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Sin autocrítica, Milei hizo una fuerte defensa del modelo económico y apoyó a Sturzenegger
Durante casi una hora, el presidente Javier Milei defendió de manera vehemente el modelo económico y el plan de desregulaciones que impulsa Federico Sturzenegger. Sin autocrítica, relativizó el cierre de empresas, la caída del consumo y cuestionó a quienes afirman que ha crecido el desempleo y que los salarios no superan a la inflación. “Voy a dejar en evidencia la precariedad y pobreza analítica de los economistas argentinos en los análisis que hacen. Debe ser que, como la Argentina es una economía que se ha caracterizado en los 100 años previos a nuestra administración a ser un país decadente, parece que deben tener las herramientas bastante oxidadas”, acusó el libertario, en un arranque cargado de ironía contra sus detractores. El presidente arribó al hotel Alvear minutos antes de las 13, cuando el canciller Pablo Quirno aún culminaba su participación en la reunión anual del Consejo de las Américas. Cuando le tocó subir al escenario, luego de un rato en el salón VIP del evento y ya con luces más bajas, Milei ensayó un largo y efusivo discurso en el que buscó defender el rumbo económico de su gobierno ante las críticas de la oposición y los incipientes estudios de opinión que advierten sobre el crecimiento de un malestar social con la gestión libertaria. Con claro tono electoral, expresó su esperanza de que “los argentinos no quieran volver al pasado y quieran ser Cuba”, y desplegó una y otra vez sus ya conocidas críticas a los “zurdos”, los “pañuelitos verdes”, los medios de comunicación y economistas que difieren de su visión de la coyuntura. Relacionó la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo con la baja de la tasa de natalidad que se registra desde hace años en el país. “Si una característica del crecimiento es el rendimiento del capital, también tiene importancia lo que pase en el mercado del trabajo y la población. De hecho,estamos pagando muy cara la locura de los pañuelitos verdes”, dijo. Milei habló de "los argentinos que no quieren convertirse en Cuba" y de la campaña de los "pañuelitos verdes"Enseguida, comparó los índices de inflación del último año de los gobiernos anteriores. Destacó el último dato de la inflación mayorista publicado por el Indec, un índice del 0,8%. “Mal que le pese a los medios y economistas, arrancó con cero, así que haré otro recital como había prometido”, anticipó. Destacó la baja del riesgo país, al que situó en 80 puntos y dijo que la baja generará “creación de valor”, aunque el riesgo país actual trepa a los 500 puntos. Prometió hacer un recital con su banda de música para celebrar el índice inflacionario. En otro arranque de furia, definió como “estupideces” las alusiones a que “la gente no llega a fin de mes”, dificultades que admiten incluso miembros del gabinete nacional o sus principales espadas legislativas, como Patricia Bullrich. “Así como aparecen empresas, otras desaparecen, es natural. Se van reasignando los recursos porque van cambiando las condiciones de la economía”, destacó. Más adelante, les preguntó a los presentes, con tono desafiante: “¿Qué es lo que quieren ustedes con su competencia? Que desaparezcan", se entusiasmó en defensa de la libertad de comercio. “Si quieren vender la misma remera que hacen los chinos, 5 o 10 veces más cara, digo, me parece que estamos en un problema. ¿Lo entendemos? Bien. La otra es no querer entenderlo, resistirnos y ser cada día un poquito peor o mucho peor. En principio, esa no fue mi propuesta", abundó.En relación a la situación terminal de muchas industrias, el Presidente salió al cruce y dio una visión diferente. “El desempleo no está volando, está en 7,8 por ciento”, fustigó, en relación a las críticas, que adjudicó a “relatos mentirosos” de los “kukas”.Los dardos del Presidente abarcaron, en otros tramos de su exposición, a otros de sus habituales adversarios: la prensa y la oposición. “Yo no sé si los economistas argentinos y los periodistas odian más los datos o los zurdos al agua”, bromeó en otra parte de su discurso, sin recoger aplausos del auditorio. Lo acompañaban, en primera fila, el canciller Pablo Quirno y otros funcionarios como el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, el secretario de Comunicación y Prensa, Fabián Fernández, el presidente provisional del Senado, Bartolomé Abdala, y el cineasta oficialista Santiago Oría, más legisladores oficialistas como Santiago Santurio, además de los organizadores, Natalio Grinman (Cámara Argentina de Comercio) y Susan Segal, CEO del Consejo de las Américas. Con Sturzenegger, que sonreía ante cada elogio, Milei tuvo varias y encendidas alusiones, como para dejar en claro que su continuidad en el gabinete está garantizada. Defensa a Sturzenegger y ataque a empresarios“La realidad es que cuando ustedes vean a un sorete, a una mierda humana, criticándolo a Federico, es porque le está tocando un negocio a un prebendario, a un chorro y a un corrupto. Por eso putean tanto cuando Federico hace su trabajo, y miren que sacó 17000 regulaciones”, afirmó el primer mandatario, a tono con el abrazo que le diera al ministro de Desregulación el lunes pasado, durante el homenaje al general San Martín, en la plaza que lleva su nombre, en Retiro. Sturzenegger quedó en el ojo de la tormenta luego del fracaso del capítulo sobre la venta de tierras a extranjeros, que días atrás debió ser retirado del proyecto de inviolabilidad de la propiedad privada. “¿Es justo defender un sistema corrupto para que se beneficie un empresario prebendario y su contraparte política?”, se preguntó Milei en otro tramo. “Los hijos de puta prebendarios tienen que quebrar”, se exaltó, y recogió nuevos aplausos, mezclados con caras de incomodidad por el exabrupto. Hacia el final, minutos después de citar al patriarca Moisés, que según él “recibía críticas hiciera lo que hiciera”, Milei advirtió: “Si queremos ser una sociedad de inmorales, seremos Sodoma. Pero si abrazamos los valores judeocristianos, vamos a estar tomando medidas que son justas, y la contracara de esas, ¿saben cuál es? Progreso y bienestar", concluyó.
Fuente: La Nación