basada en relatos de Mariana Enríquez que filmó entre la Argentina y Chile, mientras continúa recorriendo el país con la obra Maldita felicidad.Por ahora, ambos tienen la mirada puesta en el estreno de Dribbling y en ese vínculo que deberán sostener noche tras noche frente al público. “Una vez que arrancamos y nos miramos a los ojos, es como una pelota que se empieza a agrandar”, resumió Masini.La obra tendrá funciones todos los miércoles a las 20.15, y las entradas estarán disponibles a través de Plateanet.
Fuente: La Nación