De enemigos a aliados: el regreso de pumas y yaguaretés

Los grandes depredadores de la Argentina comienzan a recuperarse. Su regreso restaura funciones ecológicas clave y genera oportunidades para las comunidades locales. Allí donde pumas y yaguaretés eran percibidos como una amenaza, hoy pueden convertirse en aliados del desarrollo a través del turismo de naturaleza.La historia de pumas y yaguaretés es una de éxito, drama y redención. Los ancestros del puma llegaron a Sudamérica desde Norteamérica, pero la especie habría evolucionado aquí: su fósil más antiguo, de unos 1,2 millones de años, fue hallado en Argentina. Desde Sudamérica, los pumas se expandieron por casi todo el continente. Los yaguaretés aparecen primero en el registro fósil de Norteamérica, hace unos 800.000 años, y luego colonizaron Sudamérica, donde llegaron hasta la Patagonia.Con la colonización europea comenzó el drama. En la Argentina, los pumas fueron erradicados de amplias regiones, especialmente del centro y sur. Los yaguaretés llevaron la peor parte: desaparecieron del 95% de su distribución histórica. Hoy sobreviven menos de 250 individuos y la especie está en peligro crítico de extinción. Ambos felinos fueron perseguidos por depredar ganado ocasionalmente, un conflicto agravado por el avance de la frontera agropecuaria y la disminución de sus presas naturales.En las últimas décadas, varios factores favorecieron el regreso de estas especies. El puma recoloniza naturalmente áreas donde había sido erradicado, por la disminución de la caza de control debido al colapso de la producción ovina. El caso del yaguareté es más complejo: sus poblaciones de Salta, Jujuy y la región chaqueña continúan disminuyendo, mientras que la de población de Misiones muestra una leve recuperación. La gran noticia llega de Corrientes, donde una colaboración inédita entre el gobierno provincial, Parques Nacionales, el Conicet, instituciones de países vecinos y Rewilding Argentina logró un hito: reintroducir la especie en los Esteros del Iberá. Allí, se pasó de cero yaguaretés en 2020 a más de 50 registrados en los últimos seis años.La recuperación de estos depredadores restaura ecosistemas. Estudios en marcha sugieren que la depredación de pumas y yaguaretés sobre guanacos y carpinchos, respectivamente, puede estabilizar o limitar sus poblaciones, favoreciendo la vegetación. Además, los zorros tienden a evitar áreas muy usadas por estos felinos, lo que beneficia a aves que nidifican a baja altura. Estos son algunos ejemplos de su papel fundamental en los ecosistemas.El regreso de estos felinos es clave para el ecoturismo y las comunidades locales. En el sur de Chile, la observación de pumas es una actividad especializada y económicamente valiosa, que genera oportunidades laborales y puede extender la temporada turística más allá del verano. Allí, varias estancias combinan la ganadería con el turismo de observación de pumas.En 2015, en el Pantanal brasileño, el turismo para observar yaguaretés generó al menos US$6,8 millones en ingresos directos. En la misma superficie, las pérdidas ganaderas por felinos se estimaron en US$121.000, un monto ampliamente compensable por el turismo. Por superficie, el turismo genera US$84,3/ha/año, tres veces más que el estimado para la ganadería. La tierra vale más con los yaguaretés presentes.El retorno de estos felinos no está exento de desafíos. Su presencia representa una amenaza real para el productor. Sin embargo, existen herramientas para promover su persistencia en paisajes productivos. Perros y burros protectores, boyeros eléctricos, dispositivos visuales y sonoros y cambios en el manejo del ganado son algunas de ellas. El turismo de observación de fauna se perfila como otra poderosa alternativa.En síntesis: el regreso de pumas y yaguaretés mejora nuestros ecosistemas y puede impulsar las economías locales, consolidando a la Argentina como destino internacional de turismo de naturaleza. Si superamos algunos desafíos, el retorno de estos magníficos animales será definitivo.

Fuente: La Nación