Economía
De Vaca Muerta a los fertilizantes: la apuesta de US$2700 millones que abre un nuevo negocio
El crecimiento de Vaca Muerta abrió una nueva discusión para el sector energético: cómo transformar los recursos disponibles en productos de mayor valor y generar más divisas.Uno de los ejemplos de esta nueva etapa es Fértil Pampa, el proyecto anunciado por la compañía Pampa Energía para construir una planta de urea granulada en Ingeniero White, Bahía Blanca. La iniciativa demandará una inversión de US$2700 millones y fue aprobada para ingresar al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).El complejo utilizará gas natural de Vaca Muerta como materia prima, tendrá capacidad para producir 2,1 millones de toneladas anuales y comenzaría a operar hacia fines de 2029. Estará ubicado junto a las centrales térmicas Piedra Buena e Ingeniero White, que pertenecen a Pampa Energía.La apuesta marca el ingreso de la empresa a un nuevo negocio y forma parte de una estrategia más amplia. “No hay que pensar la urea como un negocio separado de la energía. Es, en esencia, gas natural transformado, al que se le agrega valor”, explicó Martín Miliavsky, director ejecutivo de M&A y Nuevos Negocios de Pampa Energía, durante el Summit de Energía organizado por LA NACION.La compañía prevé destinar la producción al mercado argentino y generar saldos exportables hacia otros países de la región. Según informó Pampa Energía, la planta podría aportar alrededor de US$1000 millones anuales entre sustitución de importaciones y exportaciones.“Es una inversión de US$2700 millones para darle valor al gas que ya tenemos en Vaca Muerta. Tenemos gas para abastecer 100 años de demanda. El desafío ahora es darle valor a lo que ya tenemos”, señaló el ejecutivo, entrevistado por la periodista Sofía Diamante.La urea es uno de los fertilizantes más utilizados por el sector agropecuario. Actualmente, una parte de la demanda argentina se cubre mediante importaciones. La nueva planta busca reducir esa dependencia y aprovechar la disponibilidad de gas natural para producir un insumo de mayor valor.“Uno de los principales impactos positivos es la generación de divisas para el país. Hoy demandamos urea y eso implica una salida de divisas. Hay una gran oportunidad para crear una planta muy eficiente y competitiva que permita abastecer a la región”, agregó Miliavsky.El impacto sobre las divisasPara Nicolás Arceo, director de la consultora Economía & Energía, que también participó del Summit, el proyecto debe analizarse como parte de la transformación que atravesó el sector energético argentino durante la última década.“La Argentina viene de una fuerte restricción en materia de gas. La producción comenzó a recuperarse en 2013 y 2014, con el desarrollo de los recursos no convencionales. Esto impactó directamente en el sector externo y permitió reducir la cantidad de gas natural licuado que se requería para abastecer la demanda”, explicó.El crecimiento de Vaca Muerta permitió reducir las importaciones energéticas y generar un volumen creciente de exportaciones. El próximo desafío, según Arceo, consiste en desarrollar actividades capaces de industrializar esos recursos.“La Argentina tiene recursos para cubrir la demanda doméstica y el desafío es agregarle valor al gas natural”, dijo.El cambio también se refleja en la producción de petróleo. Arceo estimó que el país podría alcanzar el millón de barriles diarios hacia fines de este año o comienzos del próximo. Si el escenario no se modifica, proyectó que el superávit energético podría llegar a US$11.000 millones durante este año. Cuatro años atrás, la balanza del sector era deficitaria.“La producción de petróleo viene creciendo y esa producción está acompañada por un volumen de gas asociado cada vez más significativo. Esto mejora la balanza comercial”, indicó.Rincón de ArandaEn paralelo con la planta de urea, Pampa Energía avanza con el desarrollo de Rincón de Aranda, su principal proyecto de petróleo no convencional en Vaca Muerta.La compañía prevé invertir US$1500 millones durante los primeros dos años para ampliar la producción del área. Según Miliavsky, el yacimiento produce actualmente alrededor de 25.000 barriles diarios y el objetivo es llevar ese volumen casi al doble en un año.El crecimiento del sector, sin embargo, plantea nuevos desafíos de infraestructura. Arceo advirtió que la capacidad disponible para evacuar el crudo podría saturarse hacia fines de este año.“Gracias a la infraestructura se puede producir todo esto sin que se genere un cuello de botella. La capacidad de evacuación de crudo estará saturada hacia fines de este año”, afirmó.En ese contexto, Miliavsky destacó la importancia del RIGI para proyectos que demandan grandes desembolsos y necesitan varios años para recuperar la inversión.“El RIGI es esencial para todo esto porque otorga estabilidad jurídica y fiscal a largo plazo. Estas inversiones no pueden hacerse sin una perspectiva de largo plazo. La planta de urea demanda cuatro años de construcción y luego otros seis años para comenzar a repagar la inversión. Son diez años en total”, explicó.Arceo coincidió en que el régimen permitió poner en marcha proyectos que necesitaban reglas fiscales estables. “Difícilmente podrían haberse realizado sin el RIGI o un esquema similar. Hacía falta un sistema de incentivos que fijara reglas de mediano y largo plazo”, concluyó.
Fuente: La Nación