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Trámites demorados y más controles: la incertidumbre de los argentinos que esperan regularizar su situación en EE.UU.
Emigrar legalmente a Estados Unidos sigue siendo posible, pero los tiempos con los que se planifica ese proceso cambiaron. Una visa de trabajo, un ajuste de estatus o una residencia pueden atravesar revisiones más exhaustivas y extenderse durante meses. Para los argentinos que ya viven en el país, esa demora puede definir cuándo viajar, qué planes familiares postergar o con cuánta anticipación iniciar una renovación. Para quienes todavía proyectan instalarse, obliga a comenzar antes.“El cambio más importante no es que Estados Unidos esté cerrando las puertas a la inmigración legal, sino que el sistema, especialmente en el último año, se ha vuelto mucho más exigente y, en algunos procesos, menos previsible”, explica a LA NACION Carlos Colombo, fundador de Estudio Colombo, firma que trabaja en la Argentina y gestiona visas para latinoamericanos en Estados Unidos.Una de las consecuencias apareció en la agenda de una argentina de 30 años que trabaja en una multinacional con sede en San Francisco. Tenía previsto visitar Europa con su familia, pero cuando se acercó la fecha su renovación de visa de trabajo seguía pendiente. Finalmente suspendió el viaje. No había recibido una respuesta negativa: todavía esperaba una definición.Colombo diferencia la demora de la dificultad para conseguir un beneficio migratorio. “Demoras sí hay. Están tomando más tiempo y creo que, en parte, es por esas revisiones mucho más detalladas”, sostiene. Según explica, actualmente se examinan con mayor profundidad los antecedentes, el historial migratorio y la consistencia de la documentación; incluso las redes sociales pueden formar parte de las verificaciones.Solange Muleiro, abogada argentina radicada en Miami y especializada en inmigración, ubica ese fenómeno dentro de un cambio en la aplicación de las normas. “Lo que cambió no es la letra de la ley de inmigración; sigue siendo la misma. Estados Unidos tiene una Immigration and Nationality Act que no ha sido modificada. Lo que cambió fue la práctica de la aplicación, lo que en inglés se llama enforcement, por parte de USCIS y de ICE”, señala. USCIS procesa solicitudes y beneficios migratorios, mientras que ICE tiene funciones vinculadas con el control migratorio.Este último arrestó el 11 de julio pasado a Iliana Lick, una argentina de 30 años que vivía desde 2024 en Filadelfia y trabajaba como niñera, en el aeropuerto internacional de esa ciudad cuando intentaba viajar junto con amigos hacia Kansas City para asistir al partido del seleccionado nacional contra Suiza por los cuartos de final de la Copa del Mundo. Tenía, justamente, una solicitud pendiente para permanecer en el país. Estuvo detenida casi un mes y fue liberada bajo fianza. Su caso encendió las alarmas.En los expedientes, Muleiro observa un aumento en el volumen y la exigencia de los pedidos de evidencia adicional, especialmente en ajustes de estatus y visas de trabajo. Algunos formularios de ajuste –el procedimiento mediante el cual una persona busca pasar de una condición migratoria temporal a una residencia permanente– pueden tardar entre ocho y más de 24 meses, dependiendo de la categoría y de la oficina que los procese.La extensión de los plazos también modificó el momento de comenzar. “Si antes estabas pensando: yo puedo empezar esto en seis meses, ahora es empezarlo en un año, un año y medio, porque se puede demorar mucho más”, dice Colombo. El cálculo varía según el procedimiento y la categoría migratoria.La vida mientras llega una respuestaEntre la presentación de un formulario y su resolución pueden pasar meses. Algunos migrantes describen ese intervalo como una “zona gris”.“Si una persona hace un trámite a tiempo, antes de que expire el estatus legal, bajo la ley está protegida y puede esperar esa decisión de inmigración legalmente en Estados Unidos”, aclara Colombo, en referencia a determinados ajustes o cambios de estatus. La fecha de presentación y el tipo de solicitud son centrales para analizar cada caso.En Nueva York, un matrimonio argentino con una hija de un año esperaba viajar para el casamiento de una hermana de ella. La celebración llegó antes que la resolución migratoria y decidieron no viajar. Como ocurrió con la trabajadora de San Francisco, no existía un rechazo: el expediente continuaba abierto.Muleiro introduce una precisión sobre ese período. “No existe un estatus migratorio llamado zona gris. Lo que existe es una diferencia entre lo que es el estatus legal y lo que es una estadía autorizada, que es la situación de quien tiene un trámite pendiente”, explica.Las fechas, los antecedentes, la categoría migratoria y el procedimiento iniciado modifican el análisis. Esa diversidad también se refleja en cómo los argentinos consultados atraviesan la espera. Algunos continúan trabajando y mantienen sus actividades habituales mientras avanzan sus expedientes. Para ellos, la demora puede significar reorganizar fechas o postergar un viaje sin alterar el resto de su rutina.Otros comenzaron a moverse de otra manera. Un argentino que vive desde hace tres años en Estados Unidos dejó de utilizar su auto. “Hace un mes dejé de manejar por miedo a que chequeen mi chapa”, cuenta bajo reserva de identidad. También evita determinados lugares y consulta grupos de mensajería en los que migrantes latinoamericanos comparten información sobre controles.Su cambio de hábitos estuvo atravesado por un episodio cercano. Uno de sus mejores amigos, relata, fue detenido inicialmente por la policía y luego quedó bajo custodia de ICE durante aproximadamente 25 días. Recuperó posteriormente la libertad, utiliza un dispositivo electrónico de monitoreo y espera una audiencia judicial. Según su testimonio, entre abogados y fianza el proceso demandó cerca de US$25.000.“Es una persona trabajadora, honesta, que paga sus impuestos y estaba esperando regularizar su situación”, dice. Después de lo ocurrido comenzó a prestar mayor atención a sus desplazamientos. “No importa de qué país seas. Todo inmigrante da igual. Mucha gente dejó de tener libertad”.Cuando la espera se cruza con los controlesUna argentina que ingresó a Estados Unidos con una visa de estudiante comenzó a gestionar su situación cuando su documentación estaba próxima a vencer. La resolución todavía no llegó. “Llevo tiempo con esto y nadie te dice nada”, relata a LA NACION. Durante ese período también comenzó a prestar mayor atención a los operativos: “Los de ICE están en todos lados”.Los especialistas insisten en que esas experiencias no pueden trasladarse automáticamente a cualquier persona con un expediente abierto. Una fecha, un antecedente o una categoría diferente pueden cambiar las condiciones jurídicas del caso.Esa individualidad explica por qué Colombo desaconseja tomar decisiones migratorias a partir de experiencias ajenas. También cuestiona una práctica que comenzó a observar en las consultas. “Todo el mundo se cree experto porque le pregunta a la inteligencia artificial y eso es un error. Cada caso, alguna fecha, puede cambiar mucho el análisis”, sostiene. Su recomendación es recurrir a abogados de inmigración con licencia en Estados Unidos.La cuestión adquiere otra dimensión al momento de viajar. Muleiro menciona dos casos recientes de argentinos detenidos durante vuelos domésticos. Una es Iliana Lick. El otro, un futbolista con asilo pendiente, que fue arrestado en Florida mientras también viajaba dentro del país.“Estos casos tienen en común que ninguno cruzó una frontera internacional. Los dos fueron detenidos en un vuelo doméstico dentro de Estados Unidos, los dos tenían trámites migratorios activos y no tenían antecedentes penales”, sostiene Muleiro. “Antes esto no generaba consecuencias. Viajar dentro del país con un trámite pendiente tenía muy bajo riesgo y hoy tiene un riesgo real”, agrega.La documentación tampoco define por sí sola la situación de una persona. “Mucha gente confunde tener un permiso de trabajo o un documento de viaje con tener un estatus legal, y no es lo mismo”, explica Muleiro.Colombo identifica dos problemas frecuentes. “Uno de los errores más grandes que veo es no tener asesoría legal de un experto. Ese es el error número uno”, afirma. El segundo es demorarse demasiado antes de iniciar un proceso, especialmente cuando los tiempos de resolución son mayores.Los que todavía quieren llegarEl escenario no eliminó el interés por emigrar. “La cantidad de personas interesadas en emigrar a Estados Unidos no ha caído. Para nosotros ha aumentado”, afirma Colombo.Lo que aparece con mayor frecuencia es la búsqueda de alternativas. “Hemos visto bastante que hay gente que quiere un plan A y un plan B. A veces el plan A es Estados Unidos y el plan B puede ser otro país, o el plan A es un tipo de visa y el plan B otro tipo de visa”, detalla. Algunos solicitantes, agrega, prefieren iniciar ahora procesos que podrían tardar un año o un año y medio.Muleiro observa movimiento entre otros perfiles. “Estados Unidos sigue recibiendo inmigración calificada. Todos los días tengo consultas de profesionales, empresarios e inversores”, describe.Colombo menciona además restricciones que afectaron determinados procesos consulares de residencia de ciudadanos de decenas de países. Su estudio participa de una demanda judicial contra esas medidas y, según explica, su aplicación produjo demoras adicionales en algunos trámites. “Soy optimista en que las cosas van a empezar a mejorar”, sostiene.Muleiro prevé que, en el corto plazo, continúen las revisiones exhaustivas. “Creo que esto va a continuar. Va a haber más escrutinio en la adjudicación de trámites, controles entre ICE y TSA y más tiempos de espera por el volumen de casos acumulados”, apunta.
Fuente: La Nación