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San Martín y la música en el campo de batalla: los sonidos que acompañaron al Ejército de los Andes
El Ejército de los Andes no solo avanzó con armas en el campo de batalla; también con música. Durante la Guerra de la Independencia, las unidades de línea “marchaban acompasadas para ganar velocidad y darle otra dimensión a su empuje, choque, fuego y maniobras”. Así lo detalla el doctor en Historia Diego Gonzalo Cejas, orador en el marco de un ciclo de conferencias organizado por el Museo Mitre en la víspera del 17 de agosto, fecha que conmemora el paso a la inmortalidad del general José de San Martín.Ver para no creer: cuando la fotografía deja de ser una prueba y se convierte en ficciónEl investigador explica que el Libertador otorgó a la música militar un papel central en la concepción de la guerra y el avance de sus tropas. Los batallones respondían a diferentes toques que permitían ordenar movimientos, modificar formaciones, coordinar ataques y construir el espíritu del cuerpo, y las bandas estuvieron presentes en ejercicios, combates y festejos.El general estaba influenciado por las novedades tácticas y simbólicas provenientes de Francia (por sus cancioneros patrióticos, en particular de La Marsellesa), por su propia educación musical y también por la herencia recibida de los guaraníes en las reducciones jesuíticas. Cejas, quien es miembro de la Academia Nacional Sanmartiniana y del Instituto Nacional Belgraniano, señala a San Martín como un pionero de la música militar local. “Empleó toques y paso acompasado para dar precisión y disciplina a los movimientos centralizados, pero también para animarlos y contribuir al espíritu de cuerpo. La música se identificó de tal manera con los granaderos a caballo y el Ejército de los Andes que pareciera que éstos no pudiesen realizar sus hazañas sin el oportuno auxilio de la música”, recalca. En la caballería, los granaderos necesitaban un sistema que permitiera transmitir órdenes rápidamente mientras los jinetes se desplazaban por el terreno. “Para la creación del Regimiento necesitaba tener trompetas montados que eran como una suerte de actuales radios en los tanques”, explica Cejas. Esos jinetes podían desplazarse a unos 300 metros por minuto y el sonido era el medio que permitía que las órdenes e instrucciones del jefe llegaran a los soldados. Por eso San Martín se preocupó especialmente por conseguir clarines y por formar a los músicos capaces de ejecutarlos, apunta el historiador.En el cuartel del Retiro, los Granaderos aprendieron a combinar las señales de sable con los diferentes toques para modificar el ritmo de marcha, pasar al trote, al galope y a la carga. A unos 60 metros del enemigo, un molinete del sable indicaba el ataque y la trompeta repetía la señal musical militar de origen español “¡A degüello!”.La música también ocupó un lugar central en la infantería. San Martín dotó al Ejército de los Andes con cuatro bandas y una banda de clarines, correspondientes a los batallones 7 y 8 de Libertos, Cazadores de los Andes y 11 de Línea. La formación de esas bandas estuvo vinculada con la presencia de músicos extranjeros y con la militarización urbana iniciada durante las Invasiones Inglesas. En Buenos Aires se destacó la banda de los Vizcaínos, dirigida por Víctor de la Prada, formado musicalmente en Francia. La instrucción musical formaba parte del entrenamiento militar. En El Plumerillo, los Batallones 7, 8, 11 y 1 de Cazadores de los Andes aprendieron a maniobrar a paso acompasado y a responder a los distintos toques de guerra. La banda del Batallón 8, integrada por músicos de origen africano que tocaban flautín, flauta, requinto, clarinetes, trombones, tambores y bombo, ejecutaba las piezas “de oído”, y su repertorio incluía marchas, pasodobles y valses.La búsqueda de músicos llevó también a San Martín hacia una tradición musical anterior a la formación de los ejércitos libertadores. “Por ello recurrió a la vieja educación musical que habían tenido los guaraníes en las reducciones jesuíticas, y fue a buscar a los pueblos originarios sus primeros músicos”, entre ellos a nombres como el de Miguel Chepoyá, agrega Cejas.San Martín había recibido educación musical de Fernando Sor, capitán español compositor de canciones patrióticas y piezas para guitarra. Su preocupación por contar con instrumentos adecuados fue una preocupación permanente y quedó registrada en su correspondencia, repasa el investigador. “Es indispensable que se tengan los clarines precisos. Sin éstos no se uniforman los movimientos ni se puede obrar mancomunadamente sin mucho trabajo”, escribió el prócer. La música también acompañaba la vida social de las tropas, menciona el historiador. La banda del Batallón 11 tocaba en Mendoza durante las misas y los bailes. Por otro lado, en la campaña libertadora en Chacabuco, “la cumbre fue coronada por los atacantes con las primeras luces del alba al son de músicas militares”, y durante el combate O’Higgins ordenó una carga a la bayoneta “con el toque estremecedor de Calacuerda”, mientras Soler hizo tocar “¡A degüello!” cuando los Granaderos se lanzaron al ataque de flanco. Hacia 1817, San Martín y O’Higgins crearon en Santiago de Chile una Academia de Música con 50 ejecutantes, y al año siguiente llegaron instrumentos desde Boston y Londres, y el Ejército Unido llegó a contar con 286 plazas de músicos.La música también tuvo una dimensión simbólica en los territorios liberados. Los cancioneros patrióticos nacionales fueron interpretados en Chile y Perú hasta que esos territorios adoptaron sus propios símbolos musicales. “Donde hubo soldados de San Martín, hubo música, y, entre todos ellos, abundó la gloria acumulada de los años de campaña”, resume el historiador.Para agendar19 de agosto, a las 18: San Martín y el honor militar. Antecedentes, implementación y proyecciones, disertación a cargo del Hernán Cornut, presidente del Instituto Nacional Sanmartiniano27 de agosto, a las 18: Archivos, circulación de saberes y lecturas de Mitre. Una historia instrumental de los documentos de San Martín
Fuente: La Nación