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Alejandro Schujman, psicólogo: “Cuando evitamos la tristeza, nuestro cuerpo se enferma”
En una época atravesada por las redes sociales, la hiperestimulación constante y la necesidad de mostrarse feliz todo el tiempo, cada vez más personas encuentran dificultades para conectar con emociones incómodas como la tristeza, el miedo o la angustia. Para Alejandro Schujman, ese intento permanente de evitar el dolor emocional tiene consecuencias directas sobre el cuerpo.El licenciado en Psicología, escritor, conferencista y director de la Red Asistencial de Psicología habló en exclusiva con LA NACION sobre cómo cada vez más las emociones reprimidas afectan la salud física y mental de los individuos. “Cuando evitamos la tristeza, nuestro cuerpo se enferma. El cuerpo actúa todo lo que nosotros silenciamos. Y somos también las emociones que reprimimos”, aseguró.Según explicó el especialista, el problema aparece cuando las personas intentan sostener una idea de felicidad constante, negando o escondiendo aquello que les duele en el día a día. “Y nos enfermamos, nos estresamos. Y nuestro sistema anímico y corpóreo y biológico colapsa al ritmo de las emociones no gestionadas”, continuó sobre los grandes problemas con los que llegan los pacientes al consultorio.Muchas veces el cuerpo es quien expresa aquello que emocionalmente no logra ponerse en palabras. El estrés crónico, la ansiedad, sarpullidos y distintas dolencias físicas pueden aparecer como consecuencia de emociones acumuladas que nunca fueron procesadas.La presión social por “estar bien” todo el tiempoEl psicólogo también reflexionó sobre el impacto que tienen las redes sociales en la forma en que las personas viven sus emociones. En un contexto donde predominan las imágenes de éxito, bienestar y felicidad permanente, muchas personas sienten que mostrar tristeza o vulnerabilidad puede ser interpretado como un fracaso personal.“Respecto de las emociones, tenemos serias dificultades en la gestión en tiempos de hiperconectividad. Las habilidades blandas —empatía, manejo de la tristeza, del enojo— son las grandes ausentes en estos tiempos de emojis”, señaló.
Fuente: La Nación