Canavese, Llach y Rozenwurcel: patriada y hazaña

La semana pasada falleció Guillermo Rozenwurcel, quien, junto a Alfredo Juan Canavese y Juan José Llach, a comienzos de 2007, protagonizó un singular evento en la historia económica argentina, que no dudo en calificar de patriada y hazaña.Winston Churchill decía que cada vez que se reunía con cinco economistas, se juntaba con 6 opiniones, porque John Maynard Keynes exponía 2 opiniones diferentes, que planteaba con igual entusiasmo; y Harry Truman decía que quería reunirse con economistas mancos, cansado de escuchar que “on the one hand, on the other hand” (por un lado, por el otro).“Cuidemos al Indec” fue un brevísimo pero contundente documento, generado por la decisión del gobierno de entonces de “dibujar” la estimación oficial del aumento de los precios al consumidor. Patriada alude a que no solamente se les ocurrió la idea, sino que redactaron el texto y se tomaron el trabajo de juntar firmas. Todo a pulmón. Hazaña deriva del hecho de que inicialmente juntaron 270 firmas y más de 400 en la lista definitiva (funcionarios del Ministerio de Economía y del Banco Central la hubieran firmado, pero no lo hicieron por temor a represalias). Nunca tantos economistas estuvimos tan de acuerdo en algo.Las autoridades no cuidaron al Indec. La cuantía del dibujo se aprecia cuando se compara el aumento de los precios al consumidor según el Indec y según Graciela Bevacqua, la desplazada funcionaria por la intervención. Haciendo 100 en enero de 2007, en octubre de 2015 el IPC llegó a 259 según el Indec y a 727 según Bevacqua (0,9% y 1,9% equivalente mensual, respectivamente). Hoy se registran discrepancias entre las estimaciones públicas y privadas de la tasa de inflación, pero por razones metodológicas, no por dibujos.Hablé de represalias. Las autoridades de entonces no solamente estropearon la estimación de la tasa de inflación y la de todos los indicadores que la usaban como insumo (ejemplo: tasa de pobreza), sino que le hicieron la vida imposible a Bevacqua, multando y persiguiendo penalmente además a quienes osaron realizar estimaciones privadas. Lo traté a Willy, como cariñosamente le decíamos a Rozenwurcel. Un encanto de persona, que hace algunos años tuvo que superar otro serio problema de salud. Queda la obra escrita y el recuerdo de alguien con el cual valía la pena conversar, un bien lamentablemente cada vez más escaso, no solo en la Argentina.

Fuente: La Nación