General
David: una obra sobre la compleja relación entre un padre y un hijo que sorprende y apabulla al espectador
Por la Compañyia Hongaresa de Teatre de Valencia (España). Autor y director: Paco Zarzoso. Intérpretes: Enric Juezas y Ángel Figols. Escenografía: Los Reyes del Mambo. Vestuario: Adame. Iluminación: Mingo Albir, Leandra Rodríguez. Música: Raimon Flores Civera y Juan José Párraga de la Virgen. Video: Sergio Serrano. Sala: Cunill Cabanellas del teatro San Martín. Funciones: miércoles a domingos, a las 19.30. Duración: 55 minutos. Nuestra opinión: Muy buena.Auspiciada por el gobierno de España, el Ayuntamiento de Valencia y la Agregaduría Cultural de la Embajada de España, la Compañyia Hongareza de Teatre, de Valencia, conformada por Paco Zarzoso, Lola López y Luïsa Cunillé regresan para presentar una serie de espectáculos la ciudad de Buenos Aires.La primera de sus obras, debutó en la Cunill Cabanellas del San Martín, sala en la que, en 2011, presentaron Hilvanando cielos. En 2016, en el Regio, estrenaron Serenata para un país sin serenos, de Lluïsa Cunillé y Zarzoso, la que como la actual, David, también abordaba el tema de los muertos.David, estrenada en 2024, en el teatro Rialto, de Valencia, es una multipremiada pieza, de solo dos personajes: un padre y un hijo. Los que, si bien al inicio del relato, parecen discutir por trivialidades que mucho tienen de farsesco; a medida que avanza el argumento se termina convirtiendo en un hecho trágico. De lacerante emotividad, la obra no deja de sorprender y apabullar al espectador, al descubrir que en verdad lo que propone Paco Zarzoso -autor y director- es mostrar, quizás, en formato de parábola: un hecho de abuso de un adulto a un joven.La pieza adquiere la figura de una espiral dramática, en la que a través de lo que dicen y hacen sus dos personajes -Enric Juezas y Ángel Figols, en un crescendo dramático conmovedor-, las situaciones van despertando sensaciones ambiguas. Comienza con una serie de reproches del padre al hijo, no exentas de humor, para concluir en un final en el que se descubre un acto de filicidio cometido en el pasado.La puesta en escena es austera. Un tapete circular, un sillón, una mesa en la que está apoyada una urna, que contiene las cenizas de la madre y algunos objetos más conforman el espacio escénico, en el que se desplazan los dos personajes como en una especie de danza macabra. De vibrante emocionalidad y de una energía que despliegan ambos intérpretes que parece chocar de un cuerpo a otro, primero se disfruta de ciertas tonalidades afectivas y humorísticas, en las que se discute por la comida. Luego el relato va adquiriendo colores más oscuros, de una densidad que parece herir punzantemente esos cuerpos, atravesados por la inefable necesidad del padre de herir al hijo, como si en ese acto no pudiera evitar el placer de hacer sufrir al otro, aludiendo al poder que sustenta el adulto ante un joven indefenso. Mientras que el hijo, sin poder reaccionar se vuelve un complaciente servidor de ese adulto que actúa con cinismo cualquier actitud que indique un gesto de afecto.PreguntasLa supuesta invitación al hogar de un personaje que no aparece en escena y responde al nombre de David, un muchacho que vive en la calle y el hijo trae a la casa, parece definir la lacerante metáfora que refiere al relato bíblico de David y Goliat. A la vez que prevé el final de una odisea en la que surgen las preguntas ¿qué hacer cuando un padre pide perdón al hijo por el dolor infligido? ¿el padre mató a la madre, cuyas cenizas guarda celosamente en la casa?Paco Zarzoso le impone una dialéctica artística de inquietante actualidad al relato que expone. Con trazos simples, diseña una elipsis dramática que refiere a un gozoso universo estético, en el que pueden leerse referencias tanto al deleite que provoca el definido esperpento de don Ramón del Valle Inclán, con su trágico grotesco, hasta aquella inolvidable imagen de Saturno devorando a su hijo, uno de los cuadros de la serie oscura del pintor Francisco de Goya.Enric Juezas y Angel Figols, se posesionan de esa simbiótica relación padre-hijo con inusitada maestría actoral.Esta pieza continuará en el San Martín, hasta el 23 de este mes. Mientras que la misma Compañía con otros intérpretes, ofrecerá otras dos obras: Tejedoras del abismo y Coro, ambas se podrán ver en la sala Toda Teatro, Tacuarí 964.4 stars
Fuente: La Nación