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Nick Kyrgios, el talentoso que odiaba al tenis de chico, lidió contra sus demonios e irritó al Big 3
Nick Kyrgios, que acaba de ser suspendido provisionalmente por doping [en una muestra tomada en junio durante el ATP de Mallorca se encontró benzoilecgonina, un metabolito de la cocaína], nunca pasó inadvertido. Jugó por primera vez en Wimbledon, el torneo de tenis más prestigioso del circuito, en 2014 y con 19 años, siendo el número 144 del ranking (recibió una invitación para estar allí). Tenía sólo una temporada como profesional y, de hecho, ese torneo británico era apenas su quinto cuadro principal de Grand Slam. Explosivo, carismático, creativo y súper talentoso, hizo añicos los pronósticos de los expertos: alcanzó los cuartos de final, con un triunfo épico en los 8vos incluido, en el court central ante Rafael Nadal, entonces N° 1, en cuatro sets. Desde entonces, nada fue igual para el australiano. Empezó a notarlo de inmediato, ni bien viajó de Londres a Canberra. En el aeropuerto de la capital australiana lo esperó, con efervescencia, un centenar de personas. No terminó allí: decenas de periodistas acamparon en la puerta de su casa durante varios días y lo persiguieron como si fueran paparazzis ante famosos artistas. De padre de origen griego [George, pintor], madre de ascendencia malaya [Norlaila, ingeniera informática ya jubilada] y con dos hermanos [Christos y Halimah], Nick comenzó a jugar al tenis a los seis años, aunque en su infancia también se destacó en el básquetbol. De hecho, el deporte de la pelota naranja siguió acompañándolo. En el tenis, fue número 1 del mundo junior y ganó el Abierto de Australia, uno de los cuatro Grand Slams, ese mismo año.“Odiaba el tenis cuando era pequeño. Era muy gordito y tenía sobrepeso cuando era pequeño y mi madre me decía: ‘Tenemos que lograr que hagas algo de deporte o estar activo’. Así que me llevó a las canchas de tenis locales. Y recuerdo estar llorando todo el día; lo odiaba, no quería estar allí. De todas formas, le di una oportunidad”, confesó Kyrgios, ya como profesional.De 1,93 metro, diestro, de revés de dos manos, impredecible y con un saque fortísimo, luego de su victoria de 2014 frente a Nadal en el All England, Kyrgios escribió capítulos muy destacados empuñando una raqueta y brindó los espectáculos más rocambolescos. Ganó siete títulos individuales [entre 2016 y 2022; el ATP 500 de Washington, el más importante], fue número 13 en singles [en 2016], obtuvo el trofeo del Abierto de Australia en dobles [en 2022, con su compatriota y amigo Thanasi Kokkinakis] y, en una época de gran lucidez, llegó a la final individual de Wimbledon 2022, siendo el 40° del mundo [cayó en la definición contra Novak Djokovic]. Incomodó al Big 3: logró tres victorias ante Nadal, una contra Roger Federer y dos frente a Nole. Sin embargo, todo el talento derramado sobre los courts del mundo colisionó con los excesos, las lesiones, la indisciplina, las presiones y las dificultades vinculadas a la salud mental. Ya lo dijo una vez, con crudeza, Djokovic, que le tiene mucha estima: “Tiene un talento descomunal y si hubiera tenido predisposición a trabajar duro, habría llegado muy lejos. Ha sido negligente en el cuidado de su físico. Desafortunadamente, si hubiera tenido un 30% de la disciplina necesaria para ser tenista profesional, estaría fácilmente en el top 10, pero mi sensación es que ha tenido el 5% de esa disciplina”. Kyrgios padeció lesiones de codo derecho, de muñeca izquierda, de cadera, de la rodilla izquierda [fue operado], de hombro y clavícula. Hace unos años erizó la piel al admitir que contempló la posibilidad del suicidio, que lidió con la depresión y el abuso de drogas y alcohol. “Tenía pensamientos de suicidio y literalmente luchaba por levantarme de la cama, así que lo último en lo que pensaba era en jugar delante de millones de personas. Estaba solo, deprimido, negativo, abusaba del alcohol, de las drogas, me alejé de mi familia y mis amigos”, manifestó en febrero de 2022, unos meses antes de disputar la final de Wimbledon, vaya paradoja. Llegó a jugar con mangas largas para tapar las marcas de la autoflagelación: “Si miran con atención pueden ver las marcas de automutilación en mi brazo derecho. Tenía pensamientos de suicidio, no quería levantarme y jugar”.Carismático y, también, enigmático, siempre fue una gran atracción para el público en los torneos. “Nick es un buen chico, querido en el vestuario, hace muchas obras de caridad. Pero tiene demonios. En cierto modo, todos tenemos este miedo al fracaso y es una cuestión encontrar la mejor manera de lidiar con eso”, describió hace unos años el estadounidense John McEnroe, en su momento otro “chico malo” del tour. Así como se destacó logrando impactos de altísima calidad, Kyrgios también fue protagonistas de hechos bochornosos dentro de la cancha, con ataques de furia ante los árbitros, raquetas rotas y falta de compromiso: en el US Open 2018, por ejemplo, el popular umpire Mohamed Lahyani fue sancionado porque le habló a Kyrgios para que demostrara más actitud durante un partido ante Pierre-Hugues Herbert que, claramente, estaba soltando.Kyrgios, que ganó US$ 12.864.008 en premios oficiales por torneos, en agosto de 2024 fue muy crítico cuando se supo que el italiano Jannik Sinner (actual N° 1) había dado positivo en dos pruebas por consumir un anabólico llamado clostebol, aunque fueron complacientes con el castigo. “Es ridículo, ya sea accidental o planeado. Te hacen dos pruebas con una sustancia prohibida (esteroides). Deberías estar fuera -del circuito- durante dos años. Tu rendimiento mejoró. Crema para masajes... Sí, está bien”, ironizó el australiano, sin creerle a Sinner, que alegó que su fisioterapeuta le había hecho masajes con una sustancia prohibida. Kyrgios sufre el tenis profesional desde hace tiempo. Esta temporada jugó sólo cuatro partidos individuales [el último, en Mallorca, donde dio positivo, cayó en la primera ronda frente a su compatriota Adam Walton] y cinco en dobles. “Recientemente fallé un control antidopaje en Mallorca tras dar positivo por cocaína. Cometí un gran error y asumo toda la responsabilidad”, escribió esta mañana en sus redes sociales. “La buena noticia es que esto me ha servido como una llamada de atención. Durante los próximos 28 días, me alejaré de las redes sociales y de la vida pública mientras me concentro en recuperarme”, añadió Kyrgios, de 31 años. El tiempo (la vida) dirá si su carrera profesional se diluye entre las sombras actuales o si logra superar la batalla contra sus demonios internos, tener una última chance y lucir su ánimo simpático y contagioso. Grandes tiros de Kyrgios
Fuente: La Nación Deportes