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Con el inicio de la carrera electoral, cambia el mapa del Senado y Bullrich busca armar una nueva mayoría
Pasó el Mundial, el calendario marcó la llegada de agosto y, en silencio, pero con señales claras, comenzó a girar la rueda electoral de cara al año próximo y, con ella, los primeros efectos de la incipiente carrera presidencial en un Senado donde el oficialismo no tiene mayorías propias y alguno gobernadores tienen un peso determinante.En otras palabras, tras la sesión del pasado 6 de agosto, en el Senado comenzó a dibujarse un nuevo mapa político, distinto del que había trazado la jefa de los senadores oficialistas, Patricia Bullrich (Capital), y que le permitió contar con mayorías fluctuantes entre los 38 y los 42 votos para aprobar los proyectos del Gobierno de Javier Milei.Los números son difusos, pero el oficialismo sabe que deberá forjar una nueva alianza para, al menos, llegar a fin de años sin disgustos legislativos. Cuenta con 21 senadores propios, con al menos 7 de 10 radicales y los 3 miembros de Pro. A esta lista hay que sumar al peronista correntino Carlos Espínola.Lo que resta para consolidar una mayoría clara, el umbral serían 37 votos, Bullrich y el Gobierno tendrán que trabajarlo ley por ley, paso a paso, como diría Carlos “Mostaza” Merlo.La muestra de que las fichas legislativas empiezan a moverse al ritmo electoral del 2027 la vivió en carne propia la exministra de Seguridad hace diez días, cuando tuvo que resignar dos capítulos enteros del proyecto de inviolabilidad de la propiedad privada, uno de ellos durante la misma sesión en que se aprobó la iniciativa, por la decisión de un puñado de gobernadores que consideró que su alianza con la Casa Rosada no justificaba pagar el costo político de apoyar un texto que había perdido consenso social.Más allá de que la derrota legislativa se puede explicar en que el Gobierno había perdido la batalla política y mediática en torno al capítulo que levantaba las restricciones a la venta de tierras a extranjeros, en la mesa de arena de Bullrich consideran que detrás del desguace del proyecto elaborado por el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, se esconde una acción política que marca el inicio de la batalla electoral.“Hay un reacomodamiento político en el peronismo, que se está organizando para encuadrar a los gobernadores que han apoyado al oficialismo”, fue el primer análisis, en caliente, que hizo Bullrich en diálogo con LA NACION en un recinto que se iba vaciando de senadores la misma madrugada de la aprobación del proyecto de propiedad privada.El subtexto de la lectura que hace el oficialismo de la última sesión del Senado es el reconocimiento implícito de la caída en imagen y apoyo que, según varias encuestas, viene sufriendo Javier Milei como consecuencia del desgaste de su gestión, de los costos indeseados del plan económico y de errores no forzados como haber sostenido por casi tres meses al inefable Manuel Adorni en la jefatura de Gabinete.Los hechos de esta semana parecen darle la razón a la senadora. La “cumbre” de tres de los principales referentes del PJ (Axel Kicillof, Máximo Kirchner y Sergio Massa) unificando criterios y juramentándose trabajar en contra de la eliminación de las elecciones primarias que impulsa la reforma política del Gobierno, así lo demuestra. Más aún si se toma en cuenta la velada amenaza lanzada por el trío bonaerense contra los gobernadores peronistas Raúl Jalil (Catamarca) y Osvaldo Jaldo (Tucumán) para que rechacen la eliminación de las PASO.Si bien Jalil viene evitando poner a su senador, Guillermo Andrada, a las órdenes del Gobierno, en el caso de Jaldo el abandono del barco oficialista fue evidente: le ordenó a la senadora Beatriz Avila votar en contra de la extranjerización de tierras y también colaboró a que se cayera, ya en el recinto, el capítulo que modificaba la ley de manejo del fuego para permitir la disposición inmediata de terrenos productivos afectados por un siniestro.Lo mismo ocurrió con las senadoras Flavia Royón (Salta) y Carolina Moisés (Jujuy), ésta última una “asilada” del mandatario norteño después de pelearse con Cristina Kirchner, que responden al gobernador salteño Gustavo Sáenz; y la neuquina Julieta Corroza, alineada con el mandatario provincial Rolando Figueroa.En el caso de Sáenz, en los despachos libertarios empiezan a ver que cada vez será más difícil contar con sus votos y anticipan un distanciamiento que será directamente proporcional con la capacidad que tenga el PJ de unirse de cara a los comicios del año próximo. El mismo análisis aplica para Jaldo.En el oficialismo se entusiasman con poder mantener el apoyo de Figueroa a partir del punto en común que tiene con el gobierno nacional en favorecer el desarrollo de Vaca Muerta. Una señal de eso se vio la semana pasada con el claro respaldo de Corroza al proyecto de ley de Súper RIGI, que se trata en comisiones de la Cámara alta y que Bullrich pretende llevar al recinto, y convertir en ley, a más tardar en los primeros días de septiembre.En la lista de votos elusivos entraron los dos senadores por Misiones Sonia Rojas Decut y Carlos Arce. Con la fractura del oficialismo misionero, la senadora tomó partido por el gobernador Hugo Passalacqua y fue uno de los rechazos que colaboró a la caída de extranjerización de tierras, primero, y de los cambios en la ley de M anejo del Fuego, después, ya en el recinto. Arce, por su parte, mantiene su alineamiento con Carlos Rovira, el líder del extinto Frente Renovador de la Concordia devenido ahora en Encuentro por Misiones. Se estima que el todavía hombre fuerte de la provincia mesopotámica mantendrá su alianza con la Casa Rosada.Por último, en la columna de votos dudosos se anota Edith Terenzi. La senadora por Chubut es radical, pero juega alineada con el gobernador Ignacio Torres (Pro), que suele hacer un delicado equilibrio entre su apoyo al Gobierno nacional y sus aspiraciones políticas. En la sesión del 6 de agosto, la legisladora se opuso a los capítulos controvertidos y colaboró, así, a que el proyecto oficialista fuera dejando jirones en el camino.
Fuente: La Nación