Economía
El riesgo país argentino tocó los 506 puntos: las cinco razones de la suba
Un mes atrás, el riesgo país argentino acariciaba el límite de los 400 puntos y parecía encaminado a seguir cayendo. Hoy, ese mismo termómetro que mide cuánto le cuesta al país financiarse en los mercados internacionales trepó hasta los 506 puntos, un nivel que no se veía desde principios de junio. El rebote no es un capricho estadístico; refleja un combo de datos económicos flojos, ruido político, peor contexto internacional y un esquema monetario cada vez más difícil de descifrar para los inversores.El riesgo país —el índice que elabora el banco JP Morgan— compara cuánta más tasa de interés tienen que ofrecer los bonos argentinos frente a los rendimientos que ofrecen los títulos del Tesoro de Estados Unidos, considerados los más seguros del mundo. Cuanto mayor es esa diferencia, más caro resulta para el país, las empresas y hasta las provincias salir a buscar dólares prestados. A continuación, las cinco razones que explican por qué subió 18% el riesgo país argentino en agosto.La economía que no arranca“Es un secreto a voces que gran parte de la economía no arranca”, planteó un informe de la consultora Econviews, que dirige el exsecretario de Finanzas Miguel Kiguel. “El consumo masivo cae según las consultoras que siguen el tema, mientras que construcción, industria y comercio están aletargados. Los sectores que sí crecen (minería, agro y energía) representan apenas el 13% del PBI, con lo que no alcanza para levantar la economía en su conjunto. No hablamos de una crisis, como sí las hubo otras veces, pero sí de que una gran parte de la economía sigue sufriendo. De hecho, los últimos datos alimentan el nerviosismo porque el segundo trimestre se perfila para cerrar con una caída del PBI y los primeros números de julio tampoco son demasiado alentadores”, agregó.El propio ministro de Economía, Luis Caputo, señaló la semana pasada que hacía falta “reactivar” la economía, cuando anunció la flexibilización de la norma que regula los préstamos en dólares, y el presidente del Banco Central (BCRA), Santiago Bausili, admitió que la economía “crece menos de lo esperado”.Los primeros datos de julio sobre la actividad económica confirman el diagnóstico. La producción automotriz con ajuste estacional cayó 5,4% mensual y acumula una baja de 12,6% en dos meses; los despachos de cemento bajaron 4% mensual y los patentamientos de autos informados por Acara se desplomaron 17,7% mensual y 30% interanual. Para los analistas, la ausencia de crédito sigue pesando sobre los bienes durables y la construcción no logra encontrar piso.Una inflación que no cedeLa inflación tampoco ayudó. El índice nacional de julio marcó un 2,1% mensual, un salto que cortó la racha de desaceleración de los tres meses previos —1,9% en junio— y llevó la interanual a 33,8%. El dato estuvo en línea con lo esperado por el mercado, pero alcanzó para frenar el clima de optimismo que venía consolidándose.El problema no es solo el número en sí, sino lo que arrastra. Si la inflación no perfora el 2% mensual de manera sostenida, a los salarios les cuesta más ganarle en la carrera contra los precios. Y cuando el poder adquisitivo no logra recomponerse, el consumo —motor central de buena parte de la economía— tiene menos margen para reactivarse, lo que retroalimenta el estancamiento que describe el informe de Econviews.El humor social, en bajaA esto se sumó el clima político. Las encuestas de opinión pública —como Atlas Intel y el índice de confianza del consumidor de la Universidad Torcuato Di Tella— mostraron un deterioro en la imagen del Gobierno, con la actividad económica y el desempleo entre las principales preocupaciones.El traspié legislativo con las modificaciones a la Ley de Tierras terminó de sumar incertidumbre de cara a las elecciones presidenciales de octubre de 2027, mencionó la consultora Outlier, un horizonte que el mercado empezó a mirar con más atención.Esquema monetario difícil de leerEl cuarto factor, quizás el más determinante según la consultora Outlier, es el manejo monetario. En las últimas semanas, el BCRA y el Tesoro consolidaron un giro respecto del esquema anterior. En lugar de ajustar la cantidad de pesos en la economía cada 15 días a través de licitaciones, empezaron a usar los depósitos del Tesoro en el BCRA como una herramienta de ajuste diario, con bancos públicos actuando de intermediarios. El resultado, señala el informe, es un esquema difícil de leer: nadie termina de distinguir si el objetivo es restringir la liquidez, ordenar la curva de tasas en pesos, sostener el dólar o las tres cosas a la vez. “La opacidad creciente del régimen resta eficiencia y alimenta la cautela de los inversores”, plantea Outlier.El contexto internacionalPor último, pesa el contexto internacional. Los activos argentinos vienen mostrando lo que los analistas llaman un beta asimétrico. Es decir, cuando los mercados globales mejoran, los bonos y acciones locales no logran subir al mismo ritmo; cuando empeoran, profundizan la caída más que sus pares de la región.Los números lo confirman. En el último mes, el panel accionario argentino en dólares perdió 7,83%, mientras que el índice que sigue al mercado brasileño (EWZ) cayó 4,58% y el que sigue a América Latina (ILF) retrocedió apenas 2,02%. Ni siquiera el balance récord de YPF, que la semana pasada reportó su mejor trimestre por ganancias operativas en dólares, logró revertir la tendencia, señaló Outlier.
Fuente: La Nación