La ganadería de cría volvió a ofrecer números atractivos y, en los planteos mixtos del centro de Córdoba, empieza a competir de igual a igual con la agricultura. Miguel Lenti, productor de General Deheza, trabaja con soja y maíz, pero mantiene una fuerte apuesta por la ganadería, una actividad que conoce desde hace décadas y que utiliza, además, como herramienta para diversificar los riesgos de la empresa.
Su planteo ganadero está concentrado en la cría sobre campos bajos, algunos con sal y de condiciones difíciles, en buena parte alquilados. “Toda la vida fuimos ganaderos, pero usamos muy poco de la parte agrícola para la ganadería. Usamos más los bajos, campos alquilados que son bajos con sal, campo duro”, explicó.
La estrategia consiste en mejorar esos ambientes mediante pasturas y manejo rotativo. Trabaja con alfalfa asociada, raigrás, agropiro y verdeos de avena y centeno, con parcelas de entre 7 y 8 hectáreas donde las vacas permanecen unos cinco días antes de pasar a otra. La carga ronda una vaca por hectárea, con el desafío de llevarla a una vaca y media.
“Le pedimos a la ganadería que compita mano a mano con la agricultura”, dice Santiago Goldstein sobre el planteo de 16 mil hectáreas mixtas que tiene su familia en Tres Cruces
Es un sistema de cría y no de ciclo completo. Los terneros se destetan alrededor de los seis meses y se venden, mientras que las hembras quedan para reposición. Este año, el destete rondó el 88% y los terneros promediaron 196 kilos. Para Lenti, detrás de esos números hay una decisión fundamental: invertir en genética.
La cabaña La Ilusión, que comenzó en Angus en 2018, fue creciendo con la compra de vaquillonas y madres de pedigree. Una de las principales fuentes de genética fue Tres Marías de Gutiérrez, cuyo tipo de animal destaca por su tamaño y rusticidad, características que considera importantes para campos duros.
“Siempre metimos todo de genética, siempre íbamos comprando alguna vaquillona en el remate, así de a poco, y se armó un buen plantel de vaca madre”, contó. Hoy tiene un rodeo chico de puro controlado y pedigree, además del rodeo general, y también recurre a sociedades con otros criadores para acceder a genética de alto valor sin afrontar individualmente todo el costo.
“Los criadores buscan reproductores con facilidad de parto y bajo peso al nacer, y es lo que vendemos: genética con resultados”, dice Ángel Irañeta de la cabaña Santa Rita
La inversión, asegura, se recupera al momento de vender los terneros. “Tenés 15, 20 kilos más en el ternero por la calidad que tenés. Es importantísimo eso”, afirmó. Y fue más contundente al explicar su filosofía: “Mucha gente dice: ‘Voy a comprar todo lo más barato’, pero lo barato no va. Tenés que comprar genética porque te lo devuelve en kilos de terneros”.
Otro de los pilares del planteo es la inseminación a tiempo fijo. Lenti concentra los servicios entre fines de junio, julio, agosto y parte de septiembre, con unos 70 días de servicio, y luego incorpora toros de pedigree o puro controlado.
La búsqueda de pariciones tempranas tiene una doble ventaja. Por un lado, permite aprovechar mejor el potencial de crecimiento del ternero y llegar al destete con animales más pesados. Por otro, libera antes a la vaca para que pueda recuperarse y llegar en buenas condiciones al próximo servicio. “Vendés en el principio de la zafra, cuando podés sacarlo antes, y recuperás la vaca, que es lo que necesito porque la vaca en julio me está pariendo”, señaló.
“Estoy convencido de que el que retenga un vientre va a ganar”, dice Marcelo Huber, al frente de Agropecuaria La Olguita, desde donde maneja un rodeo de mil madres
El sistema también encaja con la otra pata del negocio. Como Lenti es agricultor, tener las pariciones concentradas le permite ordenar mejor el trabajo durante el año. “Nosotros nos dedicamos a la agricultura también, entonces como que ya al tener la parición lista es como que le dedicás tiempo a la otra”, detalló.
La integración entre agricultura y ganadería aparece también en la alimentación. Parte de los rastrojos de maíz son aprovechados por las vacas y este año incluso hicieron siembra aérea con dron de avena y centeno sobre maíces tempranos. “Algo de los rastrojos sí, de maíz más que todo. No todos los rastrojos, pero alguno siempre se picotea”, relató.
En un ambiente que no ofrece los rindes de la Pampa Húmeda y que atravesó años de sequía y episodios de granizo, Lenti considera que la ganadería funciona como un amortiguador. “Compite con la soja en estos momentos muy bien”, sostuvo. Y destacó una diferencia clave: “En febrero tenés dinero que no lo tenés con la agricultura. Entonces eso ayuda al círculo de la empresa”.
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Pero el buen momento de la hacienda también está generando comportamientos diferentes entre los productores. Mientras algunos retienen vientres para crecer, otros aprovechan la fuerte valorización de las vacas para hacer una toma de ganancias e invertir en tierra.
“Hay gente que se desprende de mucha hacienda porque hace eso. Rodeos grandes de vaca y hoy una vaca entre 1.200 y 1.800 dólares compra una hectárea de campo”, describió. A eso se suman las dudas que históricamente generan los cambios políticos y las posibles modificaciones en las reglas del negocio ganadero.
Lenti, sin embargo, decidió seguir otro camino. En lugar de vender la hacienda para capturar la suba de precios, está ampliando su rodeo con reposición propia e invirtiendo en nuevos campos ganaderos. “Seguimos creciendo”, afirmó. “No he comprado animales, agrandé el rodeo”.
Agro & Campo
Si en algo no ahorra el productor Miguel Lenti es en genética: “Tenés que comprar calidad porque te lo devuelve en kilos de terneros”, asegura
Fuente: Bichos de Campo