Nicolás Freibrun: “Borges pagó cierto precio por sus posiciones acerca del peronismo”

Para el politólogo y doctor en Ciencias Sociales Nicolás Freibrun (Buenos Aires, 1977), en la obra de Jorge Luis Borges la política constituye una dimensión de su universo intelectual. Más allá de sus intervenciones públicas y críticas al peronismo (por lo que fue etiquetado como “gorila”), la literatura borgeana profundiza en la relación entre el individuo y el Estado; el conservadurismo, la democracia y el liberalismo; la nación y el orden. En Borges y la política. Un desafío para el peronismo, la izquierda y la derecha (Siglo XXI, $ 21.900), Freibrun lee desde una perspectiva original cuentos y ensayos escritos por el autor de Otras inquisiciones entre 1930 y 1970. Ver para no creer: cuando la fotografía deja de ser una prueba y se convierte en ficción“No diría que Borges hace un aporte a la ciencia política o a la teoría política en sentido estricto -dice a LA NACION-. Pero sí que hay elementos, laterales y menos directos, acaso desplazados, que son materia de politización y que tienen que ver con cuestiones que hacen a ‘lo político’ tales como la verdad, la historia, el totalitarismo, el orden de Occidente, y la civilización y la barbarie que para Borges operan como formas en tensión que recorren la política del siglo XX y de la Argentina”. En su opinión, Borges puede aparecer junto a pensadores como Walter Benjamin o Theodor Adorno, “que no dejan de pensar la civilización y la barbarie como dos elementos que no necesariamente tienen una resolución”. “Cuando Borges piensa la relación entre el individuo y el Estado, muy intuitivamente está diciendo cosas interesantes de esa relación moderna y siempre conflictiva, que tendemos a ver como irreconciliable -observa-. A través de esa relación, hecha más de pliegues y de negociaciones que de certezas, Borges capta algo de lo que a grandes rasgos podemos llamar la ‘cultura argentina’ y sus formas de socialización”.-¿Las ideas políticas que aparecen en las ficciones y los ensayos de Borges tienen valor en el presente? -La ficción es un modo de elaborar y problematizar, en otro registro, cuestiones que en la realidad no siempre se nos presentan tan claramente. En ese sentido, la ficción es muy productiva para pensar problemas, imaginarios, escenas de la vida social que desde la realidad muchas veces se hacen imposibles de abordar. En la ficción de Borges hay elementos subversivos, en el sentido de que la ficción permite desplazar los límites de la realidad y, así, cuestionar el orden político. El Borges “gorila” de las conocidas opiniones políticas es en verdad alguien mucho más interesante y disruptivo cuando aborda el peronismo en textos como “El simulacro” o “L’illusion comique”, donde apela a la ficción o a la elipsis para describir un fenómeno que se le aparece como ominoso y complejo. Al no tener que representar ni la verdad ni la mentira, la ficción trabaja con una zona de la realidad que le permite mayor amplitud para narrar los hechos políticos y sociales.-¿Cómo se interpretan sus críticas al nacionalismo, el liberalismo y la democracia? -Borges es un escritor polémico. El nacionalismo reaccionario que emerge alrededor de los años 30 fue su gran enemigo; diría que allí se establece un corte en su recorrido, que no casualmente coincide con un cambio en su estilo y escritura. Por esos años, Borges deja de lado la cuestión del criollismo y comienza a imaginar sus ficciones. La crítica al nacionalismo queda mejor expresada con la idea de “color local”, referida a la creación literaria y a lo que debían ceñirse los escritores argentinos, y que en Borges es una apuesta por lo universal. Es una crítica al nacionalismo cultural, que luego se extiende al nacionalismo político. La mejor expresión de esa crítica está plasmada en su ensayo de 1951 “El escritor argentino y la tradición”. Si bien nunca se autodefinió como liberal, aunque sí como conservador, esa crítica al nacionalismo se realiza desde lo que podríamos llamar un espacio cultural liberal, coincidente con la socialización intelectual de la revista Sur. En cuanto a la cuestión democrática, las intervenciones de Borges no han sido muy afortunadas. Esas posiciones tuvieron efectos, porque su literatura fue juzgada por sus posiciones políticas, atentando contra la posibilidad de leerlo, aunque con la vuelta a la democracia en 1983 cambia de posición. Por suerte, esa idea hoy se ha debilitado. Pero cuando critica tempranamente el nazismo o denuncia el antisemitismo en los años 30, está tomando posiciones muy fuertes en el contexto del campo político argentino, que no todos tomaban. La cuestión del antisemitismo es un aspecto clave, trabajado en textos como “Yo, judío” y en relatos como “El milagro secreto”, “La muerte y la brújula” e incluso en “Pierre Menard, autor del Quijote”.-¿En qué medida sus posturas sobre el Estado encajan con el discurso libertario, como postularon algunos intelectuales oficialistas? -Hay toda una disputa borgeana en torno al Estado y en favor del individuo. Borges valoró la figura del individuo, aunque no entendido como un átomo apartado de la lógica social, como si “la sociedad no existiese”, según la famosa frase de Margaret Thatcher, sino como un espacio diferente al del Estado, y que entronca con discursos de autores como Elías Canetti o el propio Freud sobre la relación masa-individuo, tópico clave del siglo XX. En cambio, el discurso libertario contemporáneo, muy articulado por una visión reduccionista y simple de las relaciones económicas, y por lo tanto de la lógica social y del Estado, postula un individuo atomizado, donde el otro aparece como un enemigo en competencia, como en esa imagen del filósofo Thomas Hobbes, “el hombre es el lobo del hombre”. El libertarianismo opera con un imaginario que fantasea con la desaparición del Estado en las democracias contemporáneas. En Borges, el ciudadano y el individuo están en tensión, y el Estado, pensado en el contexto del fascismo, el comunismo y luego el peronismo, que por cierto Borges mete en la misma bolsa, atenta contra cierta autonomía del individuo.-¿El simulacro que le atribuye al peronismo no se convirtió en una norma de los gobiernos? ¿La política se volvió más ficcional? -La política siempre tiene algo de ficcional y eso es algo que Borges parece rechazar. Sin embargo, en sus ficciones encontramos elementos de lo político que le interesan. Las figuras del traidor, la conspiración, el doble, las revoluciones o la verdad de la historia son aspectos de los que la política también está hecha, pero que los discursos de la Ciencia Política generalmente ignoran, tornando la misma política en sentido común, lucha de intereses, mero cálculo o procedimiento institucional. La política es mucho más que eso y, a pesar de que hoy nos cuesta verla así, puede ser un tipo de arte. Desde la ficción, Borges aporta elementos que hacen al discurso de lo político y que es imposible reducir al juego institucional o a las superestructuras políticas estatales. La ficción trabaja con una materia más voluble y no “tan real”, que permite imaginar otras formas de lo político. Y la política misma está hecha de ficciones, de palabras y de discursos. Pensar que por un lado hay “hechos” y por otro lado “palabras” es una ilusión positivista.-¿Pagó un precio por sus posiciones públicas, como su rechazo al nazismo, el antisemitismo y el autoritarismo peronista? -Pagó cierto precio por sus posiciones acerca del peronismo, y nunca negoció esas mismas posiciones, a diferencia de tantos otros intelectuales y políticos profesionales, que agotaron todas las identidades políticas argentinas posibles. En relación con el campo político, nunca hay que entender a Borges como un intelectual, sino como un escritor que usa la escritura para decir “su” verdad. Borges detecta que el antisemitismo y el nazismo son los problemas insoslayables de su época. En diferentes ocasiones, habla sobre Hitler y las fantasías ideológicas del totalitarismo y el racismo. Me parece un Borges muy interesante y menos explorado, aunque en un cuento como “Deutsches Requiem”, de El Aleph, encontramos algunas pistas para comprender como Borges piensa la cuestión. En cuanto al peronismo, que por supuesto hay que diferenciar del nazismo, Borges ve una forma de autoritarismo local, un modo desmesurado de la política, hecha de imágenes, símbolos y discursos que Borges rechaza. -¿De qué modo pagó el precio?-Diría que pagó el precio de no ser leído, tanto por algunas izquierdas, por ciertos sectores del progresismo así como por supuesto por otros tantos del peronismo, cosa que, sin embargo, luego se fue revirtiendo. Esto que digo lo pienso a nivel local, porque si lo pensamos en sus efectos internacionales, sus posiciones antiperonistas no fueron un obstáculo para un Jacques Derrida o un Michel Foucault.-¿Cuál fue el ideal político de Borges?-El de un anarquismo individualista y un poco conservador, aunque al mismo tiempo creo que es difícil decir que Borges participaba de un “ideal político”. Algunas ideas le venían de su padre y de Macedonio Fernández, un personaje muy importante en su vida. Durante los años 20, Borges se siente atraído por la figura de Hipólito Yrigoyen, aunque a partir de la “Década Infame” se irá apartando de esos “compromisos políticos”. Borges intervenía en contextos específicos, allí donde sus opiniones aparecían como posiciones personales, no orgánicas o partidarias. En algún pasaje dice que lo mejor sería tener un Estado que intervenga lo menos posible en la vida de las personas, acercándolo a la idea de autonomía moral, muy propia de la tradición liberal. No habla ni del mercado ni de la economía. -¿La política partidaria y los intelectuales de derecha e izquierda “usan” a Borges para hacerle decir cosas? -Tal vez hay un “efecto Borges” que lo ha colocado más allá de la derecha y de la izquierda, lo cual paradójicamente permite que se lo apropien unos y otros. Borges era muy astuto y tenía una respuesta para cada bando, siempre en clave irónica, que por supuesto hay que t

Fuente: La Nación