W. Joseph Campbell: “Es simplista creer que solo la prensa destapó Watergate”

Es, según muchos lo definen, uno de los mayores especialistas de los Estados Unidos en derribar mitos que tienen que ver con la prensa. Incluso dedicó un libro sobre ese tema, Getting it wrong (Equivocarse), en el que se anima a incluir a figuras legendarias como Walter Cronkite o William Randolph Hearst. Uno de los capítulos de ese libro está dedicado al caso Watergate, en el que trata de, si no de derribar, por lo menos atemperar la imagen del “periodista heroico” -así la define- que desde siempre han encarnado Bob Woodward y Carl Bernstein, los periodistas de The Washington Post que llevaron adelante la investigación periodística del escándalo que puso fin a la presidencia de Richard Nixon, en 1974. El papel del Washington Post en la caída de Nixon ha sido un tema historiográfico apasionante, pero en los últimos años han surgido varios autores que han matizado la narrativa comúnmente aceptada. W. Joseph Campbell es un destacado “desmitificador” de Watergate, y sostiene que el Post exageró su contribución a la investigación, que fue en realidad mucho más amplia e involucró al FBI, a jueces y el Senado. Para Campbell, el diario instrumentalizó el episodio para su propia autolegitimación periodística. Argumenta que el Post, tras quedar rezagado respecto a The New York Times en la publicación de los Pentagon Papers, buscaba consolidarse como un gran diario nacional y superar a su competidor. Relatos históricos, incluyendo un artículo del Instituto Smithsonian y las memorias del editor Ben Bradlee, confirman esta ambición competitiva de Bradlee y Katharine Graham, propietaria del diario, de transformar el Post de un periódico regional a uno nacional. David Halberstam, en The powers that be, describe en detalle esta rivalidad, señalando la “humillación relativa” del Post ante la exclusiva de Ellsberg por parte del Times y el deseo de Bradlee de competir de igual a igual. Más allá de la competencia, autores conservadores o “nixonianos” como Geoff Shepard, en su libro The Nixon conspiracy, o el periodista Garrett Graff, en Watergate: a new history, han contribuido a revisar la narrativa sobre el rol de Woodward y Bernstein. W. Joseph Campbell fue periodista durante 20 años. Escritor, historiador, se desempeña como profesor emérito de comunicación en la American University en Washington, D.C. Además de Getting it wrong, escribió otros seis libros. Campbell, que accedió a responder una serie de preguntas de LA NACION, reconoce que la labor de los dos periodistas del Post ofreció algunos avances notables, pero no fue una sucesión de revelaciones explosivas y fue magnificada. En su mirada, en la caída de Nixon confluyeron otros factores igualmente decisivos. -Se cumplió este 9 de agosto un nuevo aniversario de la renuncia de Nixon. ¿Cree que en los últimos años ha surgido cierto revisionismo sobre el papel de la prensa en el caso Watergate? -Es difícil saber si es una tendencia creciente. Por un lado, podría no serlo: al fin y al cabo, Woodward y Bernstein son algunas de las pocas figuras sobrevivientes del caso, por lo que existe la tendencia a centrarse en ellos cuando el escándalo vuelve a la actualidad, por ejemplo, en los aniversarios del allanamiento o de la dimisión de Nixon. Ellos parecen estar dispuestos a aceptar entrevistas y conferencias. Por otro lado, estudios rigurosos sobre el Watergate han cuestionado la idea de que Woodward y Bernstein fueran factores determinantes en el desenlace del escándalo. Un ejemplo reciente es Watergate. A new history, de Garrett Graff. El libro se publicó en 2022 y fue finalista del premio Pulitzer. Graff también escribió un artículo para New York Magazine centrado en revisar la historia de Woodward y Bernstein. Allí decía que el impacto de la cobertura informativa de los dos reporteros del Post fue “sutil, menos revelador en el momento de lo que pareció en retrospectiva”. Por supuesto, los cuestionamientos a la narrativa dominante sobre Woodward, Bernstein y el Watergate se remontan a 1974 y al ensayo fundamental de Edward Jay Epstein titulado “¿Destapó la prensa el Watergate?" (Did the press uncover Watergate?). Epstein comenzaba el ensayo así: “Un mito persistente del periodismo sostiene que todo gran escándalo gubernamental sale a la luz gracias a la labor de reporteros emprendedores que, de una forma u otra, logran traspasar el velo oficial de secreto”. Un argumento acertado. -¿Cree que el afán del Post por alcanzar prestigio a nivel nacional luego de que el New York Times tuviera una gran primicia con los Papeles del Pentágono fue un factor decisivo en la investigación del Watergate? -No creo que haya sido un factor determinante para la cobertura del Watergate. Al fin y al cabo, fue una noticia local durante muchos meses, y en junio de 1972, cuando ocurrió el robo en el edificio, nadie imaginaba la magnitud que alcanzaría el escándalo. De hecho, es probable que Nixon hubiera cumplido su segundo mandato presidencial de no haber sido por la prueba irrefutable proporcionada por las grabaciones de audio que realizó en secreto de conversaciones en el Despacho Oval. Las grabaciones demostraron que aprobó los planes para encubrir los crímenes del Watergate, lo que, en última instancia, provocó su dimisión en agosto de 1974. Pero Nixon no fue destituido de su cargo a causa de los reportajes de Woodward y Bernstein. Ellos no revelaron la existencia de las grabaciones de Nixon. Tampoco fueron los primeros en informar sobre los intentos de la administración Nixon de encubrir los crímenes del Watergate. Ese reportaje fue realizado por The New York Times y publicado en enero de 1973. -Usted considera que el trabajo de Woodward y Bernstein se ha idealizado con el paso de los años. ¿Cuáles son las razones? -Lo que yo llamo la interpretación del “periodista heroico” del Watergate ha sido durante mucho tiempo la narrativa popular dominante. Es una explicación simplista para un escándalo complejo y confuso. Tres factores explican por qué el concepto del “periodista heroico” se volvió dominante. Primero, el libro que Woodward y Bernstein escribieron sobre su investigación del Watergate, Todos los hombres del presidente, se publicó en junio de 1974, justo cuando el escándalo alcanzaba su punto álgido. En otras palabras, el libro llegó en el momento justo. Su enfoque en Woodward y Bernstein sentó las bases para la interpretación del “periodista heroico”. Un segundo factor, más importante, fue la versión cinematográfica del libro, estrenada en abril de 1976, justo cuando las heridas del Watergate comenzaban a cicatrizar. Más que el libro, la película ensalzó el trabajo de Woodward y Bernstein, descuidando, e incluso denigrando, la labor de investigación, mucho más significativa, de los jueces federales, los fiscales especiales, los paneles de ambas cámaras del Congreso, el FBI y la Corte Suprema de los Estados Unidos. La película Todos los hombres del presidente contribuyó a consolidar la interpretación del “periodista heroico”. El tercer factor fue la especulación, que se prolongó durante años, sobre la identidad de la fuente secreta de alto nivel de Woodward en el caso, cuyo nombre en clave era “Garganta Profunda”. Comenzó poco después de la publicación del libro y continuó periódicamente hasta que Mark Felt, antiguo segundo funcionario de mayor rango del FBI, reconoció públicamente en 2005 haber sido la fuente “Garganta Profunda”. La especulación mantuvo a Woodward y Bernstein en el centro de la atención del caso Watergate durante años. Se convirtieron, y siguen siendo, los recordatorios vivientes más visibles del escándalo. Casi todas las demás figuras centrales del Watergate han fallecido. Resulta interesante que Woodward, en ocasiones, haya desestimado la idea de que la prensa fuera decisiva en el desenlace del Watergate. Una vez le dijo a un entrevistador: “Decir que la prensa derrocó a Nixon es una tontería”. Deberíamos creerle. Y tanto Bradlee, editor ejecutivo, y Katherine Graham, editora del Post, señalaron años más tarde algo parecido. -Según su investigación, ¿cuándo exactamente se origina ese concepto del “periodista heroico”? -Esto surge ya en 1973, con el artículo del Columbia Journalism Review titulado “The Washington Post and Watergate: how two Davids slew Goliath”, escrito por un periodista veterano, James H. McCartney, mucho antes de que estuviera claro que Nixon sería obligado a abandonar el cargo. La principal publicación profesional del periodismo estadounidense celebraba al Post y proclamaba el triunfo de sus dos reporteros de Watergate. El mismo título lo dice: dos Davides que abatieron a un Goliat. -El escándalo de Watergate ocurrió en plena Guerra Fría, ¿cree que la paranoia de Nixon lo llevó al extremo de querer grabar todo? -No coincido con la premisa de que en la Guerra Fría haya habido una obsesión por “grabar todo”. Ningún presidente llegó tan lejos como Nixon, que instaló un sistema activado por voz para grabar la mayoría de sus conversaciones en el Despacho Oval entre 1971 y 1973. Los sistemas de grabación de sus predecesores eran más rudimentarios. -Hay quienes consideran que el escándalo Watergate eclipsó el legado político de Nixon, que tuvo logros importantes, como el acercamiento con China o el fin de la guerra de Vietnam. ¿Qué opina al respecto? -Nixon sigue siendo conocido por ser el único presidente estadounidense que renunció al cargo. Así que, sí, Watergate ensombreció su presidencia, pero sus logros no fueron tan brillantes ni significativos. Su apertura a China fue importante, pero casi con toda seguridad inevitable: si no hubiera sido Nixon, alguno de sus sucesores habría dado ese paso. Vietnam fue un desastre. El afán de Nixon por alcanzar un acuerdo de paz que, en la práctica, sacrificó Vietnam del Sur a los comunistas fue deshonesto, quizás incluso inmoral. No fue un logro en política exterior. -¿Cree que es posible que hoy, con la fragmentación de la prensa y la explosión de las redes sociales, se repita un caso como el Watergate? -

Fuente: La Nación