Apareció la palabra prohibida

Hubo una noticia que llamó la atención de los que siguen la economía, más específicamente el mundo de las finanzas, y se trata de una decisión que tomó el ministro de Economía, Luis Caputo, después de una deliberación muy larga con el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, con quien forma un equipo muy integrado porque eran socios en la actividad privada. La noticia tiene que ver con el récord de depósitos en dólares que hay en la Argentina y, ligado a eso, una decisión del Gobierno: permitirle a los bancos usar parte de esos depósitos. no más del 15%, para prestarlos a empresas que no generen dólares.Hasta el momento estaba permitido prestar dólares a los que los aportan, pero ahora se decidió flexibilizar su oferta y que los bancos puedan destinar 15% de sus depósitos a prestarlos a empresas, no a particulares, que no los exportan.Apareció La Palabra Prohibida; El Editorial De Carlos PagniEs una medida que generó cierta inquietud en algunos economistas, no en todo, ni siquiera en la mayoría, porque presumen que podría producirse una corrida de la gente en busca de los dólares que no están porque fueron prestados. Por ese motivo, la decisión del BCRA es muy restrictiva y los bancos que decidan usar esos dólares tienen que poner de su propio capital más que en otros préstamos. Hay mucho cuidado en que no se vuelva a presentar un problema como el de 2001.Este cambio fue anunciado por Caputo, a pesar de que es una medida adoptada por el Banco Central. La autonomía del BCRA, que para los liberales es sagrada, en este caso está relativizada.¿Dónde está el punto de interés si uno mira las películas de la economía y de la política? En cómo justificó Caputo la medida: “Va a ayudar a reactivar la economía”. El verbo “reactivar” lo usan los economistas cuando la actividad está aletargada o cuando un determinado nivel de crecimiento se desaceleró. Por eso, esa palabra que usó el ministro es una especie de lapsus para un Gobierno que niega cualquier problema en la actividad, principalmente en los sectores que están planchados, como construcción, industria y comercio.De esta manera, después de haber prometido en abril que se venían los 18 meses más espectaculares de la economía argentina en décadas, el ministro admitió que se necesita reactivación. Pero esto no nos debe sorprender porque la noticia para el Gobierno no llega desde la observación de la economía real, sino por un efecto secundario de ese decaimiento del nivel de actividad: cómo impacta en la recaudación.Caputo se da cuenta de que la recaudación del IVA y del Impuesto al Cheque, entre otras, está cayendo. A su vez, en la Capital Federal, las autoridades del gobierno de Jorge Macri están inquietas porque Ingresos Brutos cayó 10% respecto al año pasado. Sucede algo parecido en todas las provincias.Y también hay un mensaje del FMI que pasó inadvertido porque los propios técnicos del Fondo quisieron que así sea. En el informe que publican cada vez que examinan la situación argentina, se publicó una afirmación elogiosa: “La política fiscal se ha mantenido prudente y coherente con el objetivo general del Gobierno en materia de resultado de caja. El superávit primario federal alcanzó el 1,4% del PBI en 2025, lo que permitió obtener un superávit de caja global equivalente al 0,2%”.En ese texto se agregó una llamada al pie de página, en la que se aclaró: “Esta medida excluye los pagos de intereses correspondientes a los bonos cupón cero, que se registran ‘por debajo de la línea’. Si se incluyera ‘por encima de la línea’ el componente real de los intereses capitalizados, el déficit global ascendería aproximadamente al 0,8% del PBI”. Es decir: si los intereses de la deuda se calcularan de modo convencional, habría déficit.El FMI aclaró este dato porque tiene que hacerlo pero lo hizo en una nota al pie de página, para no entrar en contradicciones con el gobierno de Milei respecto de la vaca sagrada del Poder Ejecutivo: la política fiscal y el equilibrio de las cuentas públicas, en el cual, obviamente, Milei y Caputo avanzaron. Pero ahora se encuentran en el círculo vicioso de los ajustes. Salir de los ciclos de la alta inflación por la vía del enfriamiento de la economía termina afectando a la política fiscal porque caen los ingresos y el superávit se vuelve cada vez más lejano. Se va corriendo el arco.La caída en el nivel de actividad tiene que ver, más allá de la discusión sobre el tipo de cambio, con un recorte en el salario. Los aumentos han sido reprimidos para que no haya una carrera de precios que determinen más inflación y hay, además, un peso importante en el que se habla todo el tiempo del nivel de endeudamiento en las familias, problema que afecta a muchos y se volvió un asunto importante, aunque en términos de producto bruto no sea tan alto. Es decir, los técnicos miran los números y consideran que acá no hay un problema macroeconómico, sino político. O, en todo caso, un problema delicado social, de la gente que no puede pagar sus deudas, sobre todo aquellos que están endeudados con organismos que no son bancos o, directamente, con usureros informales, como pasa en muchísimos lugares, principalmente en el conurbano bonaerense.Hay otras razones por las cuales el salario está retraído y hay una caída del poder adquisitivo: el peso de los servicios públicos ha aumentado enormemente y hoy es, en el promedio del salario en blanco, un 15%. Cuando se retiró el gobierno Alberto Fernández era del 6%: se regalaban los servicios y eso generaba un déficit público enorme por los subsidios que había que pagar. También hay motivos por los cuales hay un problema en la recaudación y tienen que ver no sólo con la dinámica de la economía, sino con la ideología económica del Gobierno.La primera de esas razones es que el Gobierno mira la economía pensando en dos velocidades. Es una forma de entender la política económica y la manera que tiene el Gobierno de intervenir en ella. Hay una cláusula del catecismo de Milei que establece que no debe haber política industrial, el Estado no debe inmiscuirse en la lógica del mercado ni favorecer o desalentar a ningún sector. Esto, que es un dogma de fe para todo el pensamiento económico liberal o ultraliberal, en la cúspide de sus expositores está Federico Sturzenegger, en la realidad no es así. El Gobierno promueve determinados sectores a los que le quita impuestos, como la minería, el gas, el petróleo y todo lo que privilegia la política industrial del Gobierno, que se llama RIGI. Y ahora está el sector de la tecnología, lo que se llama economía del conocimiento, que va a tener un súper RIGI.Esos sectores se alientan pero son los que menos tienen que ver con el consumo y con la recaudación del IVA o del Impuesto al Cheque. Los otros, a los que el Gobierno no mira y a los cuales no quiere alentar porque sería intervenir sobre la economía, como si sobre los sectores de minería, oil and gas, etc., no interviniera, son los que producen el mayor impacto fiscal sobre la recaudación y esos son los que están retrasados.Quiere decir que hay un diseño de política económica y una forma de ver el mundo material y los sectores que deben ser alentados o desalentados que tiene muchísimo que ver con la caída de la caja del Gobierno que preocupa a Luis Caputo, y que hace que el ministro termine diciendo algo que decían sus críticos: esta economía debe ser reactivada, está adormecida y hay que despertarla.Además, hay otra razón por la cual también cae la recaudación: la cultura del blanqueo, que es permanente en este gobierno, así como en otros. Consiste en que a aquel que debe se le perdona la deuda o se le hace un plan de pagos. Un estilo que se llama en términos muy generales y metafórico “inocencia fiscal”. De esta manera, el que debe sabe que, si espera un poco, va a llegar un nuevo perdón. Así, decide seguir evadiendo porque no hay sanción.Este esquema también impacta sobre las cuentas públicas y está ligado a la evasión, que ha aumentado muchísimo. Sube el consumo pero la recaudación de IVA no le sigue el ritmo, y, cuando cae el consumo, la recaudación de IVA baja más. En la diferencia entre ambos, consumo e IVA, se juega la evasión fiscal, que también incide sobre esas cuentas que preocupan al ministro y que le hacen ver finalmente, por el lado de lo fiscal, que la economía real está castigada en sectores muy importantes. Así se enrarece el clima general de la sociedad.Esto, por supuesto, tiene efectos políticos. El primero tiene que ver con la estructura de la casta. IVA y Ganancias son impuestos coparticipables, entonces, si baja el IVA, le cae a Caputo, pero también a cada uno de los gobernadores que recibe de una cuenta del Banco Nación el goteo diario de lo que se recauda por esos impuestos y va a las provincias. Así se empieza a generar un malestar que siente Diego Santilli, el jefe de gabinete, a quien se le encomendó la relación con las provincias, que es, asimismo, la relación con el Congreso.En ese punto empieza a haber ruidos que hacen que el Gobierno no pueda sacar todas las leyes, o artículos de leyes, que quiere sacar y tenga derrotas parlamentarias que hacen que algunos oficialistas en el Congreso piensen que va a haber poca actividad parlamentaria porque no se van a lograr tan fácilmente las mayorías. Los gobernadores ven que les cae la recaudación, pero, además, que el Gobierno se apropia de algunas cajas que debería girarles. Una es la que publicó Hugo Alconada Mon en LA NACION, que está vinculada al mantenimiento de rutas. Había un billón y medio de pesos destinado a ese propósito y el Ejecutivo se quedó con dos tercios de ese fondo que tenía que ir, por ley, a las provincias. Hubo una denuncia penal de la diputada Victoria Tolosa Paz por este tema. A los gobernadores la cuestión fiscal los empieza a inquietar.A su vez, hay otra razón para complicar la política, que es más poderosa: la reelección de Milei, que hasta hace seis meses que se daba por asegurada, sobre todo después del envión que tuvo el Gobierno con la exce

Fuente: La Nación