Olivia Wald: se dedicó al modelaje y a las relaciones públicas, pero su pasión por la música pudo más

Con una frescura inigualable y una serenidad poco común para alguien inmersa en la vorágine de la industria musical, Olivia Wald se acomoda para empezar la charla. La cantante de 29 años atraviesa un presente prolífico: con el lanzamiento de su segundo disco, Otra que arde, nuevos proyectos en marcha y una gira internacional por delante, su agenda no da tregua. Sin embargo, en su mirada hay un eje claro que parece sostenerlo todo. Quizás esa tranquilidad sea el fruto de haber vivido varias vidas en una. A pesar de los desvíos del camino, la música siempre estuvo ahí, latente, esperando el momento ideal para hacerse real.El canto forma parte de su vida desde que tiene uso de razón. Cuando iba sentada en la sillita trasera del auto que conducía su padre, cantaba canciones inventadas sobre lo que veía a través de la ventana. “Tengo grabaciones de inventar, de toda la vida. Mi papá tenía una videograbadora y la primera vez que grabé una canción tenía 10 años. El tema es que no teníamos ningún tipo de contacto de nada, no existían las redes sociales y mis padres grabaron la canción y ahí quedó, para ver alguna vez”, recuerda en diálogo con LA NACION.Su padre se rehusó a que aquellos archivos quedaran guardados en un casete y la canción que grabó por primera vez sirvió como puntapié para el casting de Casi Ángeles, la ficción de Cris Morena que debutó en 2007 en la pantalla de Telefe. Aunque aquella oportunidad le hubiera asegurado un espacio temprano en el ambiente artístico, la responsabilidad que conllevaba el proyecto para una adolescente hizo que sus padres decidieran que se dedicara de lleno a su educación.Al terminar la secundaria, Wald probó con comedia musical, actuación y modelaje, pero en ese entonces nada de eso le quitaba el sueño. Se anotó en la universidad, se recibió de relacionista pública y cursó algunos años de periodismo, buscando una chispa que tardaba en aparecer. Fueron caminos necesarios para estar lista y reencontrarse con su pasión de siempre: una propuesta musical sincera donde aborda abiertamente la culpa, la ansiedad y su sexualidad —incluso protagonizando un videoclip junto a su novia, la ex Gran Hermano Lucía Maidana—. Para Olivia, la canción no es solo un medio de expresión, sino un cable a tierra que quiebra mandatos y cuenta su historia sin filtro.—Estás lanzando Otra que arde en medio de una gira internacional. ¿Cómo estás transitando en lo personal este momento de soltar las canciones al mundo?—Me encuentro muy contenta y tranquila. Todo el trabajo previo es lo que más estresa, pero una vez que el disco sale, queda a la buena de la audiencia y uno se relaja un poco más. Es hermoso poder estar del otro lado, hablando de las letras y del concepto detrás de cada canción.—Este es tu segundo álbum. ¿En qué momento de tu vida te agarra este lanzamiento y qué gran diferencia sentís que hay entre la Olivia de tu primer disco (Cuerpo) y la de hoy?—Me encuentro mucho más estable en lo personal y en lo artístico. Cuando salió Cuerpo todavía estaba tratando de entender para dónde iba. Hoy me reencuentro con los medios, con las situaciones y con el equipo desde un lugar de mucha más relajación. Obviamente, una nunca pierde los nervios y la expectativa es la misma, pero mi eje personal cambió para bien. —Aparecen colaboraciones muy potentes, como con Coti o Rusherking. ¿Qué le aportan estos cruces a tu proyecto?—Cada colaboración tiene su momento y su calidad humana. Siento que la música encontró un compañerismo entre solistas que antes no existía tanto. A mí me encanta meterme en el proyecto del otro y que exploren el mío. Además, exceden a la canción: hay artistas con los que después terminás compartiendo escenario o entablando un vínculo cotidiano.—¿Cuál fue tu primer acercamiento real a la música y cómo te diste cuenta de que te querías dedicar a esto?—De chica fue algo muy natural. A todos los niños les gusta cantar o actuar, pero lo mío era puntual y viraba siempre para el mismo lado. En mi familia nadie se dedica a esto, así que fue un llamado muy interno. Recuerdo mis primeras clases de canto, la primera vez que subí a un escenario o cuando escribí mi primera canción a los 10 años. Las ganas de dedicarme a algo tan complejo estuvieron siempre, pero a veces faltaba la motivación o las posibilidades. La constancia fue lo que me trajo hasta acá. —Antes de apostar de lleno a la música, pasaste por el periodismo, el modelaje, las relaciones públicas, e incluso a los 12 años estuviste a punto de entrar a Casi Ángeles. Viendo todo eso hoy, ¿sentís que haber probado otros mundos te ayudó a llegar más armada?—Totalmente. A los 12 años quedé en el casting de Casi Ángeles justamente por esa canción que había grabado a los 10, pero mis padres prefirieron que siguiera en el colegio. Después estudié actuación, modelaje, me recibí de relacionista pública y cursé periodismo. Siempre intenté buscar lo que me gustaba de verdad, escuchando mi instinto. Cuando me recibí en la facultad, arrancó la pandemia y, como no me alcanzaba para vivir solo de la música, abrí una academia. La tuve durante tres años y hacíamos shows enormes. Todo ese camino solitario y de mucho esfuerzo me sirvió para valorar el equipo tan grande que me acompaña hoy y tener confianza en las decisiones que tomo.—En la presentación del disco contás que aparecen emociones como la culpa o la ansiedad. ¿De dónde nacen hoy en tu vida?—Vivimos en una sociedad muy ansiosa y ese es un sentimiento que va y viene. A la culpa la siento un poco más del pasado, de momentos en los que me culpaba por dejar de sentir algo o por cambiar de rumbo. Me pasaba al terminar una relación o al cambiar de carrera: me preguntaba por qué algo no me llamaba si ya me resultaba fácil o cómodo estar ahí. Con el tiempo entendí que esa culpa nacía simplemente de ser fiel a lo que sentía. De esos momentos de quiebre salieron muchas de mis canciones.—En “Tus errores”, tu tema con Coti, hay una frase muy potente: “No le pondré agua a tus flores, qué más da si eran de plástico”. ¿Cómo fue plasmar esa idea de dejar de arreglar lo que ya está roto?—Referirse a las flores es una manera tierna de decir que el otro no hizo nada para que una tenga que estar arreglando la relación. Y que sean de plástico significa que nunca hubo un intento real, que nunca pudieron marchitarse porque eran de mentira. Nos gustó volcar esa idea en una canción de desamor que, a pesar de la denuncia, no va desde el enojo, sino desde un lugar de ternura y nostalgia.—En tus canciones y en tu vida hablás de tu sexualidad y tus relaciones con mucha naturalidad. Dijiste una vez que entender que “no tenías por qué ocultar quién sos” te liberó. ¿Sentís que esa libertad también cambió la forma en que escribís?—Siempre tuve libertad para escribir, tal vez no para sacar el material, pero sí para componer. Nunca me importó mucho que me juzguen. Me encanta escribir sobre mis sentimientos, más aún si le sirven al otro. La respuesta que recibo del público es esperanzadora, se siente como un abrazo y me impulsa a seguir mostrando quién soy sin filtros.—Con el video de “Pecadora” contaste que dudaron sobre mostrarse juntas con Luchi [Maidana] para no sobreexponer la relación. ¿Cómo manejás la frontera entre ser honesta en tus canciones y cuidar tu intimidad?—Nos hemos vuelto bastante ágiles en guardar lo que queremos y mostrar lo que elegimos. Son decisiones que no se toman a la ligera. Sabíamos que hacer un videoclip juntas iba a generar repercusión, pero la letra era tan explícita sobre lo que sentía por ella que nos preguntamos por qué íbamos a dejar de hacer algo tan lindo por miedo. Convivimos, compartimos una rutina muy propia fuera de lo común y ella me va a acompañar a varios destinos de la gira. Cuando las dos tenemos ganas y nos sentimos cómodas, los resultados son hermosos.—Tenés una mirada bastante terrenal sobre la música, sabiendo que el éxito va y viene. ¿Cómo hacés para no engancharte con la locura o la exigencia de la industria?—No siento presión, sino un acompañamiento increíble. Invertir en una artista emergente en la Argentina no es una mina de oro, por eso valoro muchísimo a la gente que confía y apuesta por mi proyecto. Las únicas presiones me las pongo yo misma cuando me gana el pesimismo, pero trabajo para disfrutar el presente y entender que esto es un esfuerzo en equipo.—¿Qué le diría la Olivia de hoy, con su segundo disco y esta gira encima, a esa nena que soñaba con ser cantante?—Siento que no tengo nada para decirle porque ella sabía más que yo: tenía mucha más inocencia y una fe ciega. Me pasa al revés: me dan ganas de escuchar a esa Olivia chiquita para contagiarme de su confianza y motivación. Ella tenía menos dudas y muchas más ganas. Volver a esa pasión pura es lo que la Olivia de hoy necesita siempre.—¿Y qué es lo que viene ahora?—Sigo creando todo el tiempo. De hecho, ayer escribí una canción nueva y estamos armando el remix de otra. No me sale ponerme a pensar únicamente en la gira. Me gusta mantener la cabeza inquieta, seguir yendo al estudio y proponer cosas nuevas constantemente. Así que seguro saldrán muchas cosas más pronto.

Fuente: La Nación