En 2002, luego del colapso de la convertibilidad, muchas empresas que habían tomado deuda dolarizada en la década del ‘90 ingresaron en una situación crítica al descubrir que sus pasivos se habían incrementado de manera gigantesca luego de la devaluación del peso.
Por ese motivo, ese mismo año se instrumentó una norma que estableció que los créditos en dólares sólo podían ser concedidos a compañías exportadoras o bien a las que producen bienes dolarizados, como es el caso de las empresas agrícolas.
En febrero del año pasado, por medio de la comunicación “A” 8202, el Banco Central (BCRA) había dispuesto que las entidades bancarias podían comenzar a ofrecer créditos en dólares a empresas que no tuvieran ingresos dolarizados.
Esa norma contenía una restricción clave, porque especificaba que los créditos en moneda extranjera ofrecidos a empresas sin ingresos dolarizados sólo podían instrumentarse con fondos propios de los bancos. Si las entidades querían jugar a la “ruleta rusa” cambiaria con su capital, ya nada los detenía. Pero la medida no tuvo mayor impacto en la economía.
Oxígeno financiero: MSU consiguió un préstamo sindicado por 60 millones de dólares a una tasa del 8,25% anual
Este jueves el ministro “Toto” Caputo anunció una nueva flexibilización de los créditos en dólares para el sector privado “pesificado” con el propósito de que una porción de los depósitos en dólares pase a financiar a empresas sin cobertura cambiaria. Es decir: volvimos a los ’90.
El nuevo esquema –según anunció el funcionario, porque la resolución no fue publicada aún– establece que los préstamos otorgados a compañías que no generan divisas no podrán superar, en conjunto, el 15% de los depósitos en dólares de cada banco. Recursos, vale insistir, que corresponden a depósitos realizados por particulares y empresas.
“Fue un pedido de las industrias. Nos venían pidiendo una mayor flexibilidad en esto”, aseguró Caputo. Pero lo cierto es que la medida está diseñada en función de los intereses del BCRA, porque las empresas que reciban esos créditos estarán obligadas a liquidar los dólares y convertirlos a pesos en el mercado cambiario, algo que (¡sorpresa!) incrementará las reservas internacionales del BCRA.
Eso sí, cuando llegue el momento de repagar el préstamo, los deudores tendrán que recurrir al mercado cambiario para comprar dólares con pesos, lo que dependerá de la evolución de la coyuntura argentina.
Es bueno recordar que el año pasado, previo a las elecciones legislativas nacionales, el tipo de cambio se disparó con fuerza y “Toto” debió recurrir a medidas desesperadas para poder “plancharlo”, una de las cuales fue la introducción de un régimen de suspensión temporaria de retenciones con fecha de vencimiento asociada a la acumulación de divisas (más precisamente unos 7000 millones de dólares adelantados por las compañías agroexportadoras). El año que viene habrá elecciones presidenciales y no puede descartarse un nuevo “sacudón” cambiario.
Para las empresas agrícolas se trata de una mala noticia porque, en una campaña con márgenes proyectados nulos o ajustados –dependiendo de la región productiva–, una mayor demanda activa de créditos dolarizados tenderá a encarecerlos. Resulta interesante recordar que las elevadas tasas de interés de los créditos en pesos se explican en parte por la necesidad de financiar los altos niveles de morosidad de las familias y pymes argentinas. Nada es gratis.
Según Caputo, los depósitos bancarios en dólares superan los 40.000 millones de dólares, mientras los préstamos rondan los 24.700 millones, lo que dejaría, con la nueva habilitación regulatoria que implementará el BCRA, una capacidad crediticia adicional estimada en torno a 5800 millones de dólares.
Gestión financiera: Los empresarios agrícolas argentinos pueden votar por adelantado en las presidenciales de 2027
La pregunta que es necesario hacerse es por qué la masa dolarizada de depósitos tiene una captación tan baja entre la demanda genuina. Quizás la respuesta haya que buscarla en la expropiación tributaria que sufren las empresas agrícolas a causa de los derechos de exportación, lo que impide que alcancen su rentabilidad potencial y, por ende, licúa su posibilidad de acceder al financiamiento.
La respuesta a ese problema, según el gobierno nacional, consiste en conceder préstamos dolarizados a empresas que viven de vender bienes y servicios a pauperizados consumidores argentinos. Buena suerte.
Agro & Campo
Volvimos a los ’90: Los bancos podrán ofrecer (con dinero de los depositantes) créditos en dólares a empresas con ingresos pesificados
Fuente: Bichos de Campo