Responde la inteligencia artificial que un “corredor biológico” es un espacio geográfico que conecta áreas naturales o protegidas separadas por la actividad humana, y que “su función principal es permitir el libre desplazamiento de animales y plantas para buscar alimento, refugiarse, reproducirse e intercambiar genes, lo que evita la extinción de las especies”.
En la agricultura moderna el término y la práctica se están poniendo de moda, de la mano de la necesidad de mostrar que se pueden producir granos y a la vez conservar en los campos algunos lugares para que la Naturaleza siga haciendo de las suyas, en una mejor convivencia.
Pero del dicho al hecho hay mucho trecho y faltaba medir el impacto de esos “corredores biológicos”, de modo de convencer a los productores sobre la necesidad de implementarlos en cada uno de sus campos.
Lo hizo un equipo del INTA-Conicet, cuando no, en la Chacra Integrada Barrow, y por lo tanto es un ejercicio de medición válido para la flora y la fauna del sudeste bonaerense. Lo cierto es que el estudio demostró que “la reintroducción estratégica de flora nativa permite registrar un incremento inmediato de insectos controladores de plagas, aves y mamíferos insectívoros, a pesar de enfrentar condiciones climáticas extremas, como la sequía” que azotó la zona en medio de las mediciones.
El trabajo fue conducido por Paula Taraborelli de la Unidad de Estudios Agropecuarios INTA Conincet y llevada a cabo por el equipo de Agroecología de la Chacra Experimental Integrada Barrow en el módulo agroecológico de la Chacra. Apuntó a evaluar la resistencia de diferentes estratos vegetales utilizados para armar un corredor biológico y cuantificar la agrobiodiversidad dentro de un predio de 9 hectáreas con 10 años de manejo agroecológico.
En Barrow comprueban que bajo agroecología los ataques de plagas ceden porque la población de insectos es más diversa
“El hallazgo más significativo de la investigación fue la velocidad con la que la fauna benéfica adoptó estos espacios como zonas de refugio, alimentación y reproducción”, indicó la investigadora al publicar los primeros resultados de este pesquisa.
Las observaciones periódicas del grupo de trabajo confirmaron un aumento concreto en dos grandes grupos:
Entomofauna benéfica y arácnidos: Se constató la presencia activa de insectos claves para el control natural de plagas agrícolas, destacándose el registro de ejemplares y ootecas (depósitos de huevos) de mantíspidos Mantispidae, Paramantispa decorata). También se verificó el establecimiento de colonias de coccinélidos (controladores de pulgones y de dos especies de arácnidos predadores: la araña plateada de jardín (Argiope argentata) y la araña de jardín bandeada (Argiope trifasciata).
Avifauna carnívora e insectívora: Los corredores funcionaron como estaciones de caza para aves que regulan las poblaciones de roedores e insectos en los cultivos. Se identificaron ejemplares de halconcito colorado (Falco sparverius), lechucita vizcachera (Athene cunicularia), churrinche juvenil (Pyrocephalus rubinus) e inambú chico (Nothura maculosa).
Mamíferos insectívoros y carnívoros: También se verificó la presencia de pequeños mamíferos omnívoros, fuertemente insectívoros como la laucha de campo (Calomys laucha) y el Colicorto pampeano (una comadrejita, Monodelphis dimidiata).
Otra comprobación fue que la implantación estratégica de corredores biológicos en zigzag acelera el retorno espontáneo de insectos controladores de plagas y aves reguladoras. Este entramado natural incrementa la agrobiodiversidad y reduce la dependencia de insumos químicos en los agroecosistemas.
En tanto, el monitoreo de la flora nativa durante los ciclos 2021 y 2022 reflejó diferentes respuestas entre los distintos estratos vegetales, fuertemente condicionada por un verano extremadamente seco y caluroso que se registró en ese momento histórico.
Estrato arbóreo (83% de supervivencia): Fue el grupo más exitoso. Las especies que mejor se establecieron y toleraron el estrés hídrico fueron el Espinillo, la Cina-Cina y el Caldén. Se detectaron daños leves en ramas de Caldén y Espinillo causados por la liebre europea (Lepus europaeus), aunque estos no comprometieron la vida de los ejemplares
Estrato arbustivo (43% de supervivencia): Registró un éxito moderado, destacándose notablemente la consolidación de la Barba de chivo (o Flor de indio). Por el contrario, el Sen de campo figuró entre las especies que no lograron implantarse.
Estrato herbáceo (32% de supervivencia): Fue el estrato más afectado por la falta de humedad continua. Dentro de la baja tasa general, la Cortadera y el Pasto lirio mostraron el mejor desempeño adaptativo, mientras que la Valeriana, la Rhodophiala, la Paja colorada y la enredadera Tasi no sobrevivieron al período crítico.
Los investigadores concluyeron en que el éxito de los estratos más bajos depende directamente de una mayor frecuencia de riego artificial durante las primeras etapas de enraizamiento.
Tras procesar estos resultados, el equipo técnico determinó que los corredores biológicos cumplen la función de potenciar el control natural de especies problemáticas en los agroecosistemas.
Para consolidar estos datos, las próximas fases del proyecto contemplan la instalación de colmenas para evaluar la polinización y la realización de muestreos sistemáticos de fauna edáfica, artrópodos epigeos y mamíferos. Estos indicadores biológicos se compararán de forma directa con los de un módulo de producción industrial tradicional para medir científicamente el impacto real sobre el rendimiento y la salud del suelo.
Agro & Campo
Había que medir la eficacia de los “corredores biológicos” y alguien lo hizo: En la Chacra Barrow se confirmaron como excelentes refugios para animales e insectos benéficos
Fuente: Bichos de Campo