El sueño de la piba: A los 54 años, Anita dejó su trabajo para vivir de hacer asados y hoy es más conocida como “costillares” que por su propio apellido

Durante 28 años Anita Sánchez tuvo un trabajo estable. Nacida en El Triunfo, un pequeño pueblo del partido bonaerense de Lincoln, se recibió de maestra y a los 20 años marchó a la gran ciudad en busca de trabajo. Terminó construyendo una larga carrera en ARBA, primero en tareas administrativas y después como chofer de funcionarios.
Pero había otra cosa que venía acompañándola desde mucho antes. Desde que era una nena, en realidad. El fuego.
A los 54 años decidió que había llegado el momento de apostar definitivamente por eso. El 20 de febrero dejó aquel empleo de casi tres décadas y se dedicó de lleno a una actividad que ya llevaba algunos años construyendo: cocinar costillares para eventos.
“Pateé el tablero y dije: bueno, a ver qué pasa”, resumió Anita en diálogo con Bichos de Campo.
La decisión puede parecer abrupta vista desde afuera, pero tenía bastante historia detrás. Anita contó que desde hacía cinco años venía desarrollando su proyecto vinculado a la parrilla y que, con el tiempo, comenzaron a multiplicarse los eventos y también su llegada a través de las redes sociales.


 










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El empujón definitivo llegó durante el último verano.
“Estuve todo el mes en Punta del Este y de ahí empezaron a contratarme de Pinamar. Bajaba del Buquebus, me iba a Pinamar, volvía a ver el Buquebus y ahí dije: ‘Che, pará, quizás sea el momento’”, recordó.
La decisión también implicó aceptar que estaba en una etapa distinta de su vida.
“Sé la edad que tengo. Tengo 54 años, tengo una mente de 17, que quiero laburar y laburar, pero mi cuerpo me dice: ‘Che, Anita, bajá’”, contó entre risas.
Mirá la entrevista completa:

Su especialidad no necesita demasiadas explicaciones: Anita hace costillares. Grandes, enteros y a la parrilla. No al asador.
“Amo hacer costillares”, afirmó.
Cuando la contratan para un evento, ella misma se ocupa de buena parte de la comida. “Vos me decís: ‘Anita, mañana hay 20 personas en casa’. Yo caigo con los chorizos, los matambres, todas las mollejas, siempre de corazón, y los costillares. Ensaladas, pan y todo empieza a marchar”, explicó.
La cantidad de invitados puede cambiar mucho de un evento a otro. Un costillar, calculó, alcanza normalmente para ocho o diez personas. Pero también le ha tocado cocinar para reuniones mucho más grandes.
Uno de sus trabajos más difundidos fue para 120 personas y el video, aseguró, llegó a rondar las 42 millones de reproducciones. En otra oportunidad, para un casamiento, debió preparar 12 costillares, 36 matambres, 80 mollejas y 150 chorizos.
Y estaba sola frente a la parrilla.
“Fascinada. Te juro por Dios, amo, pero lo amo de verdad”, dijo.


 










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Lo curioso es que ese oficio que ahora le permite viajar, trabajar en eventos y ser reconocida en las redes nació mucho antes de que existiera cualquier intención de convertirlo en un negocio. Hoy, Anita es una influencer de la cocina, con cientos de miles de seguidores en las redes sociales.
Anita creció en El Triunfo, una localidad que según contó tiene unos 1.500 habitantes. Allí aprendió a asociar el fuego con algo más que cocinar: “Yo veía a mamá cuando tenía siete u ocho años y veía que cuando mamá prendía el fuego algo distinto había en casa. Y a mí eso me quedó”, relató.
De allí surgió también el concepto de “sumando momentos” con el que identifica lo que hace: “Cada vez que yo prendo un fuego, literalmente es un homenaje a mamá, porque me lleva directamente a su alegría, su pasión por lo que hacía, hacernos de comer a todos sin importar la cantidad que éramos”, explicó.
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Ese aprendizaje familiar también aparece en pequeños detalles de su forma de trabajar. Por ejemplo, Anita sigue pinchando el costillar durante la cocción, aunque sabe que muchos parrilleros cuestionan esa práctica y prefieren utilizar pinzas.
“A mí me critican mucho por esto de pinchar los costillares porque ahora se usan pinzas. Pero yo aprendí de mamá hace exactamente 45 años. ¿Por qué no seguir haciéndolo así?”, planteó.
Tampoco parece demasiado interesada en formular una receta infalible para conseguir un buen costillar. Cuando le preguntaron cuál era el secreto para lograr una carne tierna, su respuesta fue bastante menos técnica de lo esperable.
“No tengo una explicación. No es de soberbia. Simplemente prendo el fuego, empiezo, limpio la parrilla, los pongo y la cosa marcha. No tengo un tip”, aseguró.

Eso sí: trabaja rápido. Durante la entrevista mostró un costillar de unos siete u ocho kilos que, según contó, había cocinado en aproximadamente una hora y veinte minutos. Claro, los Bichos de Campo lo probamos y no estaba ni duro ni arrebatado, estaba delicioso.
Otro rasgo que convirtió en parte de su identidad es el orden. Anita cocina vestida de blanco y sostiene que no puede avanzar en el trabajo si antes no mantiene limpia la superficie sobre la que está cocinando: “Creo que el orden es la base de la fortuna. Yo no puedo seguir cortando si no puedo limpiar antes, no importa lo que corté”, explicó.
Su aparición en un ambiente tradicionalmente asociado a los hombres también genera todavía algunas situaciones particulares.
“Sobre todo en este mundo machirulo, cuando van a un evento me dicen: ‘Pará, pará, ¿sos vos? ¿En serio?’”, relató.
Incluso bromeó con los comentarios de quienes sospechan que detrás de escena debe existir algún cocinero que realmente se ocupa del trabajo mientras ella solamente aparece para las fotos: “Hago algo más que sostener el costillar”, respondió.
Pero cuando Anita comenzó con todo esto, dijo, no estaba buscando convertirse en influencer ni construir una gran audiencia. “Mi idea no era ser influencer. Era simplemente prender un fuego y poder compartir un costillar”, explicó.


 










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El recorrido terminó siendo bastante más amplio. Gracias a la cocina, contó, pudo viajar a España, Italia, Colombia y Estados Unidos, además de trabajar en distintos lugares de Argentina y Uruguay.
Para ella, ese resultado también le dio otro sentido a la decisión de cambiar de vida después de los 50. “He logrado a mis 54 años poder viajar, todo cocinando, conocer gente nueva, unir almas y hacerles entender a las mujeres de 50 años que no importa la edad. Lo que importa es que, si te gusta algo, sigas con tu proyecto y nunca dejes de soñar”, afirmó.
No reniega de aquellos 28 años de trabajo ni presenta la parrilla como una vocación descubierta de repente. Más bien sucedió lo contrario, algo que la acompañaba desde la infancia fue ocupando cada vez más lugar, hasta que terminó desplazando a aquella vida laboral que parecía definitiva.
El fuego que de chica veía prender a su madre en El Triunfo terminó convirtiéndose, varias décadas después, en su nuevo oficio.
“Soy una apasionada de la vida. Soy una copada que amo esto”, dijo Anita.
Y antes de despedirse dejó una recomendación que, después de haber dejado a los 54 años un empleo de 28 años para probar suerte detrás de una parrilla, al menos tiene el respaldo de su propia experiencia: “Siempre se puede. Vayan por lo que ustedes quieren. Jamás se rindan”.

Fuente: Bichos de Campo