Mora Bianchi y Toti Spangenberg: el final de “Margarita”, los 17 Movistar Arena y cómo se enamoraron

Hay historias que empiezan con un casting y terminan cambiando una vida. Hace apenas dos años, Mora Bianchi y Toti Spangenberg se preparaban para el estreno de Margarita sin imaginar todo lo que vendría después. Ella viajaba entre La Plata y Buenos Aires para grabar y seguir con el colegio. Él llegaba con su guitarra. Después llegaron las temporadas, las giras, miles de fanáticos y 17 Movistar Arena. En el camino, Mora se convirtió en Margarita y Toti en Merlín. Aprendieron a convivir con una exposición que llegó de golpe, a preservar a sus amigos y sus familias y a entender el lugar que empezaban a ocupar para toda una generación. Y también pasó algo que no estaba escrito en ningún guion: se enamoraron. Ahora, con la tercera y última temporada de Margarita, empiezan a despedirse de los personajes que les cambiaron la vida. En esta nueva edición de Conversaciones, en esta entrevista con Pía Shaw, Mora Bianchi y Toti Spangenberg hablan del fenómeno que los llevó de un set de grabación a los grandes escenarios, del amor detrás de cámara y de una etapa que termina cuando sus carreras recién empiezan. -Mora, Toti. Bienvenidos a Conversaciones. Hermoso volver a verlos. -Toti Spangenberg (TS): Gracias, Pía. -Mora Bianchi (MB): Sí, un placer estar acá. Muchas gracias. -Trabajamos en la misma casa, en este caso en Telefe, en su momento. Hace dos años nos cruzábamos por primera vez. Margarita recién venía asomando, lo que iba a ser este producto. Y cuando repaso a ambos, cómo crecieron... Eran tan chiquitos y recién arrancaban. Y en estos dos años, todo lo que pasó, Toti, ¿no? -TS: Sí. De hecho, recién lo charlábamos. Hace dos años, creo, poquito menos, se estrenaba la primera temporada. Nos habías hecho aquella nota, que estuvo hermosa, y había mucha incertidumbre de lo que iba a pasar. Y todo lo que terminó pasando estos dos años fue impresionante e impensable. -Yo me acuerdo de vos y la guitarra. Y, Morita, el esfuerzo en casa, entre La Plata y Buenos Aires, quedándote... Mamá y papá, el hermano, todos en La Plata. Y te quedabas en la casa de una amigo de tu mamá. -MB: Sí. Nos habíamos quedado ahí con él, que era en Olivos. Entonces me venía bárbaro. Iba solo los miércoles al colegio, que era el día libre. También en el colegio me re bancaron. Así que sí, fue un esfuerzo de todos. Todos pusieron su granito de arena para que hoy suceda lo que sucedió. -Dos años, decías. ¿Cómo me lo resumís? -TS: Un sueño, obviamente. Mucho esfuerzo, mucho sacrificio también a nivel personal, pero que termina dando su fruto porque, una vez que lo laboral empieza a caminar, después lo familiar, mis amistades y todo se va acomodando. Al principio me ha costado mucho dejar de ir todos o casi todos los días a tomar mates a lo de mis amigos. Y poco a poco va dando vuelta esa rueda y terminamos en el lugar del principio.-¿Hubo alguien ahí que dijo: “Pará, ojo. Está todo bien lo que te está pasando, pero este es tu mundo de siempre”? -TS: Sí, mucha gente me advirtió dentro del medio. Mi familia también. Pero yo creo que de donde vengo, mis amistades, mis raíces, siempre han sabido decirme eso solamente con sus actos o invitándome a lugares. Nunca hizo falta que me hayan dicho: “Che, ojito porque te estás subiendo al no sé qué”, sino capaz invitándome a comer un asado como hacíamos en los viejos tiempos. Bajaba completamente todo lo que había vivido, como Movistar Arena, con Lali, o Tecnópolis, toda esa locura. Como que me cablean a tierra ellos. Así que sí, tengo la suerte de tener eso hoy en día. -MB: Sí, aparte siempre contás que un parcial de sus amigos se festeja como el Movistar Arena de Toti. -TS: Sí, es como: “¿Cuánto fue?”. “Un cuatro”. “¡Vamos!”. “Che, ¿cuánta gente fue?”. “Diez mil personas”. Es el mismo nivel. Así que eso me baja. -Morita, para vos seguramente fue más difícil porque sos nada más y nada menos que Margarita. ¿Cómo se vive hace dos años, las 24 horas del día, intentando también dividir? -MB: Recién ahora me estoy pudiendo acomodar. Me costó bastante porque pasé por muchos altibajos. Al principio estaba medio en una nube. No me importaba nada: el colegio, mis amigos. Estaba por y para Margarita, que está bien, pero sí dejé un poco de lado toda mi vida personal, que estaba en La Plata, que también me costaba mucho. Ya te digo, los miércoles solamente iba a La Plata al colegio y a la tarde volvía a salir porque al otro día tenía que estar acá. Pero mis amigos, mi familia, siempre lo entendieron. Yo estaba en una y ellos lo supieron entender y me súper acompañaron siempre en todo. Y después, una vez que todo estalló con Margarita, fue muchísimo. 21 tengo ahora, la vieja. Pero para mí pasaron 20 años. Yo maduré en cuatro años. -¿Lo sentís? -MB: Lo resiento, y más que nada cuando hablo con mis papás o cuando hablo de plata o de trabajo con mis papás. Cada uno tiene su opinión y yo tengo muy firme la mía también. Sí, pido consejos, pero también estoy bastante segura de todo. Y fue un montón, en el que también tuve que aprender a ver que del otro lado había niños admirándome a mí como Margarita. Pero yo soy Mora. La mamá me dice “Margarita”... Hay todo un lío de nombres, de personajes, de vida real, que recién este año pude acomodar y frenar. Porque también frenamos un momento este año, tuvimos un parate después de tanto que hicimos, y pude acomodarme con la terapia, acomodar mis cosas y, de repente, empezar a hacer cerámica y cosas por otro lado de Margarita. -Está bueno decir lo de la terapia, ¿no? De cuidar también la salud mental. Porque, en el medio de que no te conoce nadie, te convertís en la persona... Chicos, ustedes se convirtieron en los más famosos del momento porque llevan una generación. Hoy a ustedes los comparan, ¿son conscientes?, con Lali y con Peter. -TS: Ojalá. -¿Pero qué les pasa con eso? -TS: Yo digo ojalá, pero ojalá ser un granito de lo que son ellos dos hoy en día como artistas y lo que fueron en su momento. Tenemos lo interno de las grandes personas que fueron laboralmente y humanamente. Entonces también tomamos ese ejemplo, porque ellos trabajaron con las mismas personas con las que trabajamos nosotros hoy en día y siempre nos cuentan: “Fueron grandes personas”. Entonces, al menos yo intento seguir ese camino, ser una gran persona. -MB: Me encanta. Para mí es un elogio total. La verdad es que compartimos la misma gente, el mismo público también. El público infantil es muy lindo, es muy pasional. Y los padres también están muy agradecidos. Entiendo que vivimos un poco las mismas cosas. Y también es como que ya sabés lo que se viene porque hay gente que lo vivió. Pareciera que está todo escrito y decís: “Bueno, ahora vamos a grabar esto, después el show y después la gira”. Como que ya sabemos todo lo que va a pasar. No sabemos si pasa o no, pero en ese momento pasó, ¿por qué ahora no? -Por eso los traigo a los chicos que siguieron una gran carrera. Esto de, de un día para el otro... Lo importante que decías: la terapia, cuidar la salud mental, estar en eje, porque de un día para el otro te convertís en una persona súper conocida. Los cumpleaños de los chicos están hechos en base a ustedes. ¿Qué fue lo más loco que sintieron por primera vez que dijeron: “Che, somos famosos”? -TS: A mí me pasó con la venta de los primeros Movistar Arena que hicimos. Yo no me imaginaba que en una hora vendiéramos cuatro. Era impensado en mi cabeza. Todo el mundo nos decía: “Ustedes van a vender 70.000, van a hacer 1.500 funciones”, esto, lo otro. Yo decía: “Sí, obvio”, como siempre, Cris, ¿viste? Pero realmente no te lo imaginás. Y cuando sucedió dije: “Realmente está pasando lo que nos venían diciendo hace mucho tiempo”. Ni siquiera me pasó en el estreno de la serie. -MB: A mí me pasó un poquito antes. Igual era como que en cada cosa vas cayendo en el momento. A mí me pasó cuando explotó todo y me encontraba con mis primas, que quizás son un poco más chicas. Una tiene 15, 16; la otra tiene cinco o seis. Y tenían nervios de verme. Y yo decía: “Pero soy tu prima. Nos vemos en cenas familiares, cumpleaños”. De repente yo era una atracción. Era el cumple de 15, yo iba y estaban nerviosas. Ahí decía: “Guau, lo que represento para esta edad, para estas niñas”. -¿Y qué fue lo más loco que les pasó? Viste que de repente terminás en una fiesta de 15, aparece gente, en redes sociales te piden cosas... -TS: Pasan todos los días. Sin ir más lejos, en un festejo familiar que se armó en un club de mi familia, se llenó de gente. Y era privado. Era como si festejaras tu cumpleaños en un club, de 20 personas, 30, 40 como mucho. Se llenó. No podía caminar en nuestro cumpleaños, no podía festejar. Fue un quilombo. Pero después las cotidianas, tipo llantos, todo eso pasa todo el tiempo. -MB: Sí, las madres lloran. A mí me parece un montón. Yo digo: “Señora, no”. Te ven y te dicen: “Gracias, porque mi hija...”, no sé qué, y yo digo: “Ay, Dios santo. Gracias a ustedes por vernos, por acompañarnos, por permitirles a sus hijos ver esto”. Es muy loco todo. Todo lo cotidiano: que te esperan en la puerta, que en los ensayos te esperan. -Y los regalos, ¿los llenan de regalos? -MB: Yo tengo todo guardado. Yo tengo una habitación. Mi hermano se fue y le dije: “Te vas, toda tu habitación es mía. Mía y de mis fans”. Es medio un santuario. -Cuando empezó Margarita hace dos años, ustedes empezaron a ganar la plata que corresponde por su vida como actores. ¿Qué hicieron con ese primer lindo sueldo que se habían ganado? -TS: Yo todavía... De hecho, ella me lo reclama. Creo que lo máximo fue un celular. Cambié mi celular. Tuve celulares hechos pelota y ahora es bastante digno. Y después, mucho más adelante, viajar a Nueva York. Estuvimos en Estados Unidos. -MB: Y yo, a modo de agradecimiento, invité a comer a este muchacho que me había hospedado en su casa, que es amigo de mi mamá. Lo invité a él y a mis papás a un lugar muy reconocido que nos encantaba. Y después de eso nos fuimos de viaje juntos y yo les pagué todo lo que pude. A mi familia, a mi herma

Fuente: La Nación