La compra de un toro implica bastante más que pagar por el reproductor. Hay que mantenerlo durante todo el año, reservarle un potrero, alimentarlo, atenderlo sanitariamente y afrontar los riesgos de que se enferme, se lastime o muera. Sobre esa cuenta se apoya Rent a Bull, una empresa que desde 1995 se dedica al alquiler de toros y que actualmente trabaja con unos 1.000 reproductores por campaña.
“Nosotros fundamos la empresa en el año 95, es decir que el año pasado cumplimos 30 años prestando este servicio de alquiler de reproductores bovinos”, contó su socio fundador y presidente, Alejandro Rodríguez, en diálogo con Bichos de Campo.
La idea es sencilla: el productor recibe los toros que necesita para el servicio y los devuelve una vez terminado. De ese modo, desaparece del campo una categoría que permanece allí durante todo el año, aunque solamente trabaje durante una parte del ciclo.
“El fundamento del sistema básicamente es una mejora brutal del manejo del campo al desaparecer una categoría que está todo el año ocupando espacio, haciendo servicios por robo, rompiendo instalaciones”, explicó Rodríguez.
El beneficio no es solamente liberar superficie. Según el empresario, un toro come aproximadamente como una vaca y media, pero su ocupación efectiva de los potreros puede ser mucho mayor. Además, obliga al productor a mantener una tropa separada y realizar controles sanitarios y de condición corporal durante todo el año.
El alquiler permite, en cambio, ajustar la cantidad de reproductores a las necesidades de cada campaña. “Se agranda el rodeo, se aumenta la cantidad de toros alquilados; se baja el rodeo, se disminuye. Es decir que permite un dimensionamiento exacto año a año de lo que uno necesita”, resumió.
La alternativa también resulta especialmente útil para los productores mixtos, que pueden considerar al toro como un insumo más de su planteo. “Las 300, 400 vacas que tiene comiendo rastrojos y cañadas no tienen además que mantener una tropa de toros”, señaló Rodríguez.
Otro uso creciente aparece en los establecimientos que realizan inseminación artificial a tiempo fijo. Después de la inseminación, se produce un pico de celos entre las vacas que no quedaron preñadas, por lo que se necesita una cantidad importante de toros para el repaso.
“Uno prácticamente tiene que tener disponibles la misma cantidad de toros que si no hubiese hecho la inseminación”, indicó. En esos casos, el alquiler permite sumar genética y resolver el repaso sin mantener los toros durante todo el año.
¿Y cuánto cuesta? Rodríguez propone una cuenta que, según dice, suele sorprender a los productores. “Yo les digo que yo se lo regalo el toro. Ahora vos hacés la cuenta de cuánto te va a cobrar el toro por quedarse todo el año en tu campo”, relató.
Su cálculo parte de comparar la amortización del reproductor con su costo de mantenimiento. Si un toro cuesta entre 1.200 y 1.500 kilos y se descuenta su valor residual, el productor puede estimar una amortización de unos 300 a 400 kilos por año. Pero allí todavía no aparecen el alimento, la sanidad, el espacio que ocupa ni los riesgos asociados.
“Esa cuenta no incluye el mantenimiento y es una cuenta injusta contra el costo del servicio de alquiler”, afirmó. El alquiler, con seguro incluido por utilización y muerte del reproductor, arranca en 500 kilos: 450 kilos correspondientes al servicio y 50 kilos de seguro. “Si al productor se le rompen todos o hasta se le mueren, no tiene ningún costo incremental”, destacó.
Si en algo no ahorra el productor Miguel Lenti es en genética: “Tenés que comprar calidad porque te lo devuelve en kilos de terneros”, asegura
La empresa trabaja con distintas calidades de reproductores. Compra más de 200 toros por año en diferentes cabañas y adapta el precio a la información genética disponible. “La mayoría son toros puros controlados como los que uno va a comprar en un remate”, detalló Rodríguez. Trabajan poco con pedigree por tratarse de pedidos muy puntuales y tienen también algunos toros generales.
Además, los reproductores cuentan con información de sus cabañas de origen y, según el proveedor, pueden disponer de DEPs o datos genómicos.
El sistema también tiene un fuerte componente sanitario. Rent a Bull identifica los animales con doble caravana oficial, una propia y un tatuaje, y trabaja bajo el concepto de “tropa positiva” o “tropa negativa”. Si aparece una enfermedad contagiosa, no se aparta solamente al toro positivo: “Se elimina la tropa completa”.
La logística se organiza desde sus bases de Coronel Pringles y Cañuelas, combinando en una misma jaula los toros destinados a distintos clientes de una misma ruta. El mínimo habitual es de tres reproductores para que el flete resulte razonable, aunque puede haber excepciones.
Agro & Campo
¿Para qué comprar un toro si trabaja solo unos meses al año? Rent a Bull lleva 30 años alquilando reproductores y, con un provocador cálculo, muestra que los números cierran
Fuente: Bichos de Campo