Quién es el “Milei brasileño” que podría complicar a Flávio Bolsonaro

BRASILIA.– Renan Santos no tiene dudas sobre por qué, después de doce años como fundador y articulador del Movimiento Brasil Libre (MBL) –el influyente grupo de derecha ultraliberal nacido en internet– sin disputar cargos, decidió postularse a presidente: “Porque soy mejor que ellos”, dijo a LA NACION en una entrevista telefónica, sin ironía y con la misma seguridad con la que semanas atrás desenvainó una daga ceremonial ante miles de militantes en San Pablo. “Tengo una cualidad superior a la de todos los demás líderes políticos de Brasil”, agrega el candidato a presidente del Partido Missão (Misión). “Nadie tiene el liderazgo que tengo yo”. Santos estuvo en la primera línea de las protestas que empujaron el impeachment de la expresidente Dilma Rousseff en 2016, pero siempre desde la organización, nunca como candidato. Eso cambió el 1 de agosto pasado, cuando Missão lanzó su candidatura con un espectáculo que mezcló recital de rock, ritual marcial y despliegue digital: bajo una luz de celulares encendidos, cantó un jingle compuesto por él mismo –es guitarrista de una banda– antes de que su compañero de fórmula, un coronel retirado de la policía, le entregara en una urna una réplica del espadín de los cadetes brasileños, bendecida por un sacerdote. Con un lenguaje belicista, el partido llamó a sus seguidores a sumarse a un “combate” para “hacer historia” y recuperar el país. Kim Kataguiri, diputado federal y cofundador del MBL, resumió la mística: “Acabamos de desembarcar en la isla del enemigo y vamos a quemar nuestros propios barcos para que no haya vuelta atrás”. UNE SERÁ BEM-VINDA NO ATO DE RENAN SANTOS? pic.twitter.com/NbDSLbUG3D— Kim Kataguiri (@KimKataguiri) August 14, 2026Buena parte de la prensa brasileña ya lo bautizó como “el Milei brasileño”. En encuestas online -donde el Missão despliega una militancia hiperactiva premiada con rankings de puntos y donaciones- Santos, de 42 años, trepa hasta un 10% y se destaca entre los menores de 25 años. El matiz aparece en los relevamientos presenciales: en Datafolha no supera el 3-6%, disputando con el gobernador de Goais Ronaldo Caiado y el de Minas Romeu Zema la etiqueta de “tercera vía”, un rótulo que el propio Santos rechaza. Él sostiene que su pelea es con Flávio Bolsonaro, por un lugar en el balotaje contra el presidente Lula. Para Marco Antônio Teixeira, politólogo y profesor de la Fundación Getulio Vargas en San Pablo, la candidatura de Santos marca “un síntoma de cansancio”: la marca de una elección que llega, por tercera vez consecutiva, dominada por la misma polarización entre bolsonarismo y petismo. Al atacar por igual a Lula y a los Bolsonaro, señala Teixeira, el candidato busca capturar el descontento en un electorado joven que consume política en burbujas digitales. Santos también carga contra las cuotas raciales en las universidades, que propone reemplazar por becas al mérito: “no creemos que tengan efectos prácticos, como aumentar la integración racial. No pasa nada. Es solo una política que genera culpa en la clase media y una caída en el desempeño educativo”, dijo a LA NACION. Los datos oficiales matizan ese diagnóstico: según el Consórcio de Acompanhamento das Ações Afirmativas (CAA), red de investigadores que cruza datos del Instituto Brasileño de Estadística, la proporción de jóvenes negros, pardos e indígenas en la educación superior pasó de 31% en 2001, cuando comenzaron las primeras políticas de ese tipo, a 52% en 2021. Del presidente argentino Milei, Santos rescata sobre todo su “audacia”: “Milei no propuso un fraude electoral. Avisó que haría reformas, que sería difícil al principio, pero que al final traería beneficios. Me parece muy valiente y yo hago lo mismo en mi campaña”, afirmó a LA NACION. Santos sostiene además que Brasil no repetirá el severo ajuste argentino, porque su economía está menos degradada fiscalmente. En política exterior, en cambio, considera “ridículo” el alineamiento automático del libertario argentino con Donald Trump y la familia Bolsonaro. Su estilo agresivo no hace concesiones. En su discurso de lanzamiento calificó a Bolsonaro de “farsante, débil, corrupto y mongoloide”, mientras que a Lula lo definió como un “borracho senil”. La disputa con el clan Bolsonaro no es nueva: el MBL respaldó a Jair Bolsonaro en 2018, pero rompió al año siguiente acusándolo de llevar al país “al abismo”. Entre sus propuestas, varias de ellas controvertidas, sobresale la abierta desconfianza en las instituciones. Santos prometió “matar a quien robe” -pese a que la pena de muerte para delitos comunes está prohibida constitucionalmente en Brasil- y adelantó que no acatará decisiones monocráticas –adoptadas por un solo juez– del Supremo Tribunal Federal que considere “ilegales”. Además, propone crear una reserva nacional de Bitcoin y financiar la “desfavelización” de 12.000 comunidades mediante un bono a 50 años pagado por las propias familias. “Brasil nunca vio a la favela como un problema. Nosotros fuimos los primeros en decir que la favela es algo absurdo y tiene que dejar de existir”, explicó. Pese al tono “anticasta”, Santos admite sin rodeos que para gobernar necesitaría pactar una mayoría en el Congreso con políticos del denominado Centrão, a quienes ya tildó de “parásitos y vagabundos”.Neste domingo, às 13h, no Largo São Francisco.https://t.co/5LmuPCCXo8 pic.twitter.com/Mp7H40GSob— Renan Santos⬛️🟨⬜️ (@RenanSantosMBL) August 12, 2026Esa misma lógica la traslada a su plan económico: propone congelar las jubilaciones desvinculándolas del salario mínimo y sustituir el programa asistencial Bolsa Família por “frentes de trabajo comunitario”, obras locales de pavimentación y luz. Aunque el MBL se gestó como un movimiento antisistema, sus dirigentes compitieron durante años bajo la estructura de partidos tradicionales del centro político. Santos lo justifica como una necesidad pragmática: “En Brasil es prácticamente imposible fundar un partido. Usamos esos espacios solo para competir”. Esa misma tensión reaparece en sus propuestas de seguridad, donde promete mano dura mediante la Garantía de la Ley y el Orden, aunque la policía depende de los gobernadores. Cuando Kataguiri definió al partido como un “arma de venganza”, surgieron cuestionamientos sobre el impacto en la violencia política. Santos lo niega: asegura que en Brasil no hay violencia política y atribuye los crímenes a “rivalidades familiares arcaicas”. Los datos lo contradicen: en la última elección presidencial, 2022, los casos de violencia política treparon 400% respecto de 2018, la anterior, según organizaciones de derechos humanos. Su propuesta propone una síntesis de modelos regionales. “Milei en la forma, Bukele en el contenido”, declaró recientemente. Del argentino toma la retórica disruptiva y la disciplina fiscal. Del salvadoreño, las megacárceles de máxima seguridad y un “Derecho Penal del Enemigo” que suspendería garantías civiles para ciertos criminales.Para Teixeira, se trata de una combinación de difícil aplicación en un país continental, federal y con un poder Judicial independiente. Santos, sin embargo, concluye con convicción: “El pueblo brasileño está cansado de ser humillado. Lo matan en la calle, lo roban. La gente está enojada y tiene razón. Necesitamos canalizar esa rabia para devolver la ley y el orden”. El 4 de octubre, las urnas pondrán a prueba la efectividad de ese discurso radical.

Fuente: La Nación