En Florida: la carretera que cruza 113 millas de océano y se siente como conducir sobre el agua

Con el mar extendido a ambos lados, la Overseas Highway atraviesa los Cayos de Florida mediante una sucesión de 42 puentes. A lo largo del recorrido, la cercanía del océano y las pequeñas islas tropicales crean la sensación de conducir sobre el agua.¿Cuánto mide la Overseas Highway de Florida?El sitio oficial de turismo de los Cayos de Florida indica que la sección más austral de la U.S. Highway 1 recorre 113 millas (182 kilómetros) entre Key Largo y Key West. El trayecto incorpora 42 puentes que avanzan de cayo a cayo sobre las aguas abiertas del Océano Atlántico, la Bahía de Florida y el Golfo de México. La sucesión de estructuras explica que haya recibido el apodo de la “carretera que va hacia el mar”.Las islas de coral y piedra caliza parecen pequeñas frente a la amplitud del agua y el cielo. Sin embargo, albergan comunidades, marinas y distintos servicios vinculados con la actividad turística.Un trayecto entre cayos, marinas y aguas abiertasA lo largo de la Overseas Highway, pequeñas señales verdes colocadas al costado de la calzada marcan las millas. La ruta pasa junto a marinas con embarcaciones de pesca deportiva y veleros, además de viviendas costeras rodeadas de palmeras y plantas en flor. El recorrido también atraviesa áreas con restaurantes de mariscos, complejos turísticos y otras construcciones frente al mar.¿Cómo nació la ruta que une los Cayos de Florida?El trazado actual sigue el camino abierto por el proyecto ferroviario de Henry Flagler, quien decidió extender su red desde Miami hasta Key West después del inicio de la construcción del Canal de Panamá.De acuerdo con Florida State Parks, varios ingenieros consideraban que la obra no podía realizarse. Flagler encontró respaldo en el responsable del proyecto, James Meredith, y avanzó con la construcción de una línea que atravesaría los Cayos de Florida.Los trabajos demandaron siete años, más de US$50 millones y 17 millones de yardas cúbicas de materiales colocados sobre el trazado. En distintos momentos participaron más de 4.000 trabajadores y tres huracanes atravesaron la región durante la obra.El ferrocarril quedó terminado en 1912 y fue denominado la “octava maravilla del mundo”. Su llegada a Key West permitió conectar las islas con el resto del territorio mediante una infraestructura levantada sobre tierra y aguas abiertas.El huracán que marcó el final del ferrocarrilLa línea permaneció en funcionamiento hasta el huracán del Día del Trabajo de 1935. El fenómeno atravesó los Cayos de Florida con vientos estimados de 185 mph (298 km/h). Desde 2009, esta vía ostenta categoría All-American Road por su carácter singularEl temporal provocó daños en el ferrocarril, aunque gran parte de la infraestructura permaneció intacta. El costo de construcción y mantenimiento llevó a la compañía a vender la línea al estado de Florida y al condado de Monroe por US$640 mil.El proceso para transformar el recorrido ferroviario en carretera ya había comenzado. La Overseas Highway abrió en 1938 y utilizó como base algunos de los tramos originales de la vía.¿Qué ocurrió con los antiguos puentes ferroviarios?Con el paso del tiempo, nuevas estructuras reemplazaron los puentes heredados del ferrocarril. En 1982, 37 de los pasos originales fueron sustituidos por otros más anchos y resistentes, incluido el Seven Mile Bridge actual.Los puentes históricos de Long Key Channel, Knight’s Key —también identificado como Seven Mile— y Bahia Honda Channel ingresaron al Registro Nacional de Lugares Históricos en 1979.La distinción otorgada a la Overseas HighwayLa Florida Keys Scenic Highway, que comprende un tramo de la Overseas Highway, recibió en 2009 la designación federal de All-American Road. Esta es una categoría que reconoce corredores con valores escénicos, históricos y culturales de relevancia nacional.Los antiguos puentes ferroviarios forman parte actualmente del Florida Keys Overseas Heritage Trail, un sendero de usos múltiples que preserva parte de la historia de esta infraestructura.

Fuente: La Nación