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Cómo cambió el diagnóstico y el tratamiento de la obesidad según uno de los mayores expertos
La obesidad dejó de ser entendida simplemente como el resultado de comer demasiado y moverse poco. Hoy se la reconoce como una enfermedad crónica, compleja y multidimensional, atravesada por factores biológicos y psicológicos y capaz de afectar prácticamente todos los aspectos de la vida. En la Argentina, la dimensión del problema es enorme. Según el Atlas 2025 de la Federación Mundial de la Obesidad, en nuestro país el 73% de los adultos presenta exceso de peso y el 39% vive con obesidad. Pero al mismo tiempo que crece su prevalencia, está cambiando radicalmente la manera de diagnosticarla y tratarla.Uno de los referentes de este cambio de paradigma es el doctor Arya Sharma, uno de los mayores especialistas en obesidad y creador del Edmonton Obesity Staging System (EOSS), un sistema publicado en 2009 que propone clasificar la obesidad no por el peso sino por sus consecuencias en tres dimensiones: la salud física, la salud mental y la capacidad funcional. Sharma trabajó durante tres décadas en este campo y desarrolló buena parte de su carrera en Canadá; actualmente reside en Alemania.LA NACION lo entrevistó durante el Foro Latinoamericano de la Pérdida de Peso y su Impacto en la Salud, realizado la semana pasada en Panamá. Allí, Sharma planteó que el objetivo del tratamiento de la obesidad no debería ser simplemente lograr que una persona pierda determinada cantidad de kilos, sino prevenir complicaciones y mejorar su calidad de vida. Las mejoras en la presión arterial, la diabetes, el hígado graso, la apnea del sueño, la movilidad, la salud mental o la capacidad para realizar actividades cotidianas pueden ser indicadores de éxito mucho más relevantes que una baja aislada del peso corporal. Ese enfoque adquiere todavía más relevancia con la llegada de los agonistas del receptor GLP-1, una nueva generación de medicamentos que está transformando el tratamiento de la obesidad. Para Sharma, estas terapias actúan sobre uno de los mecanismos centrales de la enfermedad, la regulación del apetito. Pero también obligan a cambiar la pregunta acerca de qué significa que un tratamiento “funcione”.—Durante mucho tiempo se evaluó la obesidad principalmente con el IMC. ¿Por qué considera que ya no alcanza?—El índice de masa corporal es solamente altura y peso. Es una medida del tamaño corporal. Se puede pensar como el talle de la ropa. Que alguien diga que usa talle 18 no constituye un diagnóstico médico. Es cierto que a medida que aumenta el IMC es más probable encontrar complicaciones. Con un IMC de 40 o 50 es muy difícil encontrar a alguien que no tenga problemas de salud. Pero también puede haber una persona con un IMC de 27 que no tenga ningún problema y otra que sí presente hipertensión, diabetes o apnea del sueño. Por eso el IMC, por sí solo, no nos dice cuál es el estado de salud del paciente.—Usted creó el Edmonton Obesity Staging System. ¿Cómo funciona concretamente?—Es muy sencillo. Evaluamos tres dimensiones: la salud física, la salud mental y la salud funcional. Y después clasificamos al paciente en cinco estadios, del 0 al 4. En el estadio 0 cumple criterios de obesidad, pero no presenta problemas en ninguna de esas dimensiones. En el estadio 1 comienzan a aparecer alteraciones, por ejemplo, una presión arterial limítrofe o prediabetes. En el estadio 2 ya existe una enfermedad establecida, como hipertensión, diabetes o apnea del sueño. El estadio 3 implica daño de órganos y el estadio 4 corresponde a enfermedad avanzada, en la que, incluso perdiendo peso, puede haber consecuencias que ya no sean reversibles.—Entonces, ¿dos personas con el mismo peso o el mismo IMC pueden necesitar abordajes completamente diferentes?—Sí. El sistema de Edmonton no utiliza el IMC para establecer el estadio. Lo que pregunta es si existe un problema y qué tan avanzado está. Se puede aplicar el mismo razonamiento a distintas complicaciones. Tomemos la diabetes como ejemplo. Una glucemia normal sería estadio 0; la prediabetes, estadio 1; la diabetes, estadio 2. Si ya existen problemas renales, oculares o cardíacos, se pasa al estadio 3. Lo mismo puede hacerse con la hipertensión, la osteoartritis, la apnea del sueño o el hígado graso.—Con la llegada de los GLP-1 se habla mucho de “medicamentos para bajar de peso”. ¿Es una definición demasiado limitada?—Sí. Cuando hablamos de tratamiento de la obesidad, en realidad no solo nos importa el peso. Lo que queremos es prevenir las complicaciones de la obesidad y mejorar la calidad de vida. Eso no se mide en kilogramos. Se mide en qué pasa con la presión arterial, con la respiración, con el dolor, con la actividad física y con otros resultados importantes para el paciente. Eso es lo que diferencia a la medicina de la obesidad de una simple clínica para bajar de peso.—¿Qué cambió con estos medicamentos respecto de los tratamientos anteriores?—El GLP-1 es una hormona que normalmente secreta el intestino después de comer. Entre otras funciones, aumenta la secreción de insulina, reduce la producción de glucosa, enlentece el vaciamiento gástrico y también actúa sobre el cerebro, generando una señal similar a la que aparece después de haber comido mucho. Por eso una persona siente saciedad y come menos. Los nuevos medicamentos actúan sobre esa regulación del apetito, que es uno de los aspectos centrales de la obesidad. Esto es importante porque cuando una persona intenta adelgazar está luchando contra su propia biología. El organismo está diseñado para defender el peso y, cuando se interrumpe un tratamiento, existe una tendencia a recuperarlo.—Entonces, ¿cómo debería definirse el éxito de un tratamiento contra la obesidad?—Depende de quién haga la pregunta. Para el paciente, el éxito puede ser verse mejor o sentirse mejor. Para el médico, puede ser que la presión arterial esté controlada o que mejore la diabetes. Para quien financia el tratamiento, puede significar reducir los costos y prevenir futuras complicaciones. También depende de cada persona. Si un paciente tiene una enfermedad cardíaca, el éxito puede ser prevenir nuevos eventos; si tiene hígado graso, mejorar esa enfermedad. Para una mujer que quiere quedar embarazada, el éxito puede ser lograr el embarazo. Por eso no existe una única definición de éxito. El objetivo depende del problema y de lo que se busca conseguir en cada paciente.
Fuente: La Nación