En una exposición dedicada a la lechería puede haber máquinas forrajeras, equipos de ordeñe, productos veterinarios, robots y toda clase de tecnologías pensadas para el tambo. Pero a los visitantes que no son muy duchos en la actividad tambera seguramente les llame la atención que varias empresas ofrecieran también unos pequeños frascos de pintura de llamativos colores. La estética se correspondía más a un jardín de infantes que a la última Todo Láctea, que es donde se hizo esta nota.
La pregunta era inevitable. ¿Qué hacían esos tarritos en medio de una muestra lechera?
Pablo de Beitia, productor de insumos veterinarios de una firma nacional llamada Laboratorio Elmer, fundada en 1980 y fabricante de productos de Medicina Veterinaria para el cuidado de mascotas y Animales de Producción, tenía la respuesta más sencilla y a la vez inesperada: “Es pintura para vacas”.
-¿Para que las vacas se pinten los labios?- le preguntamos en tono de chanza.
Y no, nada que ver con maquillaje y mucho menos con un lápiz labial bovino. Dentro de la lechería, el uso de pinturas de vivos colores es una herramienta que puede tener diferentes usos. Pero uno de los principales es detectar cuáles animales están en celo.
“Tiene muchas cosas en común con la pintura, pero este producto tiene características especiales para que se pueda poner sobre un animal sin afectarlo, sin dañarlo”, explicó De Beitia. Al tratarse de un insumo veterinario aplicado sobre los bovinos, agregó, debe contar con la correspondiente aprobación del Senasa. Y asegurar que es inocuo.
¿Pero cómo puede un poco de pintura ayudar a descubrir el momento reproductivo de una vaca?
El principio es bastante simple. El producto se coloca cerca de la cola del animal. Si esa vaca está en celo se muestra receptiva a la monta, el roce hará que una parte de la pintura desaparezca. Lo explica bien un video institucional de la propia empresa, que en este caso bautizó sus pinturitas como “Celo Paint”:
“Cuando la vaca es montada, le retira una parte de la pintura y entonces detectás eso, la falta de pintura donde la habías puesto”, describió Pablo. De ese modo, el productor puede enterarse de algo que ocurrió mientras no estaba observando el rodeo.
“La conducta reproductiva no se puede observar fácilmente porque los animales la demuestran en sus condiciones naturales y los seres humanos no las observamos las 24 horas del día”, amplió.
La pintura borrada funciona entonces como una pista. No significa que la vaca haya quedado preñada, sino que permite detectar que estuvo en celo y, a partir de allí, definir el momento adecuado para realizar una inseminación artificial.
El prospecto veterinario del producto trae más pistas. Dice que para aplicar la pintura hay que “limpiar cuidadosamente la zona a pintar cepillar y eliminar los pelos sueltos y suciedad”. Y que luego hay que “pintar una línea de 20 centímetros de largo por 5 centímetros de ancho en la zona del sacro, se debe
aplicar a favor del pelo y en sentido contrario. Tomar en cuenta que la zona más sobresaliente es la de mayor contacto”.
Mirá la entrevista completa:
Pero esa no es la única utilidad de andar pintando vacas. De Beitia explicó que esos colores también pueden funcionar como un sistema sencillo de identificación dentro del rodeo. Por ejemplo, pueden utilizarse para registrar fechas o señalar animales que atravesaron algún tratamiento veterinario. En ese caso, la pintura suele aplicarse sobre el lomo de los animales.
“Para evitar que la leche de un animal que tuvo un tratamiento vaya a parar al consumo humano, se marcan los días en los que tenés que esperar para usar esa leche después para consumo humano”, contó el especialista. Es decir, la pintura puede ayudar a visualizar fácilmente que todavía no se cumplió el tiempo de retiro indicado para determinado tratamiento.
La paleta de colores, además, permite construir una suerte de código interno. No existe, aclaró De Beitia, un idioma universal que establezca obligatoriamente qué significa cada color usado en lechería. Cada establecimiento puede organizarlo según sus necesidades.
El laboratorio Elmer, de todos modos, propone algunas posibles referencias. El azul, por ejemplo, puede utilizarse para identificar vacas que ya están preñadas. Si uno de esos animales posteriormente aparece con señales de haber sido montado, eso podría advertir sobre una eventual pérdida de esa preñez.
El amarillo, explicó Pablo, puede destinarse a animales que están atravesando el posparto. Detectar allí el primer celo permite comenzar a contar los días y tener una referencia para organizar nuevamente su manejo reproductivo.
Así, detrás de aquellos frasquitos que parecían contener apenas pintura de colores aparece una herramienta bastante más específica de lo que uno podría imaginar.
Porque tampoco da lo mismo agarrar un tarro cualquiera de la ferretería y empezar a marcar animales. “Tenés que usar una pintura que esté aprobada”, remarcó De Beitia. El producto que presentaban pertenece a Laboratorio Elmer, una empresa nacional radicada en Olivos que, según contó Pablo, lleva más de cuatro décadas fabricando insumos veterinarios.
El laboratorio comenzó trabajando con una línea destinada a mascotas y luego fue incorporando productos para la actividad lechera, entre ellos pomos intramamarios y diferentes soluciones destinadas al manejo de los bovinos. “En lechería hace varios años que estamos presentes con muchos productos”, explicó.
Agro & Campo
¿Pintura para vacas? Sí, pero no para ponerse lindas: Pablo de Beitia explica cómo los colores chillones ayudan a detectar el celo y ordenar el manejo del tambo
Fuente: Bichos de Campo